Entrevista con Pepe, propietario de la cervecería “Sanatorio de Toreros”

Hoy estamos con Pepe responsable del negocio de restauración “Sanatorio de Toreros” de Villamayor. Ubicado en la calle horno esquina con la calle San Miguel.

¿Cuál es tu nombre y por qué le pusiste este nombre tan curioso al negocio?

Mi nombre completo es José Luis Martín Daza, y a mucho orgullo. El nombre del establecimiento se quedó corto. Iba a ser Sanatorio de Toreros y Casa de Socorro, lo que pasa que era mucho cartel y lo corté. El compañero que me enseñó a trabajar, cuando no existían los teléfonos móviles y la gente llamaba a reservar en aquel restaurante donde trabajaba en El Corrillo, siempre contestaba así al teléfono. Falleció hace unos años tristemente y, bueno, quería hacerle un homenaje. Y que yo siempre contesto así al teléfono, para qué nos vamos a engañar.

La idea de abrir el negocio en Villamayor ¿Cómo surgió?

Venía de llevar restauración en centros penitenciarios y, por circunstancias personales y que siempre tienes la misma clientela todos los días, llega un momento que aquello se estancó. Y como siempre tuve ganas de coger este local, que de hecho tuve firmado el alquiler antes de irme, me dije “bueno vamos a montar aquí una cosa diferente en el pueblo”.

¿Entonces vivías en Villamayor?

Sí, desde 2003 y el negocio lo he abierto en diciembre de 2024. Antes tuvimos un bar ahí abajo, el restaurante “La Terraza”. Hacíamos la competencia a Antonio todo lo que podíamos y más. Hasta hablábamos mal de él, incluso (bromea). Entonces estaba Elena Diego de alcaldesa. Ahí estuvimos durante 11 años, muy bien la verdad. Ahora es la ampliación del centro médico, centro sanatorio. Al final, todo va relacionado. Allí monté yo el bar. No había nada. Eran dos solares y luego han puesto dos empresas al lado que ahora funcionan muy bien, SACYL y Correos, que gracias a mí han levantado un imperio (se sonríe).

Antes del Sanatorio de Toreros ¿Qué había en este local?

Había un parque infantil y, bueno, ahora sigue siéndolo, de momento (con guasa). Sigue siéndolo por el tipo de clientes que, básicamente, son jóvenes, muy jóvenes para mi gusto. Y así monté el negocio, para el esparcimiento de la gente joven, algo diferente. Porque aquí, al final, los bares no dejan de ser bares, pero los muchachos de 12 a 16 años en invierno, que hace malo, que no te puedes ir a Salamanca, porque no tienes edad para poder irte, pues que tengan un sitio donde venir a jugar al billar, al futbolín, a los dardos. En definitiva, que puedan juntarse.

De hecho, antes había otro establecimiento que cerró hace años, el pub Mistyca, donde también iban los jóvenes.

Y allí no te encontrabas rangos de edad como confluyen aquí, niños de nueve años con otros de 16 jugando al futbolín. Es un poco diferente, es otro concepto.

¿Has hecho alguna reforma en el local últimamente?

Sí, hemos ampliado un poquito la barra y cambiado la grifería, por darle un poco más de amplitud al local. Hemos puesto unos biombos de separación para que los padres no sepan lo que hacen los hijos. Y una pantalla más, que ya está rota.

¿Estás contento con el resultado?

Sí, la respuesta ha sido brutal, de más quizás. Yo esperaba menos. Agradecido porque al final de lo que se trata es de trabajar. Lo que ocurre es que a mí me ha superado un poco la cantidad de gente que confluye.

¿Qué hace que este negocio sea diferente del resto?

Aparte de, evidentemente en la estética, que no da la sensación de un bar de los 90, porque el resto de locales creo que se han quedado un poquito atrás. Lo que viene siendo la ornamentación, la decoración de un bar moderno. Y la diferencia es eso, darle un servicio a un grupo de gente que no tenía dónde ubicarse, aparte de Casjuvi (Casa de la juventud), pero quedaba un poquito escaso. El caso es mover un montón de gente. Si mueves a los chavales, al final los chavales mueven a los padres. Se trataba de mover ese grupo de gente que estaba un poquito en el aire y que no puede ir a Salamanca porque tienen 16 años y los padres no les dejan ir, evidentemente. Están aquí recogiditos y, al final, vienen sus padres. Se trataba de darle un aire diferente a lo que ya había.

¿Algún producto que destaque de tu negocio, que tenga más demanda?

