DESPOBLACIÓN Y RECOLONIZACIÓN EN LA BAJA EDAD MEDIA Desde principios del siglo XIV en todos los territorios salmantinos se van a producir una serie de cambios en la estructura social acompañando a una profunda crisis económica. Esta crisis social es, en parte, consecuencia de una persistente crisis agraria que se instaló permanentemente en la zona y acabó poniendo en entredicho el dominio de los poderosos. Y es que se dio una caída de las rentas y unas dificultades para su reparto; un reparto que se hallaba jerarquizado en los distintos grupos poderosos de cada jurisdicción urbana y entre estos y la monarquía. La presión fiscal entorpeció el crecimiento material de los agricultores y la normal consecución de excedentes con los que se debían satisfacer las exigencias tributarias, sin poner en peligro el mantenimiento de la propia familia y de sus bienes. En fin, era un círculo vicioso. Durante este período se dieron graves desequilibrios sociales y luchas de todos contra todos. Ejemplo de este período turbulento nos lo muestra la “Documentación medieval de Alba de Tormes”. En el año 1295 el concejo de Alba llegó a un acuerdo con el de Salamanca y el de Zamora para defenderse juntos de los daños que recibían de hombres poderosos. Este acuerdo pareció no ser suficiente ya que en el año 1317 se tuvieron que encomendar a Diego Gómez de Castañeda, aceptado como señor, quien envió hombres a la villa para impedir los atropellos desde el exterior. Torre-homenaje del Castillo de los Duques de Alba, en Alba de Tormes (www.trranostrum.es) Las primeras décadas del siglo XIV supusieron para los caballeros un avance en su control de los mecanismos de poder de los concejos, llegando a conseguir exenciones y excusas de tributos para ellos y sus familiares. Por otro lado se produjo usurpación de tierras, de rentas ajenas o el robo de cosechas y ganados utilizando la fuerza. ¿Qué hicieron los pecheros, los “trabajadores contribuyentes”? Intentaron ampliar la producción mediante los rompimientos de áreas no cultivadas y comunales; delimitaron, con permiso del concejo urbano, los términos aldeanos; o intentaron (muchas veces sin éxito) segregar las aldeas de la jurisdicción de las ciudades y villas a las que pertenecían y pasar a engrosar el número de habitantes de villas pequeñas. Existen ejemplos. En el año 1303 los vecinos de Salvatierra de Tormes solicitaron el apoyo real porque la villa de Ávila les impedía labrar y pasar con sus ganados al otro lado del río Tormes. El concejo de Granadilla concedió a los vecinos de La Alberca asignación de tierras para labrar. El rey prohibió la emigración salmantina a la aldea periférica de Villoruela (se había convertido en un pequeño señorío tras desligarse del concejo salmantino) que procuraba atraer a la población pechera de las zonas rurales cercanas mediante el “alivio de tributos”. En 1399 el infante don Fernando, señor de Granadilla y Miranda del Castañar, se vio obligado a mediar entre ambas villas, porque esta última acogía a “algunos hombres vecinos del término de la dicha mi villa Granadilla … aliviándolos de los pechos que ellos solían pagar y pagaban”. Vista aérea parcial de Salvatierra de Tormes con los restos del Castillo de la Mora Encantada y de la fortificación (www.amigosdeloscastillos.es) Las villas periféricas fueron fuentes permanentes de problemas para los concejos. El concejo de Alba de Tormes, hacia 1294, compró al rey la villa de Santiago de la Puebla, con sus aldeanos, para incorporarla a su jurisdicción, algo que no pudo lograr ni siquiera después de realizada la compra. Salamanca compró en el año 1312 el castillo de Carpio Bernardo para evitar los males que sus alcaides ocasionaban a las tierras dependientes de la ciudad. En el año 1315 el rey Alfonso XI reintegró dentro de la jurisdicción de Ledesma a la villa de Almenara, mandando derribar su fortaleza. Durante las dos primeras décadas del siglo XIV continuó aumentando el número de aldeas y seguía habiendo amplios espacios vacantes o vacíos. Un texto de mediados de dicha centuria cuenta cómo toda la serranía salmantina (Jálama, Gata, de Francia y la llamada Sierra Mayor) poseía grandes espacios sin deforestar, donde era posible cazar osos y jabalíes durante todas las estaciones del año. Estos espacios vacantes no favorecieron el aumento de labrantíos permitidos; al contrario, fueron los impedimentos sociales y fiscales, derivados de los derechos feudales de propiedad y el control del acceso a la posesión y explotación de los medios agrícolas, lo que provocó desajustes en la producción. A estas dificultades se refieren expresiones tales como “censos vacados” o noticias sobre heredades “calvas”, porque no se encontraban personas que las labraran. En las zonas bajo jurisdicción abulense (sureste de la provincia) se narra (tal y como se recoge en Documentación medieval del archivo municipal de Ávila, de A. Barrios y otros) cómo los habitantes de los deslindes no podían vivir ni mantenerse en las aldeas, como tampoco cumplir con las cargas fiscales; por ello, amenazaban con marcharse de sus lugares de residencia si no les asignaban tierras para cultivar. A esta crisis productiva y social se le añadió una crisis demográfica durante la segunda mitad del siglo XIV. Como consecuencia de repetidas epidemias y hambrunas, de las malas cosechas o de devastaciones militares, el crecimiento demográfico salamantino se frenó. Todo ello provocó una reducción brusca de las áreas de cultivo, con el posterior abandono de las mismas y, en algunos casos, de las aldeas próximas. Aparecieron despoblados y se inició una emigración rural. Los montes comunales de las aldeas fueron objetivo de las tropelías de los poderosos y fuente permanente de problemas. Lo mismo puede decirse de los bienes acumulados por los eclesiásticos y los tributos que había que pagar. Difusión de la Peste Negra (epidemia del siglo XIV) en Europa. (www.es.wikipedia.org) Durante la segunda parte del siglo XIV grupos poderosos privilegiados ocuparon los terrenos comunales y otros espacios concejiles. Como ejemplo se puede citar que en el año 1376 casi todos los términos comunales de la tierra de Ciudad Rodrigo estaban ocupados
PERSONAJES HISTÓRICOS (32)
Relación de personajes que han tenido que ver con nuestra historia CARVAJAL Y FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Ángel María Francisco de (1793-1839) Grande de España y Senador. Hijo de Ángel de Carvajal y Gonzaga (sexto duque de Abrantes) y de María Vicenta Fernández de Córdoba y Pimentel (hija del duque de Medinaceli). Como consecuencia de la muerte prematura de su hermano Manuel Guillermo, Ángel María pasó a ocupar la primogenitura del Ducado de Abrantes (el VIII duque), además era duque de Linares (IX), conde de Aguilar de Inestrillas (XIX), marqués de Aguilafuente (XV), marqués de Valdefuentes (XI), marqués de Villalba de los Llanos (VII), marqués de Sardoal (VIII), marqués de Goubea, marqués de Navamorcuende (VII), conde de la Mejorada (X), conde de Portalegre, conde de Villalba (XIII), conde de la Quinta de la Enjarada (VI), XXII señor de los Cameros y de los Estados de Matadeón, de las Cinco Villas y del Valle de Canales, señor de Baza y de Abarca y Villarramiro. Tras la Guerra de la Independencia apoyó económicamente a la monarquía de Fernando VII con la cantidad de 20.000 reales para “las urgencias de la Corona”, que fueron cargados a la administración del propio duque en Salamanca, y el pago se ejecutó a finales de 1815. Retrato de Ángel María de Carvajal. (www.dbe,rah.es) A partir de ese momento intervino activamente en el poder municipal de Madrid, siendo nombrado, en 1820, capitán de una de las compañías del Primer Batallón de la Milicia Nacional, por elección de los ciudadanos. En años posteriores continuó desempeñando diferentes cargos y empleos dentro de este Cuerpo, hasta que en 1834 fue nombrado coronel del Regimiento de Infantería de la Milicia Urbana de Madrid por la Reina Gobernadora, en nombre de la reina Isabel II. Con el nuevo régimen, tras el fallecimiento de Fernando VII, la Regente le concede la Gran Cruz de Carlos III, un lustro después de que hubiera tomado el hábito de la Orden Militar de Montesa. En 1836 fue nombrado para integrar la lista de los treinta y siete electores encargados de votar los individuos que habían de formar el Ayuntamiento de la