CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (26)

LA REPOBLACIÓN DE SALAMANCA

Como ya hemos reseñado en pasados artículos la provincia salmantina no llegó a despoblarse por la llegada de los musulmanes a la península y la conquista posterior  de prácticamente todo el territorio. Comunidades de campesinos, principalmente, permanecieron en las zonas habitadas y los sucesivos intentos de repoblación por parte de la monarquía astur-leonesa no hacían más que afianzar zonas que sirvieran de defensa de los territorios conquistados por los reinos cristianos.

Sin duda estas comunidades tendrían que disponer de unas estructuras administrativas, económicas y judiciales.

El monarca Alfonso VI había reunido bajo su corona los reinos de Galicia, León y Castilla (no vamos aquí a entrar si lo había conseguido con mejores o peores artes, si la traición de Vellido Dolfos y la posterior toma de Zamora fue una leyenda o si la toma de juramento en Santa Gadea fue un capricho de Rodrigo Díaz de Vivar) y quiso consolidar los territorios de la Extremadura del Duero a base de crear plazas estables y bien defendidas.

Estatua de Alfono VI, de F. Corral (1753) ,

ubicada en los Jardines de Sabatini (Madrid)

(www.es.wikipedia.org)

Para ello contó con el apoyo de personajes de los diferentes reinos cristianos peninsulares y de más allá de los Pirineos, como fue el caso del conde don Ramón o Raimundo, hijo de Guillermo I de Borgoña, que se instaló en la corte y contrajo matrimonio con la hija del rey, Doña Urraca. Tomó parte de varias campañas contra los musulmanes y le fue encomendada la repoblación de la amplia franja de terreno al sur del Duero, denominada la Extremadura.

El proceso inmigratorio se alimentará básicamente de contingentes procedentes de las regiones más septentrionales del reino castellano-leonés. Contingentes entre los que habrá que diferenciar, por una parte, los elementos militarizados recién llegados que se suman al grupo de los caballeros que se ha ido configurando tiempo atrás como exigencia y respuesta a los peligros de la frontera. Por otra parte los nuevos aportes campesinos atraídos a estas regiones por los privilegios contenidos en los fueros de la repoblación que garantizan, al menos parcialmente, la independencia y la libertad frente al avance de la feudalización.

Fernando Araujo en su obra “La Reina del Tormes” refiere, en el artículo dedicado a la repoblación de la ciudad salmantina, que tras la toma de Toledo (1085) “no se hizo esperar para nuestra ciudad el ansiado día de la restauración; encomendada antes de 1102 esa repoblación y custodia, nada menos que al famoso Conde D. Ramón de Borgoña, esposo de la Infanta primogénita de Castilla y León, Doña Urraca, asistido de infanzones tan ilustres como el Conde D. Vela de Aragón, D. Fruela de León, D. Martín Fernández de Toro, D. Pedro Arias Aldava y otros, y puesto al frente de la Diócesis al no menos justamente celebrado D. Jerónimo Visquio, inmortalizado en crónicas, poemas y romances como asiduo consejero y ayudador del magnánimo Ruy Díaz de Vivar…”.

Miniatura medieval que representa a D. Raimundo de Borgoña

(www.es.wikipedia.org)

Villar y Macías, en su “Historia de Salamanca” especifica que D. Ramón de Borgoña trajo “para poblar a Salamanca, gente de diversas naciones o náturas. Vinieron los francos, siendo su caudillo D. Giral Bernal, progenitor de los Bernales de Salamanca… De las montañas de Asturias y León vinieron los llamados serranos; y al frente de ellos D. Fruela de León, progenitor de los Flores… Del antiguo Condado de Castilla vinieron los castellanos, con el Conde D. Vela de Aragón; de él proceden los Rodríguez de las Varillas… Los bregancianos trajeron de jefe a D. Pedro de Anaya, progenitor de los Anaya; y los portogaleses, con D. Godino de Coimbra, de quien descienden los Godínez, duques de Tamames y los condes de Santibáñez. Los Toreses, con el Conde D. Martín Fernández. Los mozárabes ya existían en Salamanca, fueron los únicos cristianos que la ocuparon durante la dominación sarracena… Hubo otro clase, si no de repobladores, por los menos de moradores de Salamanca, que coexistirían ya con los mozárabes, y eran los judíos”.

La primera noticia que existe de la nueva y definitiva repoblación de la ciudad de Salamanca procede de la “Primera crónica general de España” de Alfonso X (obra escrita dos siglos después de estos acontecimientos) y la sitúa en el marco de la repoblación de toda la Extremadura del Duero.

Según esta crónica el rey Alfonso VI, en el año 1075 “pobló la Extremadura y las ciudades y villas que estaban despobladas y como yermas. Y las que pobló este rey Don Alfonso fueron estas: Salamanca, Ávila, Medina del Campo, Olmedo, Coca, Yscar, Cuéllar, Segovia, Sepúlveda”.

Sin embargo hasta los años 1102 y 1107 no hay constancia documental de esta repoblación.

