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PERSONAJES HISTÓRICOS (25)

Cultura,  Destacados

Relación de personajes que han tenido que ver con nuestra historia CANO Y MUCIENTES RODRÍGUEZ DEL POZO, Pedro (siglo XVIII) Político  nacido en Salamanca. Hijo de Pedro Cano Mucien­tes, fiscal del Consejo de Órdenes y caballero del hábito de Santiago. Su abuelo, Luis Cano de Santayana, había sido teniente coronel del Regimiento de Vitoria. Se casó con Isabel Enríquez, también natural de Sa­lamanca, ciudad en la que nacerá su hijo primogé­nito, José María Cano Enríquez, que será caballero de la Orden de Carlos III el 1 de enero de 1796. El 22 de diciembre de 1741 fue promovido a fiscal de los Tribunales Reales de Navarra en lugar de Mi­guel María Navar y Carreño. Ya el 25 de septiembre había comunicado desde Madrid su elección para este cargo a la Diputación del reino. En 1744 formó parte, en su calidad de fiscal, de la Junta de Pamplona, compuesta por siete miembros, creada para conocer en las apelaciones que estaba realizando el juez conservador de la renta del tabaco en los casos de fraude. Permaneció poco en ese puesto, ya que el 30 de abril de 1748 era ascendido a una plaza de oidor del Con­sejo de Navarra, en lugar de Tiburcio Felipe Agui­rre, promovido al Consejo de Órdenes. Juró su nuevo cargo ante todo el Consejo navarro el 27 de junio. En 1754 fue nombrado corregidor de Guipúzcoa, conservando su plaza de oidor del Consejo de Nava­rra. Cuatro años más tarde, en 1758, fue promovido a una plaza de alcalde de Casa y Corte. Fue sustituido en el Consejo por Manuel Domingo Sánchez Salva­dor el 6 de julio de ese año. CANÓNIGOS REGULARES AGUSTINIANOS Una orden de canónigoses una orden religiosa católica formada por canónigos de una comunidad (catedral) que observan la vida en común, según una regla, y la combinan con el oficio clerical y la vida apostólica. Las ramas femeninas son las llamadas canónigas. Su origen está en los capítulos catedralicios, donde los canónigos formaron comunidades viviendo juntos. Mayoritariamente, siguieron la Regla de San Agustín y fueron el origen de algunas órdenes monásticas. Pero no son comunidades monásticas, ya que el objetivo no es la vida contemplativa ni el alejamiento del mundo, sino el ministerio público de administrar los sacramentos y ejercer el apostolado.  Las comunidades de canónigos regulares estaban compuestas por canónigos que seguían una regla de vida en común. Vivían juntos en una domus canonica o residencia y estaban inscritos en la lista (canon) de una iglesia local, donde hacían su servicio. Los siglos XI y XII son el periodo de mayor florecimiento de las comunidades canónicas, que disfrutaban de un grado de autonomía considerable. En Salamanca ya aparecen desde la formación del Cabildo de la Catedral (siglo XI) con la llegada del obispo Jerónimo de Perigoud, de la mano  del conde Don Raimundo de Borgoña y de Doña Urraca, hija del monarca Alfonso VI. El Cabildo se constituye como cuerpo de eclesiásticos que forman el gobierno de la iglesia catedral. En un primer momento era común que el obispo viviera en comunidad junto con los canónigos, al estilo de los monasterios masculinos, bajo las directrices de la regla de San Agustín. Este modo de vivir duró poco y el obispo se trasladó a residencias propias o propiedad de la Catedral que oportunamente alquilaban. Los canónigos por su parte se juntaban para el rezo de las horas y el cumplimiento del culto, manteniendo estructuras de uso común en el claustro de la catedral. CAÑIZARES Y FONSECA, Juan de (siglo XVI) Eclesiástico. Nace en Almagro. Se doctoró en Derecho Canónico por la Universidad de Salamanca, fue canónigo de la Catedral de Salamanca y se incorporó al claustro de la Universidad en el año 1526. Llegó a ser vicario de la audiencia metropolitana de Santiago. Era sobrino del arzobispo Fonseca y del arzobispo de Toledo, Alonso de Fonseca. Actuó como mayordomo y administrador de ambos. Se ocupó de los dineros para construir el claustro de la Catedral de Santiago y fue designado en testamento albacea para la terminación del colegio Fonseca que el arzobispo había fundado en la sede gallega. El Cabildo salmantino recurre a él (parece que por sus acreditados conocimientos artísticos) para supervisar las obras que se iban a realizar en la casa del entonces racionero don Diego de Covarrubias. Influye en la idea de cómo deben ser las sillas del coro del monasterio de las Úrsulas Funda el Colegio de Santa Cruz en Salamanca, en el año 1527 (hay quien lo data en el año 1534), como colegio menor en la calle que tomó el nombre de Cañizares. El colegio lo erigió bajo la advocación de la Santa Cruz, de ahí su antiguo nombre. Dicha institución impartía enseñanzas de Teología y Derecho. En el siglo XVIII (año 1780) se fundió con el Colegio de los Ángeles, tras las reformas de Carlos III. El colegio pretendía dar estudios a cuatro sacerdotes, de los cuales, dos habrían de estudiar Teología y los otros dos Cánones. En el año 1530 se solicita licencia para ampliar a otros dos becados. Debían ser pobres, pues sus rentas nunca debían superar los 300 ducados de oro. Tenían preferencia para las citadas becas primero los parientes del fundador, luego los naturales de Almagro, los naturales de Santiago y, finalmente, los naturales de Salamanca. El fundador les daba el mantenimiento necesario y los presbíteros, además de cumplir con el estudio, debían celebrar dos misas diarias en la capilla del colegio por el fundador y sus familiares difuntos. Los becados habitarían en el colegio durante siete años junto con los familiares que les habían de servir. CAÑIZO GARCÍA, Agustín del (1876 – 1956). Médico, catedrático, internista. Hijo de Juan del Cañizo Miranda, médico, licen­ciado en Filosofía y Teología, creció en un ambiente de gran nivel intelectual, hecho que tuvo luego su trascendencia por su elevada formación crítica. In­fluido sin duda por su padre, decidió estudiar la ca­rrera de medicina, lo cual hizo en la facultad de Ma­drid, donde fue estudiante brillante y alumno interno, por oposición,

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20/03/2019 / Comentarios desactivados en PERSONAJES HISTÓRICOS (25)
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De la A a la Z (25)