Corte, lo que reafirmó su prestigio en el campo de la política municipal que, sin embargo, abandonó al ser designado, por elección popular, senador por Granada en 1837. Al año siguiente, el 11 de septiembre de 1838, la Reina Gobernadora le nombró Caballerizo Mayor de su hija, Isabel II, cargo que resultaba incompatible con el de senador —según el artículo 57 de la Ley Electoral—, por lo que se creó un nuevo cargo en la Real Casa, el de Intendente General, que sería ocupado por el duque de Abrantes hasta que se pudiera encontrar otra persona adecuada. Una vez resuelto el nombramiento del recién creado Intendente General, el duque de Abrantes presentó su renuncia a la Reina, con el objetivo de dedicarse en exclusiva a esta nueva fase de su carrera política en el Senado. Era miembro de la Sociedad Económica Matritense y de las Sociedades de Amigos del País de Ávila, Salamanca, Granada y su filial de Baza. Truncó su carrera política y cultural el hecho de morir joven, a los cuarenta y seis años. CARVAJAL Y LANCASTER, José de (1698-1754) Grande de España, estadista, diplomático y ministro, nacido en Cáceres. Su padre, Bernardino de Carvajal y Vivero Moctezuma (III conde de la Enjarada) y su madre, Josefa de Lancáster (o Alencastre) y Noroña, pertenecían a una familia heredera de los títulos ducales de Abrantes y Linares. Cursó casi todos sus estudios universitarios en Salamanca, en el Colegio Mayor de San Bartolomé el Viejo (1717-1727). Escudo del Ducado de Abrantes (www.es.wikipedia.org) Después de varios intentos, obtuvo una plaza de Oidor en la Chancillería de Valladolid en el año 1729, llegando a Oidor decano y presidente de una de las salas civiles de ella. El 27 de enero de 1738 fue nombrado Oidor en el Consejo de Indias. Cuando el Conde de Montijo salió de embajador extraordinario a la Dieta Electoral de Frankfurt, se llevó a Carvajal con el título de segundo embajador, especialmente encargado de documentar las pretensiones españolas a la sucesión de Austria. Fue probablemente durante los dos últimos años del reinado de Felipe V cuando se formó, alrededor de Ensenada, una red o un grupo de presión donde se agrupaban a la vez los partidarios de un cambio de equipo y los defensores de reformas más radicales no sólo políticas, sino también económicas, sociales y culturales. Aunque, por ser ministro, Ensenada no aparecía en un primer plano, sus amigos se movían mucho: el duque de Montemar, el conde de Valdeparaíso, la familia de Alba (íntima de Carvajal) y, por supuesto, el mismo Carvajal al que se le consideraba un poco como el coordinador, sobre todo desde que había logrado establecer contactos secretos con los príncipes de Asturias, los futuros Reyes. Además, de todo ese grupo, era el único que, al parecer, tenía una idea bastante precisa de lo que se proponía poner en práctica. Su Testamento político, redactado en 1745, tenía visos de programa de gobierno. Preconizó una serie de medidas económicas con vistas a restaurar la prosperidad y la grandeza del reino, juzgó imprescindible disponer de un largo período de paz, lo que suponía la liquidación de la guerra en curso y la revisión del sistema tradicional de alianzas de España: hacía falta distanciarse de Francia y aproximarse a Portugal, Austria e Inglaterra. La subida al trono de Fernando VI (9 de julio de 1746) hizo de la Corte de Madrid un hervidero de intrigas y Carvajal continuó en su papel de consejero secreto de los Reyes. Un Real Decreto le confirió el puesto de ministro de Estado y decano del Consejo, con la dirección exclusiva de los asuntos exteriores y amplias facultades para el fomento de la economía (4 de diciembre de 1746). En los meses posteriores siguió acumulando cargos y honores: Gentilhombre de Cámara (1747), Superintendente de Postas y Correos (1747), Gobernador del Consejo de Indias (1748) y Caballero del Toisón de Oro
De la A a la Z (32)
Relación de términos (incluidos insultos) que han tenido que ver con nuestra historia BREBAJE: Palabra procedente del término francés antiguo bevrage (bebida) y este del término latino bibere (beber). Es un término usado ya en el siglo XIII. Bebida, en especial la compuesta de ingredientes desagradables al paladar. Vasija de más de 1.000 años de antigüedad, encontrada intacta en Polonia y que contenía restos de un brebaje ofrecido a,los dioses. (www.historia.nationalgeogrephic.com.es) BRECHA: Palabra procedente del término francés brèche (mella, hendidura). Rotura o abertura irregular, especialmente en una pared o muralla. La expresión abrir brecha hace referencia a arruinar con máquinas de guerra parte de la muralla de una plaza o castillo, para poder dar el asalto. La expresión batir en brecha significa percutir un muro o muralla para abrir brecha en ellos. Reproducción de la brecha de la muralla en la captura de San Sebastián en julio de 1813 (www.blogdelasnubes.com) BREÑA: De origen seguramente prerromano, quizás del término brîgna (monte, altura). Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza, de difícil tránsito y aprovechamiento. Por la costumbre de realizarlas en montes, también denominan a la costumbre de la merienda («breñar», «brenar» y «brenada»), especialmente el Magosto, la merienda festiva que se realiza en la fiesta de Todois los Santos en Galicia y León. Brenar es el término usual para «merienda» y «merendar» en valenciano. Imagen de un terreno de breña. (www.es.wikipedia.org) BRETE: Palabra procedente del término gótico bret y este del alemán antiguo (tabla o trampa). Aprieto sin refugio o evasiva. Esta palabra se utilizó ya en el siglo XVI para designar el cepo o prisión estrecha de hierro que se ponía los reos en los pies para que no pudieran huir. Sin embargo en el siglo XIV se utilizaba para designar el reclamo utilizado para cazar aves. Covarrubias defiende que es el potro en el que se daba tormento a los delincuentes. Dibujo que representa a dos reos con brete (www.blogs.20minutos.es) BREVIARIO: Palabra procedente del término latino breviarium (inventario). Libro que contiene el rezo eclesiástico de todo el año. Por breviario se entendía antiguamente el lugar en que se guardaban los breves, o lo que estaba escrito como en compendio; y de aquí pasó el término breviario a señalar el libro que contiene el compendio del oficio divino. Esta voz se halla en uso ya desde el año 1080. El breviario mozárabe, es decir, el que servía a los eclesiásticos de la España tomada por las tropas árabes, fue utilizado por todas las iglesias tras el Concilio IV de Toledo; pero después fue reformado por el cardenal Cisneros. A día de hoy solo está en uso en alguna parroquia de Toledo y en la catedral de Salamanca. Es un libro de la liturgia religiosa católica que recoge el conjunto abreviado de las obligaciones públicas religiosas del clero a lo largo del año (más allá de la Misa) y que usualmente se contenía en un conjunto de obras mayores que constituían los denominados “libros de horas” para cada periodo del año: Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua y dos libros del denominado tiempo ordinario (aquel en el año en el que no se celebraban las festividades centrales del nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesús). Las primeras ediciones de breviarios fueron de finales del siglo XI y estaban destinadas a facilitar el transporte de los Libros de Horas a los clérigos. Con el tiempo, el breviario pasó de ser una obra que reunía y abarcaba otras, para convertirse en libro litúrgico por excelencia, al que se aplicaron normas canónicas de uso y contenido. Manuscrito Breviario de Isabel la Católica, que se encuantra en la British Library. (www.facsimil.club) La fijación de los textos la realizó, en su primer formato completo, el Concilio de Trento, promulgado por el Papa Pío V y cuya estructura y contenido se mantuvieron hasta 1911, año en el que Pío X inició su reforma para acomodarlo a los nuevos tiempos. La última adaptación preconciliar se produjo en 1955. Después de la reforma del Concilio Vaticano II se establecieron como obligación para todo el clero las Lecturas, los Laudes, la Oración del Día, la de Vísperas y las Completas. Las comunidades religiosas están obligadas a su cumplimiento y los sacerdotes a realizarlo junto a los fieles. El breviario de los benedictinos, bernardos, cartujos, premonstratenses y otros varían bastante del común. BRIAL: Palabra procedente del término occitano antiguo blialt (faldón). El faldón de seda o tela que utilizaban los hombres de armas desde la cintura hasta por encima de las rodillas. Vestido de seda o tela rica que usaban las mujeres y que se utilizaba ya en el siglo XII. Género de vestido o traje que usan las mujeres, que se ciñe y ata por la cintura, y baja en redondo hasta los pies, cubriendo todo el medio cuerpo, por cuya razón se llama también guardapiés o tapapiés, y de ordinario se hace de telas finas: rasos, brocados de seda, oro o plata. Llámense también toneletes. Dibujo de un manuscrito de 1127 que representa a un personaje con brial bajo manto. Libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo. (www.opusincertumhispanicus.blospot.com) Covarrubias dice que antiguamente era vestidura que solo usaban las reinas y señoras muy Ilustres. Durante el periodo de la Reconquista, en la Península Ibérica, sobre todo desde el siglo XI, se llevaban dos o tres piezas superpuestas a modo de túnicas (la túnica y la loba o sayo sin mangas, además de la camisa) siendo por lo común la superior de ellas el brial, pieza de mangas ajustadas que en sus puños y escote se adornaba con bordados geométricos o espirales. Los faldones (que para algunos, constituyen el verdadero brial para los hombres de armas) se suprimieron o redujeron notablemente desde mediados del siglo XV quedando el jubón solo o con pequeñas faldillas y combinado entonces con las calzas. BRIBÓN: Derivado de la palabra briba (vida holgazana del mendigo o pícaro) Término que se utilizaba ya en el siglo XIV. Pícaro, haragán. Arte de engaño de los que llevan esta vida. Elocuencia persuasiva y oraciones de que se sirve el mendigo para inspirar lástima. El perdido, que no
CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (39)
EL FIN DE LA COLONIZACIÓN Y DE LA REPOBLACIÓN CIUDADES, VILLAS Y ALDEAS A mediados del siglo XIII todos los territorios del sur de la provincia ya se habían convertido en zonas estables de población y constituían áreas de retaguardia dentro de la corona de Castilla. La desaparición de la frontera que había con Extremadura tuvo consecuencias de distinto tipo: fin del recurso al botín y transformación de la función militar en función política (respaldada por el monopolio de la fuerza en el interior de los concejos). Y es que, como ya no se podían realizar acciones de rapiña contra los enemigos, los caballeros se las arreglaron para no “irse al paro”, consiguiendo limitar y reglamentar su participación en la guerra además de poder controlar el término dependiente de la villa (incluso “las pueblas” se han de realizar con su visto bueno) y dirigir (en la práctica) la política concejil. En la segunda mitad del siglo XIII había abundancia de núcleos estables de población, cercanos unos a otros (a veces de poco más de dos kilómetros), con escasos habitantes, donde predominaban las aldeas sobre las villas o las ciudades. Las capitales de los alfoces (Alba de Tormes, Béjar, Ciudad Rodrigo, Ledesma o Salamanca) eran lugares permanentes de residencia de algún tipo de poder feudal. Constituían aglomeraciones de edificaciones relacionadas con la producción artesanal especializada y con actividades comerciales. En los espacios rurales circundantes, que constituían el término concejil, se encontraban las aldeas donde vivía una población dedicada casi exclusivamente a actividades agrarias (algunas familias campesinas tenían sus viviendas al lado mismo de los campos de cultivo o de los montes comunales donde pastaba su ganado). Las capitales con más población serían Salamanca, Ciudad Rodrigo, Ledesma, Alba de Tormes y Béjar (por este orden), formando un segundo grupo villas como Miranda del Castañar, Salvatierra, Monleón, Montemayor del Río, Santiago de la Puebla, Lumbrales, San Felices de los Gallegos o Fuenteguinaldo. En la ciudad salmantina se produjo un notable incremento de la población; si en un primer momento se instalaron unas treinta y seis “collaciones” (barrios o parroquias), durante el siglo XIII se fueron añadiendo otras nuevas, cuyo poblamiento quedó encomendado desde el inicio a distintas instituciones eclesiásticas. Sabemos, por ejemplo, que en la collación de Sancti-Spiritus habían llegado gentes de Zamora, Benavente o Medina y que los nuevos vecinos procedían de varios pueblos próximos como Parada, Pajares, Forfoleda, Calvarrasa o Villoria, entre otros. Parte de las murallas de Salmanca en la zona de Rector Esperabé (www.lacronicadesalamanca.com) A finales del siglo XII la ciudad contaba con nuevas murallas, plazas y mercados nuevos. Su centro comercial se desplazó hacia el norte; desde la plaza del Azogue Viejo (próximo a la Catedral) al Azogue Nuevo (zona de la Rúa), porque hacia allí se iba extendiendo su espacio edificado como consecuencia del aumento de población. Lo mismo iba a ocurrir en Ciudad Rodrigo. En estas fechas llegó a tener hasta quince collaciones o barrios. Todo este aumento de población se fue traduciendo en fragmentación territorial, religiosa y política entre sus habitantes. En la práctica la totalidad de las ciudades y villas de la provincia contaron con más de una iglesia que daba nombre a cada barrio y se convirtieron en distritos de participación o representación política; también disponían de tiendas y mercados permanentes. Pero lo más peculiar de todo fue la existencia de fortalezas y murallas; debido a la importancia de la función militar de los concejos, toda capital era también sede del poder local y del poder delegado del monarca o del señor en cuestión. Es por ello que estos núcleos debían de disponer de castillo, cárcel, horca y muralla, como emblemas del poder político y social; y así lo demuestran las edificaciones (o los restos) de Alba de Tormes, Béjar, Ciudad Rodrigo, Guijo de Ávila, Ledesma, Miranda del Castañar, Monleón, Montemayor del Río, Salamanca o Salvatierra de Tormes. Pero hubo también fortificaciones en Almenara de Tormes, Buenamadre, Carpio-Bernardo, Hinojosa de Duero, San Martín del Castañar o Sobradillo (cabezas de señoríos particulares). Vista de Ciudad Rodrigo con sus murallas, fosos y alcázar. (www.amigosdelos castillos.es) Las murallas de las villas, aunque parecieran construcciones defensivas, tenían, en sí, un emblema señorial, de poder; en sus puertas se cobraban portazgos y otros tributos a mercaderes y aldeanos; los muros eran una línea que marcaba la existencia o no de privilegios para los que residían dentro o fuera de los mismos. Las aldeas tenían una situación distinta. A pesar de la disparidad de ellas, todas llegaron a tener rasgos y características comunes derivadas de su condición subordinada a una villa o ciudad. Los pueblos tenían una sola parroquia, no poseían muros y no podían contar con castillo a no ser que la aldea en cuestión se convirtiera en villa, tal y como ocurrió con Almenara, donde su señor (el infante Pedro, hijo de Alfonso X) construyó un castillo, derribado posteriormente por el monarca Alfonso XI en el año 1315. Imagen del Infante Pedro, hijo de Alfonso X, impulsor del castillo de Almenara de Tormes (www.es.wikipedia.org) En todas ellas se constituyó un mapa parcelario muy fragmentado y una red de caminos de tipo radial que tenía como centro la plaza del pueblo. En la mayoría apenas si contaban con una o dos docenas de familias, donde los campesinos poseían libertad de movimientos, fuertes derechos de dominio sobre sus explotaciones y vivían al lado mismo de sus explotaciones. Hacia 1265 en el arcedianato de Ledesma, con 2440 km2, había 148 aldeas; en el alfoz de Alba, con 920 km2, había 96 asentamientos; en el arcedianato de Salamanca, con una extensión de 4000 km2 (incluía los concejos de Monleón, Salavatierra de Tormes y Miranda del Castañar), tenía 329 aldeas. A pesar de que existieron todas estas características comunes, empezaron a aparecer diferencias y desequilibrios entre los lugares habitados. Las llamadas “aldeas grandes” estaban situadas en los bordes de los alfoces: Hinojosa de Duero, Lumbrales, San Felices de los Gallegos y Villavieja de Yeltes en el alfoz de Ciudad Rodrigo; Barruecopardo,
PERSONAJES HISTÓRICOS (31)