Doña Urraca I de León, miniatura medieval.

(www.es.wikipedia.org)

Existen de estos años dos escrituras de donación al obispo de Salamanca, Jerónimo Visquio de Perigord.

La primera escritura de ellas, otorgada por don Raimundo de Borgoña  y su mujer, Doña Urraca, pretende sentar las bases materiales para la restauración de la sede episcopal salmantina mediante una importante donación de tierras y rentas y la concesión del poder jurisdiccional propio de la autoridad episcopal. Para ello somete a la autoridad del obispo Jerónimo todas las iglesias y clérigos de Zamora y Salamanca, así como una serie de villas ocupadas por el conde. Además se le adjudica la tercera parte de todos los censos y rentas de la ciudad: portazgo, montazgo, multas judiciales o el diezmo de todos los frutos. Todo ello se completa con la concesión de un barrio situado fuera de la ciudad (entre la puerta del río y el curso fluvial, a la izquierda del puente) y la entrega de varias aceñas, pesqueras, tierras agrícolas y un huerto situado a la izquierda del Tormes.

La segunda de las escrituras data de 1107 y a través de ella el rey Alfonso VI confirma todos los términos de la donación anterior.

Estos documentos nos ayudan a comprender el proceso repoblador, no como un acto singular y aislado, sino como parte de un proceso de integración política y social que se había puesto en marcha mucho antes de las fechas de los citados documentos. Y es que refieren hechos constatables con anterioridad que  implican la existencia de una organización económica, de un sistema fiscal y de una administración de justicia ya existentes: ocupación de aceñas, pesqueras o tierras de cultivo, referencias al portazgo, al montazgo o a las multas judiciales, a la concesión del tercio o del diezmo de los productos.

Es necesario, por otro lado, reseñar el papel que esta nueva repoblación otorga a la ciudad de Salamanca. Con anterioridad, la repoblación del siglo X presentaba a la ciudad en pie de igualdad con Ledesma, Ribas, Baños o Alhándiga. Ahora Salamanca aparece como el centro en torno al cual se articula todo el territorio del curso medio del Tormes: es el primero en ser repoblado y se instaura la antigua sede episcopal, otorgándole la categoría de “civitas” (ciudad) y dándole  un papel de preeminencia.

¿Por qué sucedió esto?

Hay varios factores que lo favorecieron: la propia situación de la ciudad (baluarte natural, al estar ubicada sobre la elevación del río) o la existencia de una vía de comunicación e intercambio entre zonas productivas diversas y complementarias (la margen izquierda del río se muestra apta para la ganadería y en la margen derecha se encuentra una de las áreas agrícolas más productivas: la Armuña)  sobre uno de los tramo fluviales más fáciles de vadear (recordemos que ya Roma construyó sobre el antiguo vado un puente por el que pasará la calzada de la Plata y realzó la situación de Salamanca). El primer factor (baluarte natural ubicado sobre el río Tormes) también lo tenían Ledesma y Juzbado, por poner ejemplos de poblaciones cercanas, pero no los demás.

Los vínculos entre las aldeas del territorio y la ciudad se irán estrechando a medida que ésta va consolidando su protagonismo, asumiendo funciones rectoras del territorio y originando una incipiente organización concejil.

Es muy probable que el proceso repoblador se materializase en Salamanca en un acto jurídico de suma importancia, como es la concesión del fuero (ordenamiento jurídico particular que regula la vida interna del concejo), otorgado por el monarca a finales del siglo XI.

El fuero de Salamanca, como tal, no se ha conservado, si bien, cotejando otros de ciudades similares (Sepúlveda, por ejemplo) podemos constatar que era un reconocimiento a la especificidad de los usos y costumbres que se habían ido desarrollando y que pasarán a formar parte de la organización política y social del Reino de León.

Puede que el citado fuero estableciera los fundamentos de la organización concejil con Salamanca como cabecera de un amplio territorio o alfoz que limitaría al norte con los alfoces de Toro y Zamora, al este y sureste con el alfoz de Ávila, por el oeste se difuminaría con el de Ciudad Rodrigo y por el sur (salvo Béjar que estaba integrada en el alfoz de Ávila) quedaría abierto  a la expansión hacia la Sierra de Béjar, Peña de Francia y Sierra de Gata.

Posiblemente quedarían esbozadas las líneas de evolución social, particularmente en lo que se refiere a los caballeros (futura aristocracia urbana), que desde el siglo XIII comenzarán a controlar las instituciones concejiles hasta llegar a monopolizarlas.

Estatua de Jerónimo de Perigord,

ubicada en el puente de San Pablo (Burgos)

La restauración de la antigua sede episcopal viene  reforzar el papel de la ciudad. La importancia que le otorgan tanto el monarca como el conde Don Raimundo de Borgoña a la recién repoblada ciudad da idea el hecho de que se nombrase titular de la sede salamantina a Jerónimo Visquio, uno de los obispos más prestigiosos de la época y que había ejercido la labor episcopal en Valencia hasta el año 1102.