Cultura,  Destacados

Relación de términos y expresiones (incluidos insultos)  de nuestra historia. BIFAZ: Palabra procedente del término latino bifax (de dos caras). Útil lítico de forma almendrada, tallado por sus dos caras y con aristas cortantes, característico especialmente del Paleolítico Inferior y Medio. Los bifaces fueron las primeras herramientas prehistóricas reconocidas como tales. Servía para cortar, raspar y perforar otros materiales. Se trata de una piedra de gran dureza, generalmente sílex, que era tallada por ambas caras hasta conseguir una forma triangular con una base semicircular. La palabra es utilizada por primera vez en 1920 por el anticuario francés V. de Pradenne y el término​ convivió con la expresión «hacha de mano», propuesta por G. de Mortillet mucho tiempo antes. Sin embargo no debe identificarse bifaz con hacha. Los bifaces más antiguos conocidos proceden del continente africano (sur de Etiopía) y datan de aproximadamente un millón novecientos mil años y son toscos, rudimentarios, gruesos y escasos. Los bifaces de contornos simétricos datan, en esos mismos lugares, de hace aproximadamente un millón doscientos mil años. En Europa, y más concretamente en Francia e Inglaterra, los bifaces más antiguos no aparecen hasta el interglaciar Günz-Mindel, de hace 750 000 años. «Excalibur» Bifaz encontrado en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos) Está realizado en cuarcita roja y parece que fue una ofrenda a los muertos. (www.quhist.com) No es un instrumento muy exigente respecto al tipo de soporte, ni de roca. Admite la improvisación y las correcciones, sobre la marcha, sin necesidad de planificar excesivamente y, sobre todo, no es necesario un aprendizaje largo ni sacrificado. Todo unido, ha facilitado que los objetos de talla bifacial sean extremadamente persistentes a lo largo de toda la Prehistoria. A esto, se une su falta de especialización funcional, siendo potencialmente eficaces en una enorme variedad de tareas, desde las más pesadas, como cavar la tierra, talar un árbol o romper un hueso, hasta las más delicadas, como cortar una articulación, filetear la carne o perforar diversos materiales. BIGARDO: Palabra procedente del término “begardo” y éste del término francés “begard” (monje mendicante). Vago, holgazán, vicioso y de vida licenciosa. Era como un insulto a ciertos frailes. El Diccionario de Autoridades indica que era el nombre injurioso con que el vulgo malamente se burla y denosta a los religiosos, faltando al respeto y equivocándolos con el término Begardos (herejes antiguos), escandalosos y obscenos que obligaron al papa Juan XXII a perseguirlos. Los Begardos eran los seguidores de doctrinas  análogas a las de los gnósticos iluminados que, en los siglos XIII y XIV y defendían la impecabilidad del alma humana cuando llega a la visión de dios, lo cual se creía posible en esta vida. Decíase de los frailes desenvueltos y de vida libre. Imágenes de clérigos medievales que se daban al buen vivir. (www.unsurcoenlasombra.com) BIGORNIA: Palabra procedente del término latino “bicornia” (de dos cuernos) Yunque con dos puntas opuestas. Instrumento de hierro de que usan los herradores y cerrajeros para machacar y adobar el hierro y los plateros para la plata. “Los de la bigornia”: era una expresión que servía para señalar a gente pendenciera que andaba en cuadrilla para hacerse temer. Bigornia realizada en bronce. (www.arthifer.es) BIGOTE: De origen incierto, parece resultar de la frase germánica “bei Gott” (por Dios). Era un juramento empleado por los soldados alemanes mientras se llevaban la mano a la zona facial comprendida entre el labio superior y la nariz. Según el diccionario de Joan Corominas existía en toda Europa la costumbre de blasfemar mientras se bebía cerveza diciendo “bi god” y los hispanos relacionaron esta costumbre con los mostachos mojados. El bigote, a través de la historia, ha sido considerado símbolo de hombría y virilidad, pero también ha sido indicativo de clase, sabiduría, autoridad o poder, según el momento y la sociedad donde se le ubique.  Francisco Fernando de Habsburgo (1863-1914) Archiduque de Austria. (www.escademic.com) Hay indicios de que la moda del bigote, apenas conocida en Castilla en el siglo XV, se introdujo en la península Ibérica desde Francia. Estuvo de moda siglos atrás en los ejércitos de numerosas naciones, con gran variedad de estilos. En general, los hombres jóvenes y los de grados inferiores llevaban pequeños y menos elaborados bigotes; los oficiales de alta graduación y los veteranos portaban espesos mostachos. En algunos países fue obligatorio, para los soldados, dejar crecer el bigote. El ejército británico, por ejemplo, prohibió el rasurado del labio superior, en todos los grados, desde el siglo XIX hasta que el reglamento fue abolido mediante una Orden del ejército de 6 de octubre de 1916. BIMBA: Voz onomatopéyica Sombrero de copa. Bimba. Sombrero de copa. (www.pintarest.es) BIRLAR: Palabra procedente del término latino pirulus y de pirum. En el juego de bolos, tirar por segunda vez la bola desde el lugar donde se detuvo la bola la primera vez que se tiró. Hurtar algo sin intimidación y con disimulo. Matar o derribar a alguien de un golpe o un disparo. Juego de bolos, con el miche (bolo más pequeño) y las bolas. (www.rutavadiniense.com) BIRLIBIRLOQUE: Abreviación de birliqui-birloque Es una fórmula alternante de creación expresiva. Se utiliza en la expresión “por arte de…” (por arte de encantamiento). Portada del libro de José Bergamín: «El arte de birlibirloque» (www.libros_antiguos_alcana.com) BIRLOCHO: Del término italiano biroccio (carreta de dos ruedas) Carruaje ligero y sin cubierta, de cuatro ruedas y cuatro asientos, abierto por los costados y sin portezuelas. Birlocho ministerial. Coche abierto con capacidad para cuatro personas. (www.flickr.com) BIRLONGA: Palabra procedente del francés antiguo  “berlenc” (tabla) Es una variedad de juego de cartas antiguo. Se utiliza con la expresión “a la …” (a la suerte, al descuido, a lo que sale) Con la expresión “andar alguien a la birlonga” decimos que anda a la suerte y a lo que sale, sin dedicarse a nada de provecho. Portada del libro «Los juegos de cartas antiguos y modernos». Editado por Garnier Hermanos en París. (www.articulo.mercadolibre.com.ar) Para la realización del presente artículo se han tenido en cuenta los siguientes documentos: – AA.VV.: “Diccionario de Lengua Castellana”. Madrid. Real Academia de la Lengua. 1776 – AA.VV.: “Diccionario de Lengua Española”. Madrid. Real Academia de la Lengua. 2014 – COROMINAS, J.: “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana”. Editorial Gredos. Madrid 1987  

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13/03/2019 / Comentarios desactivados en De la A a la Z (25)
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CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (32)

Cultura,  Destacados

CIUDAD RODRIGO TAMBIÉN TUVO SU FUERO O SUS FUEROS Sánchez Cabañas, historiador mirobrigense, defiende que fue el rey Fernando II de León quien concedió a Ciudad Rodrigo un fuero al que se le pudo añadir (como en el caso del Fuero de Salamanca) el fuero de los clérigos. El texto original se escribió en latín, aunque no ha llegado hasta nosotros; si bien es posible reconstruir su contenido teniendo en cuenta los distintos fueros que derivan del mirobrigense, según los estudiosos: el de Alfaiates (actualmente en Portugal), entre 1190 y 1211 o el de Coria, entre 1222 y 1227. El concejo de Castelo-Rodrigo (Portugal) obtuvo la autorización del monarca Alfonso IX de León para tomar y adaptar el fuero mirobrigense entre 1211 y 1237; aunque no se conserva el original sino una traducción romance que serviría posteriormente para elaborar diversos fueros de concejos portugueses.   Vista aérea del recinto amurallado de Ciudad Rodrigo (www.txemapa.blogspot.com) El texto latino del Fuero de Coria corrió la misma suerte que el de Ciudad Rodrigo y se conserva solo una copia romance con numerosos retoques, aunque se puede conocer el fondo a través de las versiones dadas a Cáceres y, a través de este, a Mérida o Montánchez durante el siglo XIII. Los historiadores han analizado el Fuero de Alfaiates, el más cercano y posiblemente el menos modificado de todos, para tener una visión lo más exacta del Fuero de Ciudad Rodrigo. La característica más importante es que plasma la desigualdad social que había en el concejo. Existía un grupo dominante de guerreros, de caballeros villanos, que se disputaban, alternaban y compartían el poder. Por debajo de ellos, en situación de inferioridad, aunque con derecho a participar en los asuntos de la comunidad se encontrarían los vecinos peones (combatientes a pie). El tercer grupo social lo formarían los dependientes, los que carecían de casa, trabajaban para otro y vivían con él (serían los criados). Si el aldeano trabaja para otro recibirá el nombre de yuguero, solariego, collazo, hortelano o moro (si es musulmán que hubiera preferido permanecer en el lugar o no hubiera podido retirarse a tiempo). Todos ellos formarían el concejo la Villa (la ciudad) y la Tierra (las aldeas extendidas por su alfoz). Al frente de este concejo estarían los caballeros: mediarían en los conflictos, distribuirían las tareas y las responsabilidades, organizarían el trabajo y el mercado, se responsabilizarían de la defensa del territorio u organizarían los ataques en busca de botín. Los cargos municipales (aproximadamente unos sesenta) se renovarían cada año. El rey D. Fernando designó doce jurados para que gobernasen el concejo y seis alcaldes para juzgar las causas civiles y criminales. Los habitantes de las aldeas tendrían una menor consideración que los vecinos de la Villa, según se deduce de las penas en que incurre quien hiere, golpea o mata a unos y a otros (todo muy semejante a lo marcado en el Fuero de Salamanca). Descabalgar a un vecino tendría una  multa de diez maravedíes, que se reducirían a dos si se tira del caballo a un aldeano. Aunque se buscaba no alterar la paz, todo podía arreglarse con una compensación económica, incluso la muerte de un familiar. En el aspecto económico, los caballeros son los mayores propietarios y la base de su riqueza es el ganado cuya defensa podía compatibilizarse con la guerra. Se recordarían las fiestas de determinados santos que marcaban el calendario agrícola o ganadero y se instaba a hacer partícipe a la iglesia del botín logrado en la guerra con los musulmanes. Esta forma de gobierno duró casi veinte años pues se produjo una querella al rey de los clérigos que se sintieron agraviados por las molestias que recibían de los alcaldes. El monarca, para evitar discordias y pleitos, mandó que hubiese entre los unos y los otros mucha hermandad, atendiendo a que los clérigos eran también de los primeros que habían llegado a la zona para poblar la ciudad. Junto a una de las puertas de entrada al recinto amurallado de Ciudad Rodrigo se encuentra el monumento a Fernando II de León, conmemorando el VIII centenario de la repoblación de la ciudad. Junto al monarca se hallan representados un guerrero, un clérigo y un campesino. (www.ileon.com) El fuero de los clérigos fue acordado entre los alcaldes, jurados y concejo por una parte y el cabildo de los clérigos por la otra y se acordó que el gobierno de la villa se dividiese, eligiéndose a seis alcaldes seglares y seis eclesiásticos. El texto del Fuero de los Clérigos es atribuido también a Fernando II, datado sobre los años 1157 y 1188, y pretendió poner fin a los pleitos entre clérigos y laicos, remitiendo en determinados casos a las disposiciones del Fuero de Ciudad Rodrigo, anterior a este añadido eclesiástico. Los clérigos estarían exentos del pago de pechos (tributo por razón de los bienes o hacienda que se tuviera) y fonsadera (tributo al rey por los gastos de guerra), así como del propio servicio de guerra. Por contra recibirían los diezmos y primicias de los fieles. Los clérigos, sus bienes y sus hombres (yugueros, hortelanos o molineros) tendrían el mismo fuero que los laicos. Los pleitos entre clérigos y laicos serían vistos conjuntamente por jueces laicos y eclesiásticos los sábados en la Iglesia del Santo Sepulcro, y si no llegasen a un acuerdo tendrían que intervenir los alcaldes. Este fuero se estableció, como queda dicho, durante el reinado del rey D. Fernando II de León, siendo confirmado por el castellano Fernán Ruiz de Castro y por don Turpín, que entonces era juez, y había poblado la localidad de Villa-Turpín, en la ribera del Coa, dentro de Portugal. Los demás confirmadores son los jurados, alcaldes, clérigos y legos de aquel año. De los abades que se nombran el primero es el Abadán (abad del Santo Sepulcro, de la Orden de los Templarios) y el otro el abad o prior de San Juan (de la Orden de los Hospitalarios). Vista nocturna de las murallas y el castillo de Ciudad