Relación de personas que han tenido que ver con nuestra historia. CARRILLO DE ALBORNOZ, Gil (1581-1649) Cardenal, embajador, gobernador y abogado. Nació en Valladolid, siendo miembro de una familia de la nobleza media. Fue hijo de Francisco de Albornoz, caballero de Calatrava, del Consejo de Órdenes, y de Felipa Polo de Espinosa, sobrina segunda del cardenal Espinosa. Quizá para diferenciarlo de su homónimo bajomedieval, se le ha mencionado como “Gil Carrillo de Albornoz”. Estudió Derecho Civil en la Universidad de Salamanca, siendo colegial del Colegio Mayor de Oviedo, apareciendo ya en el listado de Nobles y Generosos que residían en la Universidad en el curso 1597/1598. A través de sus estudios y de la influencia que había tenido su padre, empezó su carrera como oidor de las Reales Audiencias y Chancillerías de Granada y Valladolid. Fue nombrado regente y virrey interino de Navarra en 1618 y durante el period entre 1623 y 1624. Acabada esta etapa, fue recompensado en 1626 con una plaza en el Consejo de la Suprema Inquisición. Imagen del Cardenal Gil Carrillo de Albornoz de 1617 y blasón (www.es.wikipedia.org) El 30 de agosto de 1627 fue nombrado cardenal, llegando a Roma en el año 1630, donde fue promovido al arzobispado de Taranto en el Reino de Nápoles, rechazándolo siete años después al no poder residir en su sede. Dos años más tarde asistió en Roma a la llamada Crisis de 1632 entre la Monarquía Católica y el Papa Urbano VIII, profundamente contrario a los intereses de aquella. A su regreso a Roma, le fue encomendada la investigación sobre los recientes sucesos en torno al Real Colegio de España en Bolonia, fundado por el otro cardenal Gil de Albornoz en el siglo XIV. Varios colegiales protagonizaron actos violentos que fueron condenados por Urbano VIII, a lo que tuvo que interceder Albornoz ante el Papa y Felipe IV para que se conmutara esta pena, logrando una serie de reformas para reflotar el Colegio, que gozaba de protección hispánica. Actuó como informante de la guerra de Cataluña, sublevada en 1640. Participó junto al resto de cardenales nacionales en la promoción del Dogma de la Inmaculada, uno de los esfuerzos más notables de la Monarquía de España en materia espiritual. Testamento del Cardenal Gil Carrillo (www.es.wikipedia.org) Urbano VIII falleció en 1644, abriéndose un Cónclave en el que Albornoz participó,siendo elegido Inocencio X, inclinado a la Monarquía Hispánica. Esta etapa le valió, asimismo, una plaza en el Consejo de Estado y el deanato de la catedral de Santiago. Más tarde marchó a residir intermitentemente a la villa de Zagarolo, cercana a Roma, para descansar de sus constantes achaques de salud, donde ejerció una labor de mecenazgo que ya había iniciado en Milán y sus primeros años romanos. La siempre precaria salud del cardenal llevó incluso a darle por muerto en varias ocasiones, como en septiembre 1638 cuando se anunció su muerte en la Corte, quejándose personalmente del clima romano como causa del acrecentamiento de sus dolencias, entre las que destacaba la gota. Felipe IV volvió a contar con él para la embajada de Roma en 1648, dado su elevado conocimiento de la Corte pontificia, mientras llegaba su sucesor, el duque del Infantado, que arribó poco tiempo antes de su fallecimiento. Falleció en Roma el 19 de diciembre de 1649, siendo sepultado en la iglesia de Santa Ana del Quirinal para su posterior traslado al monasterio de la Encarnación de las Madres Bernardas de Talavera, fundado en 1610 por sus tíos Rodrigo de Albornoz y Teresa de Saavedra. Sepulcro de jaspe suspendido en el muro oriental de la iglesia del Monasterio de la Encarnación de las Madres Bernardas de Talavera. (www.es.wikipedia.org) CARVAJAL, Francisco de (1470-1548) En realidad se llamaba Francisco López Gascón. Conquistador y maestre de campo, se le conoció como EL DEMONIO DE LOS ANDES. Nació en Rágama. Desde temprana edad, Francisco, demostró inteligencia e ingenio. Esto dio lugar a que sus padres pensaran en hacerlo “hombre de iglesia o letrado” y lo enviaron a Salamanca para que estudiara Leyes en su universidad. Francisco López Gascón inició sus estudios de Leyes, que prosiguió a lo largo de cinco o seis años. Pero no demostraba la menor afición por el latín ni la retórica jurídica. Prefería, más bien, la “dobladilla” y otros juegos de azar que siempre iban aparejados con la alegre compañía que proporcionaban las mozas que colmaban las numerosas mancebías de la ciudad. La vida disipada de Francisco López hizo que adquiriera numerosas deudas que no pudo solventar. Pronto se vio perseguido por los alguaciles, que, finalmente, lo llevaron a la cárcel. Bartolomé Gascón, padre de Francisco, tuvo que acudir a Salamanca y pagar cerca de 14.000 maravedís para que su hijo quedara en libertad. Al salir de la prisión, Francisco confesó a su padre las escandalosas aventuras que le habían puesto en tan humillante estado. Su padre escuchó las razones de su hijo y antes de marcharse le dijo quedo: “No esperes más de mí”. El turbulento estudiante, ahora desprovisto del apoyo paterno, decidió ialistarse como soldado en los ejércitos españoles que por entonces combatían en Italia Ingresó en el ejército imperial bajo las órdenes del Gran Capitán y del cardenal Bernardino de Carbajal, de quien presumiblemente adoptó el apellido, e intervino en la batalla de Pavía. Marchó a México donde contrajo matrimonio con Catalina de Leitón, una mujer con la que vivía en concubinato, obligado por el virrey Antonio de Mendoza para que regularizara esa relación. Debió de pasar al Perú en socorro de Francisco Pizarro y sus hombres, puesto en grave aprieto por la rebelión de Manco Inca. Carbajal se instaló en Cuzco como vecino y en 1541 fue elegido alcalde ordinario. Imagen de Francisco de Carvajal, como Teniente del Gobernador General de Cuzco. (www.es.wikipedia.org) Acudió a la batalla de Chupas el 16 de septiembre de 1542 , haciéndose célebre porque ante los estragos causados por los cañones enemigos se le ocurrió ir a capturarlos, para lo cual se bajó de su cabalgadura, se quitó el morrión y las
De la A a la Z (31)
Relación de términos (incluidos insultos) que han tenido que ver con nuestra historia. BRACAMARTE: Palabra que, al parecer, procede del término francés braquemart, el cual aparece a mediados del siglo XV («cuchillo grande»). Espada usada antiguamente, de un solo filo y de lomo algo encorvado cerca de la punta. En castellano antiguo recibía el nombre de “cuytelo”, o sea, «cuchillo», simplemente. En España parece ser que estas grandes hojas de las que derivó el bracamarte fueron empleadas en Castilla y Aragón en la Alta Edad Media. Pero no está muy claro que se las llamara bracamarte antes de los siglos XV o XVI. Por ello parece ser que el término genérico español para toda arma con cierta curva y ancha era “alfanje”, de mayor uso o el usado por el vulgo para referirse a estas espadas. Fue un arma utilizada asimismo en los reinos peninsulares y aparece representada en varias ocasiones en las Cantigas de Alfonso X, en manos de cristianos no pertenecientes a la nobleza, aunque también se puede observar que en algunos tratados ingleses aparecen guerreros bastante bien protegidos portando dicha arma. Imagen de un bracamarte. (www.es.wikipedia.org) BRACERO: Palabra que procede del término “brazo”, que proviene del término latino “brachium”. Dicho de un arma que se arroja con el brazo. Es el que da el brazo a otro para que se apoye en él y camine con seguridad. Menino encargado de dar el brazo a la reina en palacio, para que se apoyara en él y caminara con seguridad. BRASERO: Palabra procedente del término “brasa” cuya etimología está discutida. Bacía o vaso redondo de metal, plata o cobre en el que se pone lumbre para calentarse. La gente sin recursos lo hacía de barro. Sitio destinado para quemar los delincuentes; también llamado “quemadero”. Ello pudiera referirse a los condenados a la hoguera, en general judíos o infieles. Dibujo de un quemadero brasero (quemadero) utilizado por la Inquisición (www.elladooscurodelahistoria.blogspot.com) BRAVO: Palabra procedente del término latino “pravus” (malo, inculto). De origen incierto, probablemente del latín barbarus (bárbaro, fiero, salvaje), según el diccionario etimológico de Corominas. Valiente, animoso, esforzado, de gran corazón. Hacia el siglo XI era un término utilizado para designar a la persona violenta, cruel, fiera, salvaje o inculta (hacia 1030); revuelto y más tarde valiente (hacia el siglo XVI). Durante el siglo XVIII se toma del italiano como adjetivo de bueno, aplicado