Sorprendentemente las cervezas de importación. Yo pensé que a la gente le iba a costar pedirlas: una franciscana, una spaten, una brune, etc. Me ha dejado impactado. Los chavales jóvenes ahora viajan mucho, van a Bélgica y conocen sitios. Conocen las cervezas y las piden. Antes tenía 4 y ahora tengo 8 cervezas diferentes de barril. Y en botella tenemos casi 40. La Salve es la marca principal, la marca de la cerveza lager, la caña normal para el alterne, pero el resto es cierto que salen todas. La Salve en Salamanca la vas a encontrar poco, pero es la cerveza que bebo y está bien buena. Era apostar por hacer algo distinto y darle un aire diferente al negocio. Y, al final, aunque no era el negocio principal, he ido ofreciendo variedad de pinchos. Porque la gente viene aquí a alternar y estar a gusto. Es más un centro de reunión que de comida. Porque nosotros no tenemos cocina como tal, estamos limitados. Yo no puedo poner pinchos calientes al momento. Nos hemos tenido que adecuar a lo que había.

¿Alguna anécdota curiosa?

Lo que me impactó fue la noche de Nochebuena que estábamos recién abiertos, con la barra mucho más pequeña. Y me llamó mucho la atención la cantidad de gente que había. Estaban mis hijos echándome una mano, mi mujer, mi cuñada y mi sobrina, y llegó un momento que nos quedamos sin hielo. Cuando se enteraron los chavales de las peñas fueron todos a sus peñas a traer hielo para seguir tomando aquí unas copas. Mis hijos flipaban. Podían haberlo tomado en su peña, no, no, no, el hielo para acá. Y nos dejaron una montaña de hielo impresionante. A mí eso me impactó. Uno de mis hijos decía “papá, que siguen trayendo hielo”, “eso es señal de que no se quieren ir” le decía yo.

¿En aquel momento pensarías que estabas acertando con el negocio, no?

A ver, esos muchachos eran clientes nuestros del bar de abajo cuando eran niños. Tenían 9, 10, 11, 12 años; iban a ver los partidos de fútbol. Teníamos una pantalla gigante y llegaban allí los padres.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Mi trabajo es muy entretenido. Al final, estoy con un montón de gente diferente, que te aporta siempre su comentario, sus experiencias. A mí me parece un trabajo muy divertido. Es cierto que tienes que estar sábados y domingos, cuando la gente disfruta, pero yo me lo paso muy bien con ellos. Tengo una relación fantástica con casi todos. No puedo decir otra cosa. Cada día es diferente, no sabes lo que te va a entrar por la puerta. No es como un trabajo monótono de oficina que está ahí sota, caballo y rey. Cada personaje que entra te cuenta sus cosas.

¿Qué horario tienes y qué día descansas?

Descansamos los jueves ahora en invierno, en verano los domingos. En invierno abrimos por la tarde y, en verano, creo que abriremos mañana y tarde como hemos estado haciendo.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos que has tenido que afrontar?

Que mi mujer me dijo que había cogido un local que no iba a ser capaz de aguantarlo. Lo que te cuentan de que todo son facilidades y que es muy bonito montar un negocio en el pueblo, es mentira. Que sólo te pongan problemas, que no te lo facilitan ni te lo aceleran. Al final abrí porque ya me cansé, tenía que comer, tan sencillo como eso. Tuve que firmar una declaración. Abrí y a los 15 minutos tuve una inspección. Vaya puñetera casualidad. Vino el teniente de la Guardia Civil de Santa Marta a pedirme papeles, a los 15 minutos de estar abierto. Entonces, facilidades ninguna. Y, al final, tengo que darle la razón a mi mujer de que se me iba a ir de las manos. Yo no quería tanto, con mis diez o doce clientes era suficiente. Yo quería una cosa tranquilita.

¿Cómo te relacionas con la comunidad de Villamayor y en qué participas?

Estoy de directivo en el club de fútbol Villamayor, pertenezco a la directiva de la asociación de veteranos de Villamayor, tenemos una asociación de club de pádel en la que también estoy y en un club de voleibol, que nadie sabe que hay un club de voleibol en Villamayor, y también colaboro con ellos. Yo con todo lo que sea aportar, me da igual. No le digo que no a nadie, siempre cosas legales, claro.

Durante la pandemia, aquí no, pero en el negocio anterior ¿Cómo lo viviste?

Lo viví en la prisión, porque estaba allí trabajando y éramos servicios esenciales. Es una cafetería, abríamos por la mañana de 8 a 16 horas y durante la pandemia tuvimos que cerrar cuando había que cerrar y, lo pasamos regular.

¿Algún plan de futuro para el negocio?