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03/03/2019 / Comentarios desactivados en CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (32)
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PERSONAJES HISTÓRICOS (24)

Cultura,  Destacados

Relación de personajes que han tenido que ver con nuestra historia CAMILO, Francisco (1614-1673) Pintor nacido en Madrid. De padre italiano y madre española, quedó huérfano de padre muy niño. Su madre casó en segundas nupcias con el pintor Pedro de las Cuevas (fallecido en 1644), conocido por sus excelentes condiciones de profesor, siendo maestro de muchos pintores de la misma generación de Camilo (Giusepe Leonardo, Pereda, Carreño, Arias, Montero de Rojas, Burgos Mantilla, etc.). Parece que a los dieciocho años había pintado un lienzo de «San Francisco de Borja» para la Casa de los Jesuitas de Madrid. A los veinte se halla en Zaragoza colaborando en la serie de Reyes de Aragón para el palacio del Buen Retiro en construcción. Diez años más tarde pintará un cuadro de las «Santas Justa y Rufina» en la capilla de la Catedral de esa ciudad. A los veinticinco años es elegido para la decoración del Salón Dorado o de las Comedias del Alcázar de Madrid juntamente con otros pintores; las pinturas eran retratos sedentes de reyes de Castilla . En 1641 trabaja en la galería de Poniente del Alcázar, preparada para recibir a la segunda esposa de Felipe IV, pintando escenas de las fábulas de Ovidio «Escenas de las Metamorfosis de Ovidio». «El Apóstol Santiago a caballo» o «Santiago Matamoros« obra de Francisco Camilo, ubicada en el Museo del Prado. (www.es.wikipedia.org) En 1646 realiza una serie de lienzos con escenas de la vida de Santo Domingo para el convento de Santo Domingo el Real de Madrid y en 1649 establece contacto con los cartujos del Paular que se mantuvieron a través de muchos años.  La especial sensibilidad devota de Camilo hizo que tuviese buenas relaciones con todas las órdenes religiosas de Madrid y su contorno. Realizó diversos cuadros: «Cristo del Perdón» de los dominicos del Rosario; «Santiago Matamoros» (catedral de Ciudad Rodrigo),  «Santiago en la Batalla de Clavijo (Capilla de Cerralbo», Ciudad Rodrigo), «San Antonio Abad» y «San Pablo ermitaño» (Museo del Prado, ambos procedentes de la Cartuja del Paular). En la década de los cincuenta pinta algunos de sus lienzos más afortunados: «San Juan de Dios», «Ascensión del Señor»,  el «Martirio de San Bartolomé»  o el «Descendimiento» (iglesia de San Justo de Segovia),  «San Jerónimo azotado por los ángeles» y «Martirio de San Bartolomé» (Museo del Prado, procedente de los Carmelitas Descalzos de Madrid). Entre 1666 y 1673 pinta grandes lienzos como «San Pedro consagrando a San Torcuato» (Museo del Prado) y «San Carlos Borromeo en la peste de Milán» (catedral de Salamanca). «San Carlos Borromeo en la peste de Milán«, cuadro de Francisco Camilo ubicado en la Catedral Nueva de Salamanca. (www.alamy.es) Murió en 1673 y se le enterró en la iglesia de San Sebastián de donde era parroquiano. CAMPERO, Juan  (finales del siglo XV- en torno a 1547) Apodado el Viejo. Maestro de cantería. Al parecer era natural de Retuerto, en la merindad de Trasmiera (Cantabria), como declara en un documento de 1515. Estaba casado con María de Aliaga y tenía varios hijos e hijas, de los que se sabe que al menos tres siguieron el oficio del padre: Sebastián, Hernán y Juan Campero el Mozo. Las primeras noticias que de él se tienen le muestran trabajando en la zona de La Mancha, tanto en Huete, Carboneras (Cuenca), como en Torrelaguna (Toledo), donde trabajaba para el cardenal Cisneros. Fue uno de los maestros que participó en la Junta que discutió sobre las trazas y ubicación de la Catedral Nueva de Salamanca. Aunque se le nombró aparejador de la obra a las órdenes de Juan Gil de Hontañón, el cardenal Cisneros le obligó a volver a Torrelaguna, donde trabajó en el convento y en un acueducto. A partir de 1515, aparece en Ávila cuando firma una compañía con el cantero Pedro de Guelmes para hacer las iglesias de Santiago y de San Juan de Ávila. Después tuvieron un pleito por haberse separado, al parecer instigados por Vasco de la Zarza y otros. Vista aérea de las dos catedral salmantinas. (www.salamancapasoapaso.blogspot.com) Entre 1524 y 1530 su actividad se desarrolla más en torno a Segovia y puntos cercanos. En Segovia se encargó de trasladar el claustro de la catedral y su portada a un nuevo emplazamiento, hizo las casas del licenciado Peralta y, en 1529, levantó el último cuerpo de la torre del Parral. Trabajó también en Valviadero (Valladolid), y en 1529 pidió que se tasara la torre de la iglesia de Guadalix (Madrid). En 1530 hace la capilla de los Cáceres en San Francisco de Segovia. En 1531 dio poder a su hijo Sebastián Campero para cobrar lo que había hecho en Ávila y su obispado y otro poder al cantero Alonso de Ruescas y a su criado, Diego de Gamboa, para cobrar sus obras de Segovia. Se sabe que en ese año empezó a hacer también el cuarto que miraba hacia San Francisco del monasterio carmelita de la Encarnación de Ávila. En 1536 daba su informe sobre la ruina de una bóveda de la girola de la catedral de Ávila. En 1538, junto a Lucas Giraldo y unos carpinteros, realizó un informe sobre la obra efectuada en la capilla mayor del monasterio de Gracia por Juancho de Mendiguna y Juan de Aguirre. Hizo las trazas para distintas iglesias de la provincia abulense. Una de sus obras más importantes es la cabecera de la capilla de Mosén Rubí de Bracamonte, que debió de terminar alrededor de 1544, fecha en que aparece en una ventana. Es una obra centralizada, acorde con el destino funerario del recinto, relacionable con obras proyectadas por Rodrigo Gil de Hontañón, a lo que se añade la decoración de bolas, muy usadas en el medio abulense. Por esta obra sostuvieron sus hijos Elvira, Diego y Sebastián un pleito con el patrono Diego Álvarez de Bracamonte, quien no quería pagar la elevada suma que había tasado Juan de Plasencia. Interior de la Capilla de Mosén Rubí de Bracamonte. (www.instigart.wordpress.com) En 1547 habría ya fallecido, pues su mujer declara ser viuda en un poder que da junto a su hijo Diego Campero

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24/02/2019 / Comentarios desactivados en PERSONAJES HISTÓRICOS (24)
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De la A a la Z (24)