en tono de aplauso y admiración a un hombre. BRAZA: Palabra procedente del término latino “bracchium” (brazo) Unidad de longitud, generalmente usada en la marina, basada en la antigua vara castellana y equivalente a 1,67 metros. Se llamaba así porque es la distancia media entre los dedos pulgares del hombre, extendidos los brazos horizontalmente. Braza como unidad natural de medida. (www.mediateca.educa.madrid.org) BRAZAL: Palabra procedente del término latino “bracchium” (brazo). Pieza de la armadura antigua, que cubría el brazo. Se componía de tres partes: avambrazo (para proteger los antebrazos), codales (para proteger los codos), brazal propiamente dicho (para resguardar los brazos) y mangas de malla. Brazales en armaduras. (www.es.wikipdia.org) BRAZO: Palabra procedente del término latino “bracchium” (brazo) Este término se utiliza junto con otros para designar diferentes realidades. BRAZO ARMADO: Grupo organizado para el uso de armas. BRAZO DE LA NOBLEZA El estado o cuerpo de la nobleza que representan sus diputados en las cortes BRAZO ECLESIÁSTICO El estado o cuerpo de los diputados que representan la voz del clero en las cortes o juntas del reino. BRAZO SEGLAR La autoridad temporal que se ejerce por los tribunales y magistrados reales BRAZOS DEL REINO Son las distintas clases que representaban al reino en las Cortes: los prelados, los grandes y las ciudades. María de Molina presenta a su hijo (Fernando IV) a los Brazos del Reino en las Cortes de Valladolid (año 1295). Óleo de Antonio Gisbert Pérez (1863) ubicado en el Congreso de los Diputados. (www.es.wikipedia.org) Para la elaboración del presente artículo se han tenido en cuenta los siguientes documentos: – AA.VV.: “Diccionario de Lengua Castellana”. Madrid. Real Academia de la Lengua. 1776 – AA.VV.: “Diccionario de Lengua Española”. Madrid. Real Academia de la Lengua. 2014 – BASTÚS Y CARRERA, V.J: “Diccionario Histórico enciclopédico. Tomo I”. Barcelona. 1833 – BASTÚS Y CARRERA, V.J: “Diccionario Histórico enciclopédico. Suplemento” Barcelona, 1833 – COROMINAS, J.: “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana”. Editorial Gredos. Madrid, 1987
CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (38)
LA ACTIVIDAD COLONIZADORA DE LA IGLESIA DURANTE LOS SIGLOS XII Y XIII La institución eclesiástica, además de las actividades específicas (culto, administración de sacramentos, predicación del dogma y la moral o el estudio de las Sagradas Escrituras), desarrolló otra serie de tareas que constituyeron una parte importante de la actividad económica en la Edad Media, tales como: colonización de la tierra y organización del espacio colonizado. Muchos clérigos se dedicaron a reunir y administrar un patrimonio cada vez más abundante; incluso algunas órdenes, que tenían como lema la pobreza, lucharon para lograr favores económicos de los feligreses. Recibieron durante estos siglos (XII y XIII) aquello que más abundaba en el territorio salmantino: tierra; y hacia ella enviarán a la población recién llegada. Cabildos (el salmantino y el mirobrigense), monasterios y conventos eran colectivos muy bien organizados, cuyos miembros tenían distintas especializaciones que les permitirían controlar y gestionar los bienes, cada vez más numerosos, a la vez que les permitirán garantizar el abastecimiento y bienestar de sus miembros y colaboradores, sobre todo teniendo en cuenta la época en la que nos movemos, una época con muchas dificultades. En nuestro territorio lo común es que cada institución dispusiera de bienes urbanos (que sirvieran de residencia a sus miembros) y , por donaciones o testamentos, de varias propiedades rurales cuyas rentas servirían para la supervivencia de la misma institución. Sin embargo, no hay que pensar que en estos primeros momentos medievales estas organizaciones tuvieran un gran patrimonio; debieron hacer frente a bienes dispersos con escasas posibilidades de explotación en muchos casos. Las instituciones que parecen tener bienes más relevantes son los obispados y los cabildos, el monasterio de Santa María de la Vega y el de Sancti-Spiritus. Las órdenes mendicantes apenas muestran otros bienes que no sean el convento donde residen y la iglesia aneja; excepción hecha de las Clarisas que recibieron desde el primer momento bienes rurales y heredaron el patrimonio correspondiente a algunas mujeres recogidas en el convento (¡aunque siempre se quejaron de encontrarse en situación de pobreza!). Edificios actuales (Fundación Rodríguez Fabrés) en el lugar donde se ubicaba el Monasterio de Santa María de la Vega (www.sites.google.com) Las instituciones eclesiásticas tenían su casa principal en la ciudad y, si eran entidades importantes, además poseían vasallos sometidos a su jurisdicción. Este era el caso de entidades como la Clerecía de San Marcos, la Orden de Alcántara, la de Santiago, la de San Juan o el monasterio de San Vicente. Lo importante era admitir a los individuos que solicitaban establecerse en el territorio propiedad de cada una de aquellas; aunque en aquella época el mayor problema era ese, encontrar pobladores. La Orden de Santiago tuvo cierto éxito, pues a principios del siglo XIII ya disponía de unos 150 vasallos (artesanos, sobre todo; tejedores, zapateros, pelliqueros, de la construcción o agricultores). Por contra, el monasterio de San Vicente permanecía prácticamente vacío. Recreación de las instalaciones del Monasterio de San Vicente (Salamanca) (www.salamanca.es) Además tenían otros bienes urbanos (sobre todo casas) repartidos por toda la ciudad. Existe constancia de que los métodos de adquisición fueron donación y compra. Según el inventario elaborado a comienzos del siglo XIV, el monasterio de La Vega siguió el modelo de complejo benedictino: lo presidía una iglesia con claustro; el monasterio propiamente dicho era descrito como “buen palacio y muy buenas casas” (dormitorio, refectorio, enfermería y otros servicios). Además tenía otros elementos complementarios de carácter agrícola y ganadero, prados, dehesas, huertas, alamedas, viñedos, norias, piélagos acotados en el Tormes o canteras. Poseía, además, casas en la ciudad que estaban arrendadas. El cabildo salmantino tenía el grueso de casas en el Zoco Viejo, las Puertas del Río, la Puerta del Sol o junto a la misma catedral. También poseían tiendas o locales aptos para la explotación artesanal o comercial. Interior de la Catedral Vieja de Salamanca. (www.catedralsalamanca.org) Las instituciones instaladas en Salamanca además gozaron de algún tipo de privilegio o de derecho: pontazgo, montazgo y otras rentas, parte de la acuñación de monedas o el diezmo (el tributo más general y mejor organizado). Cabe en este punto reseñar que Alfonso X elaboró toda una normativa para resolver todas las cuestiones del diezmo. En varios documentos precisó los aspectos más importantes de la recaudación: tenía un carácter general y ningún cristiano quedaría exento (incluso reyes, nobles o prelados); el proceso de entrega se iniciaría con un toque de campana para que se acudiera la era y allí se separaría la parte del cereal correspondiente. Los posibles bienes en el territorio de la provincia que recibirían todas estas instituciones serán villas, aldeas o heredades. ¿Qué diferencias hay entre unas y otras? Los especialistas no se ponen de acuerdo, aunque pudieran corresponder a distintos valores económicos, demográficos o la consideración que pudieran tener sus dueños. Sí parece claro que las villas fueron donadas por los reyes, que también ceden aldeas, mientras que los particulares entregan aldeas y heredades. La catedral de Salamanca poseía el patrimonio más antiguo y mejor organizado, creciendo a medida que se desarrollaba la actividad colonizadora en el territorio salmantino. Fue creado por el propio repoblador de la ciudad (Raimundo de Borgoña) y confirmado por los monarcas (desde Alfonso VI hasta Alfonso IX) y ampliado por donaciones de clérigos y donaciones privadas. Raimundo de Borgoña cedió al prelado salmantino algunas villas que Alfonso VII especificó en el año 1136: Cantalapiedra, San Cristóbal, Topas o San Pelayo de Cañedo. Pero también varias aldeas: Carrascal, los dos Espinos, Zamayón, El Arco, Vitigudino o parte de Aldearrodrigo. Ya en el siglo XIII recibirá villas como Tejares, Almenara, Juzbado, Baños o San Martín del Castañar. El obispado de Ciudad Rodrigo debió seguir un proceso similar. Fernando II la dotó con la tercera parte de las rentas que correspondían al monarca (peajes, multas, quintos, etc.), donó el lugar denominado “Oronia”, Torre Aguilar y la misma ciudad de Calibria. En la segunda mitad del siglo XII le añadió los derechos reales sobre la producción minera de oro, plata, cobre, estaño o hierro. La iglesia, en