Me gustaría poner alguna máquina más, de tipo Arcade, cosas un poquito retro para que gente ya de mi edad nos sentamos un poco más a gusto. Hay un par de cosas miradas que, si todo va bien, antes de que acabe el año las tendremos puestas. Es un tema más de ocio, porque el local creo que ya no lo voy a renovar ni retocar nada más. Bueno, mejorar el mobiliario todo lo que se pueda. Tengo en la terraza más mesas de las que quisiera. La calle es peatonal y no me ponen furgonetas ni nada enfrente.

Para este tipo de negocio ¿te inspiraste en algún otro?

Sí, hay locales que me han gustado siempre. Son niveles a los que no llego. El Capitán Haddock, que me parece una cosa muy bonita, el O’Hara’s, que está hecho con mucha finura y, luego hay una cervecería que era el Don Nicolás, y que se llama O’Brady’s a donde debería ir todo el mundo a verla. La lleva el hijo de Atilano y la ha dejado muy pero que muy bonita. Hay otra en Van Dyck que se llama Slainte, muy bonita también, con ventiladores, está justo enfrente de La Goleta. Y otra en el parque de Garrido que está hecha con mucho gusto, pero no llega a esto. A mí me gustan mucho las cervecerías, me parecen una cosa diferente.

Cuéntanos tu experiencia con un negocio de restauración dentro de la prisión.

Estuve casi once años. Fue una experiencia para mí que me dejó impactado. La oportunidad surgió sin querer. Varios  comerciales me dijeron “sale aquello”, “mira a ver, que funciona». Os voy a contar algo muy curioso y que no sabe mucha gente. Cómo entré en prisiones. Yo me presenté a la licitación, eso va con dos meses de antelación. Se acaba el plazo y, de repente, un día de diario que yo estaba con el negocio que tuve más abajo, entran dos parejas, una más mayor y la otra más joven, con acento andaluz. Eran más de las tres de la tarde y ya se habían ido los cocineros pues nosotros llevábamos menús de obreros. Entran para comer de menú y les dije que sólo les podría poner algún pincho. El caso es que una de las cuatro personas a mí me sonaba. Bueno, comieron unos pinchos y dijeron que la siguiente semana volverían a comer. Y entonces, le dije a mi mujer “ostras, estos son los de la prisión”. Eran los cargos más altos: el director, el subdirector, la administradora,… Debían de estar probando la comida de todos los que nos presentábamos a la licitación. Y volvieron a la semana siguiente, un poco antes. Estaba la cocinera, les dimos de comer y cuando les fui a cobrar me dijo Carmen, la administradora, “no sé si te acuerdas de mí, que me dejaste los papeles”, “mira te voy a presentar, este es el director de la prisión, el subdirector,…”, “hemos visto que te has presentado para llevar la cafetería de la prisión”. Yo les pregunté si habían comido bien. Al mes salió la concesión y nos la dieron. Después renovamos dos veces más.

¿Qué harías en Villamayor si fueses alcalde?

En las edificaciones nuevas fomentar la ubicación de locales para que haya empresas y facilitar que todo el mundo tenga la capacidad de tener un sitio donde montar su negocio, que Villamayor no lo tiene. Villamayor sólo tiene dos calles con locales. Creo que aquí se están equivocando mucho en eso. Sobre todo ahora que se va edificar mucho. Ya pueden preparar locales y acondicionarlos para dotarlos de servicios, si no, la gente se va a marchar.

¿Cómo llamándose Sanatorio de Toreros no hay ni una foto de temas taurinos?

No vas a ver ni fotos de toros ni fotos de equipos de fútbol. Nada más que no sea el de Villamayor porque no creo que eso fomente que venga o deje de venir gente. Esto es un bar como club social, viene el que quiere y habla de lo que quiere. Yo no me puedo complicar la vida con eso. El nombre lo puse por mi amigo Rafa, que en paz descanse, pero el resto me da igual. Pueden venir taurinos, antitaurinos, del Madrid, del Barça, del PP, del PSOE, de Podemos,… Aquí no verás ningún símbolo de nada porque no los comparto. Aquí el que entre que sea porque le gusta, que disfruta y que vea que el ambiente es saludable, lo demás da igual. Yo me llevo muy bien con todo el mundo y soy pelirrojo, que nos han hecho mucho el corrillo. Nos llamaban “zanahorios”, “oxidados” y “pecosos”. No hay que hacer ninguna exaltación de nada, que al final la gente se junta porque quiere y porque está a gusto.

 

Ha sido un placer poder conversar con Pepe, incluso con cierta ironía en alguno de sus comentarios, pero siempre con buena intención. Hemos pasado un buen rato escuchando de forma tan divertida lo que nos ha relatado de su trayectoria profesional.

En palabras de Albert Einstein «Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro del universo».