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Relación de términos y expresiones (incluidos insultos)  de nuestra historia. BIBLIOTECA: Palabra que procede del término latino “biblioteca” y este del griego “bibliotheke” (lugar donde se guardan libros). Institución cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de libros y documentos. Las bibliotecas nacen en los templos de las ciudades mesopotámicas, donde tuvieron una función conservadora, de registro de hechos unidos a la actividad religiosa, política, económica y administrativa. En el antiguo Egipto existieron dos clases de instituciones: las Casas de los Libros (hacían las veces de archivos para la documentación administrativa) y las Casas de la Vida (centros de estudios para los escribas). En la antigua Grecia el libro y las bibliotecas alcanzaron un gran desarrollo, adoptando éstas formas que pueden considerarse como antecedentes de las actuales. El periodo helenístico fue el del nacimiento de grandes bibliotecas legendarias, como la Biblioteca de Alejandría, que se crearon con la voluntad de reunir todo el conocimiento social de su tiempo y ponerlo a disposición de los eruditos. Biblioteca de Alejandría. Reconstrucción de la web NixPixMix (www.historiaweb.com) En Roma se fundó la primera biblioteca pública de la que hay constancia, por parte de Asinio Polión. En los tiempos medievales, con las invasiones bárbaras y la caída del Imperio Romano de Occidente, la cultura retrocede y se refugia en los monasterios y escritorios catedralicios, únicos lugares que albergan bibliotecas dignas de tal nombre. Son centros donde se custodia la cultura cristiana y los restos de la clásica, al servicio de la religión. A partir de la Baja Edad Media, con la creación de las universidades primero y con la invención y difusión de la imprenta después, se fundan las nuevas bibliotecas universitarias, al tiempo que el libro alcanza a nuevos sectores de la población. Ejemplo de ello es la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. El Renacimiento vio surgir un nuevo modelo de biblioteca, la principesca. Esta corriente desembocará en la aparición de bibliotecas reales y de la alta nobleza que, merced a los nuevos valores, se abren a un público de eruditos y estudiosos. En España destacan la de la Universidad Complutense y la de El Escorial, creada por Felipe II, modelo de las posteriores bibliotecas barrocas. Durante el siglo XVIII se creó la Biblioteca Real, germen de la Biblioteca Nacional de España, que se abrió en 1719. Para su fundación el rey la dotó con los libros que existían en el Palacio Real y otros de su propiedad. Parece ser que además donó varias medallas y otras antigüedades. Dio constituciones para su gobierno y nombró un bibliotecario mayor, cuatro bibliotecarios, cuatro escribientes y otros individuos; y señaló un caudal suficiente para la adquisición de libros. En Salamanca existieron dos bibliotecas dignas de tener en cuenta: la del Cabildo y la de la Universidad. LA BIBLIOTECA DEL CABILDO DE LA CATEDRAL: De acuerdo con el inventario escrito en 1533, la biblioteca del Cabildo podía compararse con la del Estudio Salmantino en 1610, fecha del inventario más antiguo que se conserva de la biblioteca universitaria. Los libros de la primitiva biblioteca del cabildo se guardaron en arcas, mezclados con el tesoro de la catedral y custodiados por el tesorero de la misma. Las sucesivas donaciones y adquisiciones de libros obligaron a habilitar una capilla en el claustro de la catedral que hiciese las funciones exclusivamente de librería; esto debió ocurrir durante el siglo XIV, siendo escogida la primitiva capilla de Santa Catalina (más pequeña que la actual) y que posteriormente se amplió. Durante algún tiempo del siglo XVI se debieron trasladar los libros a otra capilla, aunque durante la segunda mitad de ese siglo retornaron a la capilla hasta el año 1790 que fue trasladada a una sala del Archivo.   Aspecto actual de la capilla de Santa Catalina de la Catedral Vieja de Salamanca (www.verpueblos.com) Los libros estaban colocados en bancos o pupitres perpendiculares a las ventanas y los libros se consultaban en los mismos bancos en que estaban colocados y sujetos con cadenas. El inventario de 1533 habla de veinticuatro bancos de libros. Los libros que allí se podían consultar iban desde libros corales; biblias, comentarios y glosas a varios libros del Antiguo Testamento; obras de San Gregorio. Jerónimo, Isidoro u Orígenes; sermones del papa Inocencio; obras de Salustio y Virgilio. Hubo donaciones del obispo don Gonzalo de Vivero (1442-1480), del obispo don Juan de Castilla (1510), Diego de Deza, León de Castro o Pedro de Osma entre otros. A partir del siglo XVIII la biblioteca del Cabildo sufrió un despojo y el destino de sus obras se desconoce. LA BIBLITECA UNIVERSITARIA En los inicios del Estudio General salmantino la biblioteca universitaria debió ser muy deficitaria, con obras de Avicena (para Medicina), Aristóteles (para Filosofía Natural y Lógica), Prisciano (Gramática), Boecio (Música) ; las Constituciones, Privilegios y Concordias del Estudio salmantino y, por supuesto, la Biblia, de caligrafía perfecta. Durante el siglo XV se compraron libros de Derecho (en pergamino y papel), textos de Santo Tomás y los manuscritos donados por Juan de Segovia a la Universidad en el año 1457. Desde finales del siglo XV hasta 1611 se adquieren manuscritos (la mayor parte de Derecho Canónico y Civil), escritos de Santo Tomás, libros de Teología, de Griego, de Hebraico, de artes y medicina. Existen donaciones de manuscritos de Derecho Canónico; incunables y ediciones del siglo XVI de clásicos griegos, latinos y de historia. Aspecto de la Biblioteca Antigua de la Universidad de Salamanca (www.bibliotecas.usal.es) El inventario de 1611 es el más antiguo que se conserva y se relacionan unas 800 obras entre manuscritos e impresos, aunque en realidad debían existir algunos millares de libros. Posteriormente siguió recibiendo donaciones varias y fue durante la segunda mitad del siglo XVIII y el siglo XIX cuando se ingresaron manuscritos e impresos que le dieron la categoría y la fama que tiene. Se nutrió de compras  de libros de matemáticas, física experimental, filosofía y los famosos libros redondos. Además acogió la librería de los Jesuitas tras la expulsión de estos (unos 12.000 volúmenes) y

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17/02/2019 / Comentarios desactivados en De la A a la Z (24)
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CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (31)