PERSONAJES HISTÓRICOS (30)
Relación de personajes que han tenido que ver con nuestra historia. CARRANZA DE MIRANDA, Bartolomé (1503-1576) Eclesiástico, tratadista y censor, nacido en Miranda de Arga (Navarra). Estudió Latinidad en Alcalá, a la sombra de su tío Sancho Carranza, catedrático en la citada Universidad. Con dieciséis años ingresó en la Orden Dominicana y en 1525 fue elegido para proseguir estudios en San Gregorio de Valladolid, donde trabó amistad con fray Luis de Granada. Estudió posteriormente Teología en Salamanca. Casa natal de Bartolomé Carranza de Miranda en la localidad de Miranda de Arga (www.vascongados.blogspot.com) En 1539, la Orden le concedió el título de maestro, cuando asistía al Capítulo General en Roma. Se reintegró a San Gregorio donde explicó a santo Tomás y la Biblia. Fue calificador del Santo Oficio, predicador y director de conciencias. Carlos V lo eligió como teólogo para el Concilio de Trento, donde tomó parte activa tanto en los debates dogmáticos como en los reformistas, en sus dos primeras etapas (1545-1547, 1551-1555). y publicó Summa Conciliorum (1546) y Quatuor Controversiae, obras relacionadas con temas fundamentales de la controversia protestante (1547); igualmente publicó De necessaria residentia episcoporum (1547), verdadera bandera para cuantos deseaban una honda reforma de la Iglesia. En 1548 fue prior de la Orden Dominicana de Palencia, luego provincial de Castilla (1550) y de nuevo profesor en San Gregorio. Por esos años rechazó dos mitras (Canarias y Cuzco) y ser confesor del príncipe Don Felipe. Sin embargo, éste le escogió para llevarlo consigo a Inglaterra al tiempo de su boda con María Tudor (1554). Editó en Amberes y Salamanca su Instruction y doctrina como todo christiano deve oyr Missa (1555), que fue originariamente un sermón de éxito en la Corte inglesa. Y finalmente editó en Amberes sus Comentarios sobre el Catechismo christiano (1558), escritos para Inglaterra por encargo del Sínodo de Londres (1555). Sin tiempo a difundirse en España el libro, fue censurado severamente por Melchor Cano y por otros, si bien no faltaron calificaciones positivas. Pasó a Flandes, llamado por el Monarca, fue predicador de Corte y descubrió la red de infiltración protestante en España. Intervino en la redacción de las Leyes de Indias. Escudo episcopal de Bartolomé Carranza (www.es.wikipedia.com) Felipe II se empeñó en presentarle para el arzobispado de Toledo, tras la muerte de Martínez Silíceo y lo nombró en 1557. Entró en Toledo el 13 de octubre de 1558 y se entregó a su tarea episcopal, visitando las parroquias, predicando, reformando el cabildo y la curia, cuidando la provisión de beneficios y exigiendo la residencia personal a los párrocos. La piedad y la austeridad de vida fueron sus distintivos, mientras se mostraba largamente limosnero con las rentas de la mitra. Salió de la ciudad el 25 de abril de 1559 para iniciar la visita de la archidiócesis, pasó por Alcalá, de la que era señor, y cuando visitaba Torrelaguna, fue apresado por la Inquisición (22 de agosto de 1559) por la publicación de unos Comentarios sobre el catecismo cristiano y trasladado a Valladolid. En los meses que precedieron a la prisión, el arzobispo, sabedor de cuanto se urdía contra él, mostró su disposición para aceptar cualquier corrección con tal de evitar un escándalo público que inutilizaría sus proyectos pastorales. Todo fue en vano. La base jurídica para su procesamiento la proporcionaron algunas acusaciones de los protestantes vallisoletanos procesados y la censura teológica de su Catecismo. Tras este montaje jurídico se escondía la aversión del inquisidor general Fernando Valdés y la del teólogo dominico fray Melchor Cano. El primero había logrado de Paulo IV autorización general para proceder contra prelados y permiso de Felipe II para encausar a Carranza. Iniciado su proceso, recusó al inquisidor general por su animosidad personal. Nombrados jueces árbitros del pleito dos oidores de la Chancillería, dieron la razón al preso y obligaron a Valdés a renunciar a la causa, si bien seguía de inquisidor general (23 de febrero de 1560). Grabado de Bartolomé Carranza, realizado por Juan Barcelón para la colección de los «Retratos de Españoles Ilustres» (www.es.wikipedia.com) Con ello quedaba paralizada la causa, hasta que, previa autorización pontificia, el Rey nombró juez de la misma al arzobispo de Santiago, Gaspar Zúñiga de Avellaneda, quien se desentendió de ella, encargando la instrucción a subdelegados. A lo largo de los años (1561-1564) y con prórrogas sucesivas concedidas por Pío IV, el fiscal llegó a presentar dieciséis acusaciones, para muchas de las cuales se revisaron todos los papeles y cartapacios secuestrados al procesado, hasta sus apuntes de estudiante o textos ajenos transcritos. En todos ellos descubrían proposiciones heréticas, siguiendo la norma impuesta por el inquisidor general. La aprobación del Catecismo por algunos miembros de la comisión de Trento y la súplica dirigida por algunos padres conciliares a Pío IV en favor del arzobispo preso, hacían más necesaria la intervención del Papa. Pío IV llegó a nombrar un legado pontificio (Hugo Buoncompagni, futuro Gregorio XIII) con especiales facultades, mas el papa murió y el legado tuvo que volver a Roma. El nuevo Papa, el inflexible Pío V, ordenó, bajo severas penas, que reo y proceso pasasen a Roma. Se iniciaba una nueva fase. Ante el nuevo papa Gregorio XIII, arreció la presión política del Rey y su embajador. Llegaron a Roma nuevas calificaciones adversas y el Papa optó por cerrar aquel proceso buscando una vía media: no destituyó al arzobispo como deseaba el Rey, pero le obligó a permanecer en Orvieto unos años. No lo condenó por hereje pero sí lo declaró “vehementer suspectus” de herejía, imponiéndole una declaración, no estricta abjuración, de algunas proposiciones. Le obligó a algunas penitencias espirituales y le asignó 1.000 ducados de oro al mes para su sustento y el de sus sirvientes. Portada del libro «Comentariios al Catechismo» de Bartolomé Carranza. (www.bibliothecasefarad.com) Pocos días después fallecía Carranza en Santa María sopra Minerva de Roma y allí era enterrado (2 de mayo de 1576). Extrañamente el Papa se reservó el epitafio de su tumba que aún subsiste; en él alababa su modestia en la prosperidad y su paciencia en la adversidad y lo calificaba de esclarecido en estirpe, admirable en predicación
De la A a la Z (30)
Relación de términos (incluidos insultos) que han tenido que ver con nuestra historia. BOTA: Palabra derivada del latín tardío “buttis” (odre, tonel). Término que ya se utilizaba en el siglo XIV. Recipiente de cuero para contener vino, en forma de pera, y con un tapón en la parte más estrecha por el que sale el líquido en chorro muy fino. Cuba para guardar vino y otros líquidos. Medida para líquidos, equivalente a 32 cántaras o 516 litros, aproximadamente. Vasija de cuero para beber vino. Bota de vino de 1/2 litro (www.marjoman.net) BOTA: Palabra derivada del francés “botte” (bota) Calzado, generalmente de cuero, que resguarda el pie, el tobillo y, a veces, una parte de la pierna. Especie de borceguí de piel o tela que usaban las mujeres. Bota de cuero de Asiria (www.revistadeartes.com.ar) BOTAFUEGO: Palabra derivada de la unión de “botar” (arrojar) y “fuego”. Varilla de madera en cuyo extremo se ponía la mecha encendida para pegar fuego, desde cierta distancia, a las piezas de artillería. Persona que se acalora fácilmente y es propensa a suscitar disensiones y alborotos. Botafuego medieval para disparar cañones (www.todocoleccion.net) BOTANA: Palabra derivada del término árabe “butana” (piel de carnero preparada) Utilizada ya en el siglo XV. Remiendo que se pone en los agujeros de los pellejos de vino. Tarugo que tapone un agujero en las cubas y otros objetos. Botanas para tapar agujeros en odres. (www.flickr.com) BOTARATE: Palabra derivada del término “botar” (saltar). Según Corominas es probable