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SALAMANCA TIENE SU FUERO (SEGUNDA PARTE) Como ya dijimos en el anterior artículo el Fuero de Salamanca no se redactó de una sola vez, sino que fue el resultado de un proceso que comenzó en los inicios del siglo XII y llegó hasta la segunda mitad del siglo XIII. En todo este proceso aparecen documentos, como el llamado  “Fuero de la clarecía”; otros que parecen redactados durante el reinado de Alfonso VII (mediados del siglo XII) y su hijo Fernando II (1157-1188); otros son de la época de Alfonso IX (primera mitad del siglo XIII) y los últimos se podrían situar en la segunda mitad del siglo XIII. «En el nombre del Padre. del Hijo y del Spíritu Santo. Amén«. Así comienza el Fuero Primera página del Fuero de Salamanca. (www.todocoleccion.net) Los aspectos que regulaba el citado fuero eran muy diversos, aunque se pueden agrupar en varios apartados: población, economía, autoridades y administración de justicia. Ya vimos los dos primeros, es hora de contemplar los siguientes. LAS AUTORIDADES: En el Fuero aparecen varias figuras que pueden dictar normas: el monarca o sus representantes, los hombres buenos (boni homines), el concejo, los alcaldes, los justicias o los jurados. Del cumplimiento de esas normas se van a encargar los andadores, veladores del monte, viñaderos, sayones, escribanos o mayordomos. Los hombres buenos eran “elegidos” entre las personas que más garantías ofrecían a los conciudadanos como primeros representantes del concejo. A ellos se les atribuye la redacción del fuero, quizás las primeras normas para buscar la convivencia y poner fin a la violencia. En las aldeas habrá seis de estos hombres encargados por los alcaldes y justicias de Salamanca de mantener el orden, detener y entregar a los ladrones a la justicia o prohibir el uso de armas no autorizadas. El Concejo mayor debería estar formado por todos los vecinos, es decir aquellas cabezas de familia con casa. Se reuniría en contadas ocasiones y para tratar asuntos muy graves e importantes, como la creación de impuestos. La representación oficial del concejo la tendrán los alcaldes, justicias y jurados, constituyendo lo que podríamos denominar el Concejo menor. Serán los que dicten normas, reciban multas, ordenen cumplir sentencias, fijen los impuestos, etc.; además serán los responsables de que abandonen la ciudad (en el plazo de tres días) quienes hayan sido declarados enemigos por muerte de una persona, de que se derriben las casas de quien mata, hiere o deshonra, del cobro de impuestos en las aldeas cuando se destina al servicio del Rey, etc.; en fin, mandarán ajusticiar a los ladrones, autorizar las salidas del prior de San Vicente o decidir qué orden se ha de seguirse en llevar la enseña municipal. El nombramiento de alcaldes y justicias es anual y tendrán un sueldo de veinte maravedíes que les sería abonado por el mayordomo del concejo; si recibieran otra cantidad por el cargo los convertiría en inhábiles a perpetuidad para ejercer cargos dentro del concejo. Además se les impone otra serie de prohibiciones: no deben pedir ganado mientras ejerzan o  no deben comer en las aldeas a costa de estas. Como contrapartida, pueden recibir otras compensaciones directas o indirectas, como puede ser el privilegio de no pagar impuestos concejiles. Los alcaldes y los justicias corren riesgos en el desempeño de su cargo y por ello gozan de una especial protección e inmunidad cuando actúen correctamente. Quien amenazara de muerte a los justicias tendrá nueve días para cumplir la sentencia que dieren los alcaldes o de lo contrario pagará cincuenta maravedíes y será expulsado de la ciudad y de su término; igual sanción tendrá quien critique o meta cizaña entre alcaldes y justicias y algún señor; acusar por juzgar equivocadamente será castigado con el desmentido público y una multa de cien sueldos; herir o deshonrar a alcaldes, justicias o escribanos será castigado cien maravedíes y la obligación de restituirles la honra. La función principal de los alcaldes parece ser la de juzgar, pero también intervienen en litigios, asisten a las ejecuciones, asisten al nombramiento y jura de los oficiales del concejo, intervienen en juicios por razón de muertes o de conjuras para provocarlas; además están presentes en los juicios derivados de enfrentamientos entre aldeas o en los juicios entre laicos y clérigos. En cualquier caso, no podrá juzgar los viernes (en recuerdo de la Pasión de Cristo), excepto en casos de muerte o robos. Serán los únicos que pueden celebrar la lid judicial o juicio de Dios, por el que El decide quién tiene razón dándole la victoria. Intervienen en la organización del mercado o regulan la moneda. Los alcaldes controlan a los oficiales del concejo: nombran guardas y mayordomos, designan andadores en las aldeas, fijan (junto con los hombres buenos) el sueldo de los junteros. Los justicias completan las funciones del alcalde, son sus auxiliares: preparan los procesos, detienen a los acusados y ejecutan las sentencias; embargan bienes de los culpables, colaboran en la lid judicial vigilando que ésta se desarrolle correctamente. Otro tipo de autoridades, eso sí de categoría inferior, serán los andadores, escribanos, mayordomos,  sayones o viñaderos. Los andadores están obligados a desplazarse continuamente para cobrar impuestos concejiles, embargar por orden de la justicia o asistir a ejecuciones. Su sueldo no es fijo (cobrarán por salidas) aunque sí exiguo; es por ello que se legalizó algún tipo de prácticas de sobresueldo (pedir quesos, dinero o regalos de cualquier tipo). Los sayones asistirán, junto con los andadores, a los embargos. Se encargarán personalmente de las ejecuciones, recibiendo por este trabajo los despojos, el vestido del ahorcado, pero tendrán que poner la soga. El escribano del concejo asiste a las ejecuciones, a la lid y a las deliberaciones del concejo tras jurar que mantendrá el secreto de cuanto allí se diga. Recibe un salario igual al de los alcaldes y justicias. El mayordomo del concejo es el administrador de los dineros concejiles: paga el sueldo de alcaldes, justicias y escribanos. Los viñaderos serán los encargados de cumplir las ordenanzas sobre las viñas. Recreación del plano

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10/02/2019 / Comentarios desactivados en CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (31)
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PERSONAJES HISTÓRICOS (23)

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Relación de personajes que han tenido que ver con nuestra historia. CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro (1600-1681) Dramaturgo, poeta, militar y eclesiástico, nacido en Valladolid. La familia paterna de Calderón de la Barca procedía de Cantabria y sus miembros poseían la condición de hidalgos. La niñez y adolescencia transcurren durante los años centrales del reinado de Felipe III, algún tiempo en Valladolid, mientras fue capital, y luego en Madrid. Pedro Calderón acude a las Universidades de Alcalá (desde octubre de 1614) y de Salamanca (en los años posteriores) sin que se puedan determinar fechas y estudios de modo preciso, aunque parece que se sentía atraído por las “especulaciones matemáticas, las profundidades de la filosofía, la geografía, la historia política y sagrada y ambos derechos”, según Tassis (1682). Parece ser que se licenció en Derecho Canónico y Civil. Retrato de Calderón de la Barca, de Villafranca. Grabado calcográfico, 1878 (Biblioteca Nacional de Madrid) (www.es.wikipedia.org) Desde el 19 al 27 de junio de 1622 se celebraron en Madrid las fiestas por la canonización de san Isidro, santa Teresa, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier y san Felipe Neri; Pedro Calderón obtuvo un meritorio tercer premio, detrás de Lope de Vega y  López de Zárate. Antes de 1625 ya había estrenado varias obras teatrales (“Judas Macabeo”, “Lances de amor y fortuna” o “La gran Cenobia”). En 1625 viaja a Flandes con ocasión del sitio de Breda por Ambrosio Spínola. De regreso se encuentra en Madrid, donde recibe el encargo de la celebración por la victoria de Breda y el drama  (“El sitio de Breda”) se estrenaría en el salón de comedias del Alcázar el 5 de noviembre; parece ser que el cuadro de Velázquez, “Las lanzas”, se inspiró en la última escena de la pieza. A partir de 1625, Calderón se decide, en régimen de dedicación exclusiva, por la profesión teatral. Esta segunda etapa de la vida de Calderón de la Barca, tras sus años de formación y definición, abarca hasta 1640, cuando estallaron las guerras de separación de Cataluña y Portugal, donde manifiesta un importante aumento de la creatividad.  Compone alrededor de sesenta comedias, dramas, tragedias y piezas mitológicas y de espectáculo, a razón de una cada trimestre, y unos veinte autos sacramentales. Poco a poco, al compás de su creciente éxito, Pedro Calderón va sosegando su mala vida,  altercados o impertinencias verbales, manifestaciones de su inconformismo y actitud crítica frente a las normas sociales. La concesión del hábito de caballero de Santiago a Pedro, tras el largo procedimiento habitual, el 28 de abril de 1637, culmina, por ahora, su ascenso social y cortesano. También contribuyó a ello su empleo de caballerizo en la casa del condestable de Castilla y duque de Frías. Las obras de este período son, entre otras: “La vida es sueño”, “Luis Pérez el gallego”, “No hay burlas con el amor” o “Casa con dos puertas mala es de guardar”; comedias satíricas, como “La dama duende”;   tragedias como “El príncipe constante”. Posteriormente escribe “El alcalde de Zalamea”. «El Alcalde de Zalamea», detalle del monumento a Calderón, de Joan Figueras Vila, 1878. Madrid. (www.es.wikipedia.org) Estrena sus primeros autos sacramentales como “La cena del rey Baltasar” o “El gran teatro del mundo”. A partir de 1640 intervino en asedios y batallas en los frentes catalanes de Tarragona y Lérida, fecha de su incorporación efectiva a la caballería pesada coracera, hasta su licenciamiento dos años más tarde, en noviembre de 1642. Se acogió a la generosidad del sexto duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, quien se honró dándole hospedaje, afecto y empleo de secretario en su palacio de Alba de Tormes, hasta el verano de 1649, si bien con algún viaje a Madrid para el montaje de los autos sacramentales que seguía componiendo para las fiestas del Corpus, como “La humildad coronada de las plantas”. El poso de melancolía, sus conocimientos teológicos y espiritualidad, así como también los apuros económicos padecidos, le indujeron a ordenarse sacerdote en 1651 y solicitar una capellanía real en los Reyes Nuevos de Toledo, pretensión que el Patriarca de las Indias desestimó por entonces a causa de la actividad teatral de Calderón, hasta que en el año 1653, tomó posesión. Durante esta etapa de su vida, Pedro alternó su residencia en Madrid con estancias en Toledo. A partir de esa fecha estrena obras como “El monstruo de los jardines”, “Andrómeda y Perseo”, zarzuelas como “El golfo de las sirenas” y óperas como  “La púrpura de la rosa”. Los autos sacramentales ocupan un mayor porcentaje de su producción teatral. El 20 de mayo de 1681, Calderón redactó su testamento. El domingo 25 de mayo falleció. La ceremonia de su entierro, dispuesta por él, llevándole descubierto hasta la cercana parroquia de San Salvador, fue su última representación y constituyó una manifestación de duelo popular y de gran efecto escénico sobre el tema del desengaño barroco. Los restos de Pedro reposaron en un nicho de la capilla de San José de aquella iglesia durante ciento sesenta años. Después fueron objeto de cinco traslados, quedando, al fin, en la iglesia de San Pedro. Durante la Guerra Civil fueron profanados u ocultados en lugar desconocido. Monumento a Calderón de la Barca en Madrid. (www.aboutespanol.com) CALVARISTAS: Así se llamaban a los Padres del Calvario de los religiosos descalzos de San Francisco. El Convento de Franciscos del Calvario fue fundado en 1586 por D. Pedro Fernández Temiño. CÁMARA Y CASTRO, Tomás Genaro de la (1847-1904) Religioso agustino nacido en Torrecilla en Cameros (La Rioja). Estudió en el seminario de Burgos y el 4 de octubre de 1863 profesó en el convento agustino de Valladolid donde inició los estudios eclesiásticos, que continuó, a partir de 1866, en el monasterio de La Vid (Burgos). Al concluir la carrera eclesiástica enseñó en Valladolid Filosofía, Ciencias Naturales y Matemáticas. Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1870, con veintidós años y medio, continuó su labor docente. Para conocer nuevos adelantos científicos y enriquecer los laboratorios de ciencias empíricas del convento, visitó en 1876 la Exposición Universal de París. Imágen del

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De la A a la Z (23)

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Relación de términos y expresiones (incluidos insultos)  de nuestra historia. BERGANTE: Palabra procedente del término gótico “brikan” (golpear, luchar), del que derivan el término catalán “bergant” (individuo de una brigada de trabajo) y del término español “bregar” Persona pícara o sinvergüenza. El Diccionario de Autoridades lo describe como picarón, sinvergüenza, de malas costumbres y condición, no solo vil sino perversa y maliciosa. Es un término muy usado en los siglos XVI y XVII en ambientes del hampa perteneciendo a la  jerga de pícaros y truhanes. Se utilizaba para señalar al hombre de mundo que va con gente alegre, mercenario o malhechor. Bergantín Brillante. Óleo de J. Mordina (1852 (www.laamericaespanyola.wordpress.com) BERGANTÍN: Palabra procedente del término francés “brigantin” y éste del término italiano “brigantino” (bandido) Buque de dos palos y vela cuadrada o redonda. Embarcación de diez a doce remos y bancos de un hombre cada uno. Apareció originalmente en el siglo XIII en el Mediterráneo. Debido a su velocidad y maniobrabilidad era uno de los buques preferidos de los piratas; a eso debe su nombre, pues brigantino o brigantin es “bandido”. Además se utilizaron para el tráfico mercante. Dadas sus características, las armadas de los distintos países incorporaron a sus flotas estos navíos haciéndoles portar piezas de artillería en la cubierta para la lucha contra la piratería. BERLINA: Palabra procedente del término francés “berline” y este de “Berlín”, ciudad donde se ideo este tipo de coche de caballos hacia el año 1670. Berlina de Gran Gala. Coche de la Corona Real, realizado para el rey Fernando VII en 1829. Patrimonio Nacional. (www.twitter.com) Antiguo coche cubierto y suspendido, tirado por caballos, de dos asientos y cuatro ruedas, provisto de ventanillas. En los coches de los ferrocarriles, departamento que se diferenciaba del resto por llevar una sola fila de asientos. La expresión “poner en berlina” era utilizada a principios del siglo XIX para decir que a una persona se la ponía en ridículo. BERMA: Palabra procedente del término francés “berme” y este del neerlandés “baerm” (borde, margen). Espacio al pie de la muralla y declive exterior del terraplén que servía para que la tierra y las piedras que se desprendían de ella al batirla el enemigo, se detuviesen y no cayeran dentro del foso y evitando su relleno. Berma del castillo de los duques de Alburquerque, del siglo XV. Mombeltrán (Ávila) (www.glosarioarquitectonico.com) BERMEJO: Palabra procedente del término latino “vermiculus” (gusanillo). Dicho de un color: rojo o rojizo. Hacia 1140 se utilizaba este término como adjetivo, con el significado de “encarnado”, por el uso que se hacía de la cochinilla para producir el color rojizo. El término ha derivado en “bermellón” en los siglos XIII y XIV, para indicar los artículos importados de Oriente. Cinabrio bermellón (www.es123rf.com) BESAMANOS: Palabra compuesta. Acto en que se manifestaba adhesión al rey y personas reales besándoles la mano; más tarde se redujo a una simple visita. El besamanos en la Edad Media indicaba un homenaje del vasallo a su señor de que se reconocía dependiente y al que juraba obediencia. Si el señor se hallaba ausente en el acto en que debía prestarse el homenaje, la ceremonia se practicaba en el umbral de la puerta del castillo y el beso se daba en este caso a la aldaba de la puerta de todo lo cual se levantaba el correspondiente testimonio. Las Partidas de Alfonso X marcaban cuándo y cómo se debía realizar el acto del besamanos: al hacerse vasallo un hombre de otro, los ricos hombres al rey, los principales personajes del reino al nuevo rey, el vasallo a su señor cuando éste le hacía caballero y le ceñía la espada y se despidiera de él. Con posterioridad siguió la práctica no solo en la ceremonia de acceso al trono del nuevo rey sino también en otros eventos: cumpleaños, días especiales, etc. Parece que la primera excepción que se encuentra es la del príncipe don Carlos, hijo de Felipe II, el cual en la ceremonia de su jura (1650) no consintió que le besaran la mano los prelados del reino, aunque sí accedió a que se la besaran los grandes del reino y su mismo tío don Juan de Austria. Desde entonces, Felipe II, para manifestar su consideración al estado eclesiástico, no permitió ya que le besasen la mano los sacerdotes. Siguió la misma costumbre su sucesor. Felipe III,  en cuyo reinado ocurrió lo del  estudiante de Salamanca, a quien los reyes no dieron a besar la mano pensando que era un clérigo por los hábitos largos que vestía. En el reinado de Felipe IV continuaron los eclesiásticos gozando de esta prerrogativa hasta que el mismo clero promovió su abolición con objeto de ser los primeros en dar ejemplo de la adhesión que se debe al monarca. «Un besamanos en el Palacio Real de Madrid, reinando Carlos IV» Grabado de 1804. (www.alamy.com) BESTIARIO: Palabra procedente del término latino “bestiarius” (bestiario, luchador con las fieras en el circo) En la literatura medieval colección de fábulas, relatos, descripciones e imágenes referentes a animales reales o fantásticos. Por extensión, conjunto de poemas, narraciones, etc. cuyos temas se refieren a diversos animales. En el contexto del lenguaje simbólico de los animales en la literatura y el arte cristiano de Occidente, estos primitivos manuales de historia natural se solían acompañar con una lección moral, reflejando la creencia de que todo en el mundo, real o imaginario, era la creación de Dios y que cada ser tenía su función en él. Algunos autores diferencian «bestiarios reales de signo positivo» (palomas, cigüeñas, águilas y leones), y «de signo negativo» (serpientes, monos, liebres, cerdos, cabras, etc.) de los «bestiarios fantásticos», en los que abundarán arpías, basiliscos, centauros, dragones, sátiros o sirenas. El primer bestiario conocido en la forma en que más tarde ganaría popularidad era un antiguo volumen griego anónimo de entre los siglos II y IV  conocido como Physiologus. Tras él, San Isidoro de Sevilla y San Ambrosio expandieron el mensaje religioso con referencias a pasajes de la Biblia. Ellos y otros autores copiaron o modificaron libremente modelos preexistentes, refinando el contenido moral. Sin embargo,

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24/01/2019 / Comentarios desactivados en De la A a la Z (23)
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CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (30)