que resulte del cruce de “boto” (necio) y “patarata” (mentira, ridiculez). Ya se utilizaba en el siglo XVIII. Persona alborotada y de poco juicio. Hombre de poco seso, juicio y asiento, según el Diccionario de Autoridades. Bobalicón. BOTARGA: Palabra derivada del término italiano “bottarga” (especie de caviar). Especie de calzón ancho y largo. Según el Diccionario de Autoridades era una parte del traje que se tenía antiguamente, que cubría el muslo y la pierna, y era ancha. El vestido ridículo de varios colores de que suelen usar los graciosos en los entremeses. La Botarga es protagonista de diversas fiestas, habitualmente invernales y de carácter carnavalesco. Personaje ancestral burlesco y festivo característico de algunas manifestaciones folclóricas de la península. Habitualmente este personaje vestía ropas de colores vistosos, cubría su rostro con máscaras de cartón o madera muy expresivas e iconográficas del mal (diablos, brujas, animales extraños) y transportaba cencerros que hacía sonar de forma estruendosa, agitando al pueblo con sus persecuciones, saltos y bailes. Carrera de botargas en Alarilla (Guadalajara) (www,guadaque.com) BOTE: Palabra derivada del término catalán “pot” (bote, tarro) Utilizada en el siglo XII y quizás ya en el siglo III, de un origen incierto (probablemente prerromano) Vasija pequeña para guardar medicinas, conservas, etc. «Bote de Zamora», tallado en marfil. Encargo de Al-Hakam II (964) Formó parte del Tesoro de la Catedral de Zamora. Hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional. (www.flickr.com) BOTE: Palabra derivada del término “botar” (saltar) Golpe dado con ciertas armas enastadas, como la lanza o la pica. BOTICA: Palabra procedente del término bizantino “apotheke” (depósito, almacén, bodega). Utilizada en el siglo XIII. Tienda de mercader, lugar de venta. Según el Diccionario de Autoridades, la oficina o tienda en que se hacen y venden las medicinas y remedios para la curación de los enfermos. Botica de la Calle Concejo, de mediados del siglo XX (www.elblogdejoaquinhernandez.blogspot.com) BOTIJA: Palabra procedente del término latino tardío “buttis” (tonel) Utilizada en el siglo XIV. Vasija de barro mediana, redonda y de cuello corto y estrecho. Botijo. Antigua botija de barro salmantina (www.todocoleccion.net) BOTO: Palabra procedente del término gótico “bauths” (obtuso) Es voz que equivale a romo, sin punta. En sentido figurado se dice también del hombre o mujer simple. Se documenta en castellano desde el siglo XIII con el significado de «obtuso«, de donde en sentido figurado se dijo «rudo y torpe de ingenio«; acepción tan antigua como la primera, desde la Edad Media hasta nuestros días. En la acepción más ofensiva (persona ruda, torpe y carente de ingenio y sentido) se ha venido utilizando desde el siglo XIII. Tiene derivados tales como: Rebotar (ya en uso desde el siglo XIV): doblar la cabeza de un clavo. Rebotado (ya utilizado en el siglo XVI): engreído, puesto fuera de sí. BOZO: Palabra procedente del término latino “bucceus” (de la boca) Utilizada en el siglo XIII. Vello que apunta a los jóvenes sobre el labio superior antes de nacer labarba. Parte del rostro próxima a la boca. De esta palabra derivan: bozal (tapa de la boca, utilizada en el siglo XVI), bozal (que aún tiene bozo, inexperto, bobo, utilizada ya a finales del siglo XV), embozar (cubrir la mitad del rostro, utilizada ya en el siglo XIII). BOZÓN: Palabra procedente del término occitano “bosson” y este del franco “”bultjo” (clavo grueso, perno). Máquina militar que se empleaba antiguamente para batir puertas o murallas, consistente en una viga larga y muy pesada, uno de cuyos extremos estaba reforzado con una pieza de hierro o bronce labrada, por lo común, en forma de cabeza de carnero. Es sinónimo de ARIETE. Representación de un bozón o ariete (www.chroniclesofelyria-es.gamepedia.com) Para la elaboración del presente artículo se han consultado los siguientes documentos: – AA.VV.: “Diccionario de Lengua Castellana”. Madrid. Real Academia de la Lengua. 1776 – AA.VV.: “Diccionario de Lengua Española”. Madrid. Real Academia de la Lengua. 2014 – CELDRÁN GOMÁRIZ, P.: “Inventario general de insultos”. Ediciones del Prado. Madrid, 1995 – COROMINAS, J.: “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana”. Editorial Gredos. Madrid, 1987
CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (37)
ÓRDENES MILITARES, ÓRDENES MENDICANTES Y MONASTERIOS EN LOS SIGLOS XII Y XIII La actividad eclesiástica en las tierras salmantinas se desarrollará no solo a través de los obispos y el clero regular sino también desde las órdenes militares, las órdenes mendicantes y los monasterios (tanto masculinos como femeninos) y que influirán en la economía, la sociedad, el arte y la cultura. Sí hay que tener en cuenta que en las dos diócesis salmantinas la organización eclesiástica y la ocupación del suelo harán que tengan mucha importancia los prelados y las parroquias en detrimento de los monasterios, que tendrán una vida muy limitada y, en algunas ocasiones, marginal; aunque es necesario destacar que las grandes instituciones monásticas participaron activamente en la repoblación desde los primeros momentos, sobre todo diferentes órdenes militares (El Temple, Alcántara, San Juan, Santiago y del Hospital) incorporados para seguir las reglas del Císter o de San Agustín, según los casos. Hay documentación que manifiesta que desde el año 1113 la Orden del Hospital dispuso de la aldea de Paradinas por donación de la reina Doña Urraca y a lo largo del siglo XII recibieron bines en Ledesma o Ciudad Rodrigo. Los Templarios disfrutaron de propiedades en Armenteros, en la parroquia de San Justo de Salamanca (cuya iglesia se encontraba en la actual Plaza de San Justo) y en San Muñoz. La Orden de Santiago disfrutó de posesiones en Villasrubias, Ciudad Rodrigo, Barruecopardo, Ledesma, Salamanca y Villoruela. En la propia ciudad de Salamanca se dieron enclaves jurisdiccionales especiales que correspondían a las órdenes militares de Santiago y del Hospital en el Este (parroquias de Sancti-Spiritus y San Cristóbal, fundamentalmente) y a las de Alcántara y San Juan en el Oeste (iglesias de San María Magdalena y San Juan de Barbalos). Interior de la Iglesia de San Juan de Barabalos (www.flickr.com) Las órdenes mendicantes, de reciente creación, se instalarán en la provincia y tendrán bastante dinamismo. Los dominicos se asentarán en la Iglesia de San Juan el Blanco (situada muy próxima al río) con anterioridad al año 1229, fecha en la que una riada del Tormes destruirá su convento, por lo que solicitaron ayuda pontificia, concretada en la bula de Gregorio IX por la que se concedían indulgencias a todos los que colaboraran en la reparación de los destrozos del convento, algo que no solo ocurrió sino que sirvió para ampliar las instalaciones. En el año 1256, nuevas inundaciones aconsejaron al obispo concederles un lugar más seguro, la iglesia de San Esteban, embrión de las instalaciones que a día de hoy disponen. La comunidad dominica se irá asentando y fortaleciendo como demuestra la presencia imprescindible en los testamentos de la segunda mitad del siglo XIII y la pertenencia a la orden de personas influyentes y bien relacionadas, como el obispo Don Pedro Pérez o Fray Juan (sobrino del obispo Don Domingo). Pórtico del Convento de San Esteban (www.wikimapia.org) Los dominicos encontraron enseguida la actividad adecuada en la predicación pública, algo que el clérigo secular no podía hacer por falta de preparación y eso llevó aparejada la dirección de la conciencia de los feligreses. También se interesaron por los estudios, al principio en sus conventos; su preocupación por la doctrina les llevó a intentar controlar los medios donde se comentaba la Biblia y se explicaban los dogmas del Cristianismo. En la Universidad no lo harán hasta un siglo más tarde, cuando incorporaron los estudios de Teología. En 1299 crearán un Estudio General en el convento de San Esteban para que se prepararan allí los frailes en Lógica, Gramática y Teología. Los orígenes de los Franciscanos no están muy claros, bien por la discreción con la que se establecieron o bien porque la documentación haya desaparecido. Lo que es constatable es que muy pronto desarrollaron su labor en paralelo a los dominicos. Existen opiniones sobre la posible