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  LA CIUDAD DE SALAMANCA TIENE SU FUERO (PRIMERA PARTE) Hablando de la Edad Media, la palabra FUERO hace referencia a las exenciones, privilegios y normas sencillas sobre el aprovechamiento de los bosques y pastos así como a cuestiones de derecho procesal que los reyes otorgaban a los habitantes de numerosas poblaciones. Además, y a medida que los concejos fueron adquiriendo importancia, se van a añadir normas referidas a costumbres y sentencias de los jueces (son los llamados FUEROS EXTENSOS) En nuestra provincia se tiene constancia de los fueros de Alba de Tormes, Arcediano, Barruecopardo, Béjar,  Cantalapiedra, Ciudad Rodrigo, Ledesma, Navasfrías, Negrilla de Palencia, Salamanca, San Cristóbal de la Cuesta y Villoruela. Además, dentro de la misma ciudad salmantina recibieron fueros especiales los habitantes de determinados barrios. El Fuero de Salamanca no se redacta de una vez, sino que es el resultado de todo un proceso que va desde los inicios del siglo XII hasta la segunda mitad del siglo XIII. La fecha inicial viene dada por el momento de la repoblación de Salamanca (comienzos del siglo XII) llevada a cabo por el conde Raimundo de Borgoña, al que se le atribuye el “Fuero de la clarecía”; otra parte del fuero parece haberse redactado en la época del rey Alfonso VII (mediados del siglo XII) y su hijo Fernando II (1157-1188); además existen documentos de la época de Alfonso IX (primera mitad del siglo XIII) y la fecha final puede situarse en la segunda mitad del siglo XIII, pues hay normas que se relacionan con las disposiciones de Alfonso X, aprobadas en las Cortes de 1258 y 1268. Los temas que regula el Fuero son muy diversos, aunque se pueden agrupar en varios apartados: población, economía, autoridades y administración de justicia. Para no hacer un artículo excesivamente extenso, los temas anteriores los dividiremos (con el fin de conocerlos) en dos partes. En este primer artículo hablaremos de la población y de los aspectos de la economía y en otro posterior lo haremos de las autoridades y de la administración de justicia. LA POBLACIÓN: En la ciudad se dieron cita diferentes grupos, claramente diferenciados, con derechos, creencias, profesiones y situaciones distintas: francos, portogaleses, bergancianos, serranos, mozárabes, castellanos o toreses. Cada uno de ellos se agrupaba en barrios o distritos, en torno a una iglesia parroquial. Los francos se asentaron en las proximidades del Patio Chico, Anaya y la Rúa Antigua; los bregancianos, en las proximidades de San Pablo y San Esteban; los portogaleses, en las proximidades de San Justo y zona de Bretón; los serranos, proximidades de la Clerecía, Libreros, Plaza de la Merced; los mozárabes, en la ribera del río; los castellanos, en la zona norte (proximidades de las calles Zamora, Toro y Campo de San Francisco) y los toreses en las proximidades de la Plaza y zona de San Cristóbal, Sancti-Spíritus y Santo Tomás Cantuariense. Además, miembros de la Orden Militar de Santiago se asentaron entre Sancti-Spíritus y la Puerta de Toro; miembros de la Orden Militar del Hospital lo hicieron en las proximidades del teso de San Cristóbal; los gallegos lo hicieron en el Cerro de San Vicente; la Orden Militar de San Juan lo hizo en las proximidades de San Juan de Barbalos y la Orden Militar de Alcántara entre San Marcos y San Juan de Barbalos. Plano de Salamanca en la baja Edad Media, de M. González García. (www.salamanca2011.blogspot.com) La pertenencia a un barrio o distrito era obligatoria por razones eclesiásticas: los sacramentos y la sepultura se recibían en la iglesia del barrio y esta era beneficiaria de los donativos hechos por la salvación del alma; además, si uno de los miembros cometía un delito fuera de la ciudad, el barrio debía entregar al culpable o, por el contrario, pagar la sanción que le pudiera corresponder al acusado. Pero, sea cual sea la procedencia de la población y la parroquia a la que se pertenezca, un factor de diferenciación social era la riqueza. Quien tuviera dinero para comprar un caballo de guerra debería hacerlo y pasaría a formar parte del grupo de caballeros quienes, en época posterior, van a ocupar los cargos concejiles. En relación con esto, en el Fuero figura la representación en las juntas concejiles: en un principio a estas reuniones asisten dos alcaldes y algunos hombres buenos (de reconocida honradez) que pronto van a ser sustituidos por caballeros. Ellos serán los encargados de defender el territorio en la guerra y en la paz, de proteger el ganado (la obligación sólo puede eludirse temporalmente durante quince días por boda de hijos o hermanos, siempre que se envíe a otro caballero en su lugar, o por enfermedad de un pariente próximo). Otro factor de diferenciación era la propiedad o no de una casa, tanto en Salamanca como en sus aldeas. Vecino es quien tiene casa en la ciudad y aldeano el que la posee en las aldeas. Quien hiere o golpea a un vecino pagará una multa (20 maravedíes); si son personas que viven en casa ajena (aldeano, mancebo o yuguero) y trabajan para un señor, quien les hiere pagará otra multa (5 ó 2 maravedíes); cuando el herido es el esclavo de un señor al que hay que indemnizar, la pena será de 2 ó 1 maravedí. La muerte de los mancebos, yugueros, hortelanos o pastores lleva aparejada una sanción de cien sueldos que percibirá, faltaría más, el señor para el que trabajan. El valor de las vidas de estas personas es exactamente la décima parte de lo que paga quien hiere a un vecino dentro de su casa y la tercera parte de la multa impuesta a quien entra violentamente en la casa de un vecino. Tener casa o no influye también en los procedimientos judiciales. Quien tuviera en préstamo una heredad y se negara a reconocer la propiedad debía probar sus derechos mediante un juicio de Dios. Este tipo de juicio presentaba diferentes formas: combate judicial (si se tenía casa en Salamanca; si no la tuviera, el señor de la heredad

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17/01/2019 / Comentarios desactivados en CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (30)
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PERSONAJES HISTÓRICOS (22)

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Relación de personajes que han tenido que ver con nuestra historia. CAGIGAL DE LA VEGA Y NIÑO, Felipe (1720-1796) Noble, político y militar nacido en Béjar. Perteneció a una extensa familia dedicada a la milicia y conocida entre los propios militares como “los Cagigales”. Sus primeros servicios militares datan ya del año 1727 cuando entra como cadete en el Regimiento de Infantería de Portugal. En este regimiento será sucesivamente ascendido de subteniente, a teniente, capitán, capitán de granaderos y sargento mayor (año 1746). El año siguiente fue promovido a teniente coronel del Regimiento de Infantería de Vitoria. Durante estos años estuvo en las dos guerras de Italia al amparo de los Pactos de Familia acordados entre Felipe V y su sobrino el rey Luis XV de Francia. En el año 1750 fue nombrado Caballero de la Orden de Santiago. Pendón primitivo de la Orden de Santiago (1170-1175) representado en el Tumbo Menor de Castilla. (www.es.wikipedia.org) Una década más tarde obtuvo el mando del Regimiento de Infantería de Asturias con el que estuvo un tiempo de guarnición en Buenos Aires. En el año 1761 le fue concedida la Encomienda Esparragal de la Orden de Alcántara y, tras las muertes de su hermano primogénito Juan (fallecido en el año 1746) y de su otro hermano Fernando Alberto (fallecido en el año 1769) fue nombrado III Marqués de la Casa Cagigal en Nápoles. En el año 1777 obtuvo el grado de mariscal de campo y, a partir de este momento, inicia su carrera político-militar al nombrado en noviembre de 1779 gobernador de Pamplona y en el año 1781 gobernador de Lérida. En el año 1781 fue voluntario a la expedición de reconquista de Menorca (expedición al mando del duque de Crillón) y como recompensa recibió el ascenso a teniente general de los reales ejércitos. En mayo de 1783 fue nombrado capitán general del ejército y provincia de Extremadura, cargo que ejerció hasta abril de 1794. Grabado de la «Vista exacta de Mahón. Tomada por el ejército español, bajo el comando del excelentísimo duque de Crillón, el 19 de agosto de 1781« (www.es.wikipedia.org) Un año antes había ingresado en el Consejo de Guerra, aunque la plaza en propiedad le fue concedida un año después. Ese mismo año obtuvo la distinción honorífica de gentilhombre de cámara del rey. Murió en Madrid. CALDERÓN Y ARANDA, Rodrigo (1576-1621) Noble, político y militar, nacido en Amberes. Procede de una familia de mercaderes de Valladolid que había sido ennoblecida por Carlos I. Su padre llegó a capitán de la armada y “comendador mayor” de Aragón; su madre pertenecía a la nobleza flamenca y holandesa. Poco se sabe de los primeros años de su vida. En el año 1580 sus padres se trasladan a Valladolid, donde se dedicarán a administrar las tierras y cargos de la familia. En esta ciudad estudió Rodrigo; algunas fuentes aseguran su asistencia a clases de Gramática y Humanidades en la Universidad. Casado en el año 1601 con Inés de Vargas, emparentó con el señorío de Oliva de Plasencia. En el año 1595 comenzó a servir como paje en la casa del marqués de Denia (Francisco Gómez de Sandoval), posteriormente convertido en el duque de Lerma y valido de Felipe III. Fue nombrado ayuda de cámara del rey en el año 1598 y secretario de cámara tres años más tarde. Desempeñó, a lo largo de su carrera político-militar, los cargos de comendador de Ocaña en la Orden de Santiago, capitán de la guardia alemana de Felipe III, alguacil mayor de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, regidor perpetuo y correo mayor de la ciudad de Valladolid, secretario de cámara de Felipe III, privado del Duque de Lerma y embajador en Flandes. Fue Señor de Oliva de Plasencia (posteriormente el título fue elevado a condado), Señor de Rueda y Señor de Siete Iglesias (posteriormente elevado a marquesado). «El Conde de la Oliva de Plasencia a caballo» (1612). Cuadro de P.P. Rubens, expuesto en el castillo de Windsor. (www.es.wikipedia.org) Activo, ambicioso y sin escrúpulos, se convirtió en el hombre de confianza del duque de Lerma. Fue especialmente odiado por los enemigos del duque y acusado de corrupción, económica y política, de haberse aprovechado del favor de Lerma para enriquecerse, de acosar a aquellos que él consideraba peligrosos y, en definitiva, de llevar a la Monarquía a la ruina. En junio de 1607 se le imponía la pena de la pérdida de su oficio en la Casa Real, pero al mismo tiempo el monarca firmaba una cédula perdonándole todos sus crímenes pasados y prohibiendo que públicamente se le criticase y persiguiese por esos crímenes. Para los enemigos de Lerma y su régimen, la presencia de Calderón seguía dando posibilidades de denunciar los males del reino y en los siguientes años las críticas no sólo no cesaron, sino que se incrementaron. Primero fue Francisco de Mendoza, almirante de Aragón y miembro de la poderosa casa de los duques del Infantado, quien inició una campaña para que se encarcelase y juzgase a Calderón. A continuación, fue el confesor real fray Luis de Aliaga, y con él algunos de los miembros del círculo de la reina Margarita. Aunque de nuevo Calderón, protegido por Lerma, se libró de estos ataques, el círculo parecía cerrarse. Cuando la reina Margarita murió durante el parto en octubre de 1611, Calderón fue acusado de haber utilizado brujería contra ella. Al caer en desgracia el duque de Lerma cae en desgracia, Calderón fue utilizado como chivo expiatorio y  arrestado el 20 de febrero de 1619 en su palacio de Valladolid y conducido a Madrid, donde fue sometido, supuestamente, a tormento para conseguir que confesase los cargos que pesaban contra él de asesinato y brujería. Confesó el asesinato del soldado Francisco de Juaras, pero rechazó el resto de los cargos. «Don Rodrigo Calderón en el tormento» (1865). Cuadro de J.M. Rodríguez de Losada (Museo del Prado) (ww.es.wikipedia.org) Condenado a muerte, fue ejecutado en la plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de 1621 y su arrogancia

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05/01/2019 / Comentarios desactivados en PERSONAJES HISTÓRICOS (22)
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De la A a la Z (22)

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Relación de términos y expresiones (incluidos insultos)  de nuestra historia. BEATERIO: Palabra procedente del término latino “beatus” (feliz, bienaventurado, beato) Casa en que viven las beatas formando comunidad y siguiendo alguna regla. Residencia o lugar de acogida de las mujeres de los nobles salmantinos cuando éstos iban a la guerra contra los musulmanes. Si el cónyuge moría en la batalla podían convertir su estancia temporal en definitiva. Esta casa era un monasterio junto a la iglesia de Samcti-Spíritus (convertido posteriormente en cárcel hasta bien entrado el siglo XX) donde residían las Beatas de Santa Ana (posteriormente denominadas Comendadoras de Santiago). Otro de los ejemplos es el Convento de las Dueñas, fundado por Doña Juana Rodríguez Maldonado en el año 1419. Fachada del Convento de las Dueñas (www.es.wikipedia.org) BEATO, TA: Palabra procedente del término latino “beatus” (feliz, bienaventurado, beato). Persona que lleva hábito religioso sin vivir en comunidad ni seguir una regla determinada. Mujer que vive con otras en clausura o sin ella bajo cierta regla. Mujer que con hábito religioso se emplea en pedir limosna o en otro tipo de menesteres en nombre de la comunidad a la que está agregada. Códice manuscrito de los siglos VIII y XIII que reproduce los Comentarios al Apocalipsis, escritos a finales del siglo VIII por el monje Beato de Liébana, abad del monasterio de Santo Toribio, en el valle de Liébana (Cantabria). Sus ilustraciones son una verdadera joya de la miniatura mozárabe. Ejemplos de ellos son: el Beato de San Salvador de Tábara, miniado por el monje Magio (926); el Beato de Valcavado o Beato de Valladolid (970); el Beato de San Millán de la Cogolla (segundo tercio del siglo X); el Beato miniado por Facundo para el rey Fernando I de Castilla (siglo XI); el Beato de Santo Domingo de Silos (siglo XI) o el Beato de San Pedro de Cardeña (siglo XII). Beato de Liébana. Ilustración en el que aparecen profetas cantando alrededor del Agnus Dei (www.artehistoria.com) BECA: Palabra de origen incierto, quizás del término hebreo “becah” (medida equivalente a la mitad de un siclo) Banda de tela que usaban los colegiales como distintivo y que la portaban plegada sobre el pecho y con los extremos colgando por la espalda. Hoy solo se usa en ciertos actos, como en el de la graduación. Vestido que bajaba de la cabeza por la espalda hasta cerca de los pies, llevado por ciertos clérigos sobre las sotanas. Imagen de clérigo con beca (www.dicter.usal.es) BECERRO: Palabra de origen desconocido, quizás ibérico, probablemente de “ibicirru”, derivado del hispanolatino “ibex” (rebeco). Libro en que las Iglesias y monasterios antiguos copiaban sus privilegios y pertenencias, para el uso manual y corriente. También hoy se llaman así los libros en que algunas comunidades tienen sentadas sus pertenencias; y el libro en que están sentadas las Iglesias y piezas del real patronato que se conserva en su secretaría, se llama el libro becerro del real patronato. Libro en que, de orden del Rey Don Alonso XI y de su hijo el Rey Don Pedro I, se escribieron las behetrías de las merindades de Castilla y los derechos que pertenecían en ellas a la Corona, a los partícipes. Libro Becerro de Cáceres. En él se recogen copias de documentos del siglo XII al XVI. (www.hoy.es) BEDEL: Palabra procedente del término occitano “bedel” y este del franco “bidil” (ujier). En los centros de enseñanza, persona cuyo oficio es cuidar del orden fuera de las aulas, además de otras funciones auxiliares. BEDEL MAYOR: Ministro de cargo honorífico que tenían las universidades y estudios generales, cuyo oficio era velar las aulas, prevenir las fiestas y días de asueto en que no hay estudio, saber y avisar donde se venden y compran los libros o citar para las juntas. Según las constituciones de Benedicto XIII y Martín V, el Bedel Mayor estaba subordinado al Rector, con el que se comunicaba en todo momento en el claustro. Lo asistía en las solemnes honras fúnebres que se celebraban en honor de los profesores fallecidos, en el seguimiento diario del calendario lectivo y en la publicación de las plazas vacantes del profesorado. En los actos solemnes de la Universidad o en los que asistía fuera de ella, hacía labores de ayuda de cámara del rector. Todos los años prestaba juramento de fidelidad para ejercer sus funciones, y según la Constitución de Martín V el bedel convocaba a los doctores y maestros para que prestaran juramento ante el nuevo rector. Era el encargado de publicar los nombres de los bachilleres autorizados para las lecturas fuera del ámbito de la Universidad. También avisaba a los doctores para que asistieran a las pruebas para la obtención del grado de licenciado. El cargo de bedel mayor no podía ser ocupado por el rector ni por los consiliarios. En 1538 se excluyeron para el cargo a los maestros y doctores. En las primeras décadas del siglo XVI su salario ascendía a 15 florines anuales, a los que había que añadir otros ingresos de la colecta, gratificaciones obtenidas por su intervención en las graduaciones y en otros servicios especiales para los que se requería su presencia. En el caso de cometer falta grave, el bedel podía ser sancionado con la pérdida de la mitad de su salario. La Casa del Bedel, residencia de Bedel Mayor de la Universidad de Salamanca, se encuentra en la misma manzana del edificio histórico, pero en la parte trasera, enfrente de la fachada del Perdón de la Catedral Nueva. La Universidad ha instalado en ella una tienda para la venta de productos propios: libros, grabados, cuadernos, escudos, plumas, bisutería, joyería, entre otros objetos de recuerdo. Fachada de la casa del Bedel Mayor de la Universidad de Salamanca. (www.lacronicadesalamanca.com) BEHETRÍA: Palabra procedente del término “benefactría” (benefactor). Antiguamente, población, cuyos vecinos, como dueños absolutos de ella, podían recibir por señor a quien quisiesen. Nombre que recibía, durante la Edad Media, la heredad cuyo propietario era un campesino libre y que le permitía elegir a voluntad la protección del señor que

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27/12/2018 / Comentarios desactivados en De la A a la Z (22)
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