intervención del mismo San Francisco de Asís, así como de la protección al convento franciscano de Don Fadrique (hijo del rey Fernando III). Si el convento salamantino fue adscrito a la provincia de Santiago (ya desde 1232), es probable que sus fundadores y primeros miembros procedieran de la ciudad gallega e incluso tuvieran alguna relación con el fundador de la orden. La comunidad franciscana (bajo la denominación de “descalzos”) gozará de cierta consideración social desde el año 1240, cuando recibieron mandas testamentarias de algunos fieles y comenzaron a intervenir en las instituciones de la ciudad. Según Villar y Macías se establecieron primero en la Ermita de San Hilario y en la Iglesia de San Simón (muy próximas al convento de San Francisco). Desde el principio gozaron de la protección de personas importantes (ya hemos citado a Don Fadrique, quien colaborará en la construcción de la iglesia del convento, abierta al culto en 1255) que hicieron donaciones. Serán clérigos muy próximos a la población, expertos en educación religiosa a través de la predicación y el contacto directo con los enfermos mediante la confesión y presentes en las ceremonias fúnebres, llegando a desplazar al clero parroquial que, preocupado por estas intromisiones, reclamará ante la jerarquía eclesiástica el control de las actividades y el respeto a las competencias parroquiales. Restos de la Iglesia de San Francisco, anejos a la Capilla de San Francisco el Grande o de los Padres Capuchinos. (www.laceonicadesalamanca.com) Todo ello conducirá a que el pontífice Benedicto XI intervenga en el año 1304 con una bula en la que se regularán las competencias de cada institución y que contiene disposiciones sobre la predicación, el ejercicio de la confesión y la celebración de funerales. A los franciscanos se les reconocerá abiertamente la posibilidad de predicar en plazas y lugares públicos, así como en iglesias y edificios de su orden (procurando no coincidir con otro predicador).Tendrán amplia libertad para ejercer el sacramento de la confesión (salvo a causantes de crímenes, incendios o delitos graves). En cuanto a los funerales y sepultura, se admite que los fieles designen para tal fin las iglesias de los frailes mendicantes, sin perjudicar los derechos parroquiales. Desde el principio mantendrán buenas
PERSONAJES HISTÓRICOS (29)
Relaciones de personajes que han tenido que ver con nuestra historia CARNICERO MANCIO, Antonio Nicanor (1748-1814) Pintor, profesor de dibujo y grabador, nacido en Salamanca. Tercer hijo del escultor Alejandro Carnicero Miguel, intentó triunfar en las Bellas Artes, trabajando en las ramas de Escultura, Pintura y Grabado. Su vida se desarrolló en Madrid, al haberse trasladado la familia a la capital, pues el padre fue llamado a la Corte para que realizase varias esculturas de reyes, que debían adornar el Palacio Real Nuevo. Recibió las primeras lecciones de dibujo de su padre. Ingresó en 1758 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Posteriormente se trasladó a Roma junto con su hermano Isidro (al que le habían concedido una pensión para perfeccionar su arte). Durante su permanencia en Roma participó y obtuvo premios en los concursos que convocaban la Academia de San Lucas y la Escuela del Nudo. A su regreso a España se incorporó inmediatamente a las clases del Natural y Yeso. En 1768, con motivo de las obras de la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, obtuvo el encargo de realizar varias pinturas para adornar el claustro de la citada basílica que representaban la vida y milagros de san Francisco de Asís. «San Francisco de Asís cortándole el cabello a Clara de Asís» Obra realizada por Antonio Carnicero entre 1787 y 1789. Museo del PrADO (www.museodelprado.es) Cuando Carlos III encomendó a José del Castillo que pintase los cartones que debían de servir para la realización de los tapices que decorarían las habitaciones particulares de la Princesa de Asturias en el palacio de El Pardo, Castillo solicitó la colaboración de Carnicero. Al decidir la Real Academia Española hacer una edición nueva de El Quijote, solicitó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que se encargase de que las ilustraciones fuesen realizadas por aquellos artistas más cualificados que deseasen trabajar en dicha obra. Entre ellos se encontraba Antonio Carnicero, quien realizó veinte láminas, veinticinco cabeceras y quince remates de página. Al mismo tiempo que hacía los dibujos para el Quijote, a Carnicero se le encomendó que trabajase en la colección que encargó la Casa Real sobre trajes regionales. Aportó siete dibujos, correspondientes a las Islas Baleares. «Encuentro de D. Quijote y Sancho con las tres labradoras de El Toboso» Ilustración de Antonio Carnicero. (www.eurpeana.eu) La ingeniería aeronáutica había logrado por entonces que un globo pudiera ser tripulado, y se quiso que el primer experimento que se efectuara en España fuese ante los reyes, cuando se encontraban en el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, el 23 de noviembre de 1783. La Casa de Osuna debió de ser la que encargó a Antonio Carnicero que plasmase en un lienzo el acontecimiento. «Ascensión de un globo Montglofier en Aranjuez» Lienzo de Antonio Carnicero. Museo del Prado. (www.museodelprado.es) Colaboró en la elaboración de telones y bastidores para obras teatrales y en las decoraciones de los teatros de los Caños del Peral, del Príncipe y de La Cruz en el año 1784. En 1788, Carlos III, con motivo de la creación de la Real Estampería, solicitó la realización de retratos de Personajes Ilustres, y nuevamente Antonio Carnicero colaboró ejecutando los de Alonso de Ercilla, Juan de Ferreras, Juan de Urbina, Álvaro Bazán, Sancho Dávila, Diego Mesía Guzmán y José Patiño, asimismo ejecutó los retratos de los reyes Enrique el Magnífico de Castilla y León, Pedro de Castilla y León, Juan de Castilla y Felipe IV de Castilla. En 1790 es Antonio Carnicero el primer artista que realiza un documento gráfico de costumbres, vestimentas y faenas que se podían contemplar en una tarde de toros, y así recopiló, en doce láminas, las diferentes suertes de que constaba una corrida. De esta Tauromaquia, surgieron posteriormente otras muchas —incluso la de Goya es inspiración de ésta. El 16 de abril de 1796 solicita a Carlos IV la plaza de pintor de cámara y entra a formar parte de la plantilla de pintores de cámara de Su Majestad. Deseosos los monarcas de tener recopiladas en un tratado las enseñanzas del deporte de la hípica, que sirviese para el aprendizaje de sus hijos, es Antonio Carnicero el encargado de su ejecución, realizando once láminas, una portada y un dibujo que representa la anatomía de un caballo. «Vista de una corrida de toros» (www.europeana.eu) El 2 de diciembre de 1801 el rey le otorga la plaza profesor de dibujo y diseño del Príncipe de Asturias y de sus hermanos los infantes Francisco de Paula y Carlos María Isidro. Sospechoso de estar implicado en el llamado “Proceso de El Escorial” (1806), Carlos IV ordena que ingrese en la cárcel, pero al poder demostrar Carnicero su inocencia, el soberano dicta su puesta en libertad. No obstante, es apartado de su puesto hasta el 11 de febrero de 1808, cuando vuelve a ocupar su plaza de pintor de cámara. De este mismo año son los retratos de Fernando de Borbón encomendados por el Ayuntamiento de Madrid y la Real Academia de la Historia para el día de su “aclamación”. Carnicero siguió prestando sus servicios como pintor de cámara de José Bonaparte aunque no fuese adicto al gobierno intruso. A pesar de que la primera medida que toma Fernando VII, a su regreso a España, es la de destituir de sus puestos de trabajo a todo el personal de la Real Casa que hubiese prestado sus servicios al gobierno impuesto por Francia, el rey considera varios supuestos e indica que a aquellos que “por necesidad económica, hubiesen seguido en sus puestos, pero sin dar señales evidentes de acatamiento, se les dejaría en el mismo puesto, pero sin modificarles el sueldo”. Esta orden no se puso en ejecución hasta el 29 de agosto de 1814 y Antonio Carnicero no pudo disfrutar de la gracia otorgada por el Rey, al haber fallecido el 21 de ese mismo mes. CARPIO, Bernardo del Héroe de un cantar de gesta perdido, del que sólo se conocen una versión francesa y otra castellana, en prosa, de los siglos XII y