De esta forma Salamanca (centro político de todo el territorio suroccidental de la Extremadura, sede episcopal y bastión protector de la ruta de la Plata) constituirá junto con Segovia (vigilante del paso de Navacerrada) y Ávila (protector del paso de Guadarrama) la triada de grandes centros fortificados que asegurarán la frontera y el control de los pasos montañosos por los que se habían ido produciendo sucesivas incursiones de tropas musulmanas, por los que  transitan mercaderes y mercancías para comerciar entre al-Andalus y los centros leoneses y por donde se ampliarán las rutas de trashumancia de los ganados hacia las zonas calidas de las riberas del Tajo y del Guadiana.

El núcleo urbano más primitivo parece que se configuró sobre un núcleo antiguo que ya había sido lugar de asentamientos sucesivos: prerromano, romano y musulmán. Este núcleo estaba situado entre dos depresiones que eran cauce de sendos arroyos. Entre estas depresiones un muro reforzaría la posición de la ciudad sobre el río, cerraría el lado este por San Pablo, Cuesta de Carvajal hasta la Puerta del Sol (confluencia de las calles Rúa y Palominos), continuaría paralelo a la calle Serranos y cerraría la ciudad por el oeste sobre la depresión de la Vaguada.

En este pequeño recinto se instalaron los centros de poder. En la parte occidental se asentaban el poder político y militar donde se alzaban el castillo viejo y el alcázar y la zona militarizada, los caballeros serranos (que dieron lugar a la actual calle de Serranos). En la parte oriental se asentaba el poder eclesiástico materializado en la Catedral de Santa María y en la residencia episcopal; junto a ellos se situaba el barrio de los francos (que habían acompañado a Raimundo de Borgoña y al obispo Jerónimo) y el “azogue” viejo o mercado (al lado de la catedral).

El recinto amurallado no debió englobar a la totalidad de los habitantes de la ciudad. Sus muros ofrecían protección a la élite (nobleza laica y eclesiástica y al grupo económico embrión de la aristocracia urbana) pero en los arrabales se aglomeraría una población de campesinos y artesanos que pronto exigirían la protección de las murallas, tal y como lo hace constar el propio fuero. Pero cuando el nuevo muro se construyó los viejos muros siguieron dividiendo espacios y marcando las diferencias económicas y sociales existentes en la ciudad.

Tal y como señala F. de Araujo: “Todos y cada uno de los grupos que estaban asentados o llegaron a la ciudad se dedicaron a levantar templos o a restaurar otros existentes. Los francos levantaron San Cebrián, San Sebastián o San Isidoro; los gallegos, San Benito,,,; erigieron los portogaleses a San Esteban y San Polo; construyeron los bregancianos a… San Román,…; fabricaron los los serranos San Bartolomé,…; levantaron los castellanos a Santo Tomé, San Boal, …; edificaron los toreses a San Julián, San Cristóbal y San Martín; … alzaron los poderos Condes repobladores, la magnífica iglesia de Santa María la Mayor”. “Todas las citadas iglesias, en número de treinta y cuatro, figuran en el Fuero… Todavía con ser tantas, no se piense que fueron las mencionadas parroquias las últimas que contó Salamanca, pues agregando a ellas las erigidas en tiempos no muy posteriores, llegan a contar, si bien no simultáneamente, el increíble número de 49. Las no incluidas en el Fuero son las siguientes: la Santísima Trinidad y San Esteban ultra-pontem en la colación de los mozárabes; …, Santa María Magdalena, San Marcos y Sancti-Spíritus en la de los castellanos y toreses; San Ildefonso … en la de los bregancianos; San Vicente en la de los gallegos; Santo Tomás Cantuariense en la de los portugaleses; …, San Millán en la de los serranos y San Blas en la de los gallegos”.

 Salamanca en la Baja Edad Media, con la Cerca Vieja y las nuevas murallas.

Plano de M. González García (“Salamanca: la repoblación…”)

(www.salamanca2011.blogspot.com)

Por su parte, Villar nos señala que “hubo otra clase, si no de pobladores, por lo menos de moradores de Salamanca, que coexistirían ya con los mozárabes, y eran los judíos… Tuvieron aquí dos sinagogas y alberguería y habitaron el distrito de los serranos dentro de la ciudad, y afuera contiguo a él, en parte del comprendido entre la Puerta de los Milagros y del Río; alguna calle tomó el nombre de uno de sus moradores, como la del judío Uguero, paralela a la de San Gregorio, y va a la cuesta del Alcázar… En el Corral de San Marcos, residieron también algunos, al amparo de los capellanes reales”.

Para la realización del presente artículo se han tenido en cuenta los siguientes documentos:

– “La repoblación de los territorio salmantinos. Las repoblaciones del siglo XII”.  MÍNGUEZ, J.M. correspondiente al capítulo I de HISTORIA DE SALAMANCA II  (coordinador J.M. Mínguez, director  J.L. Martín), edita Centro de Estudios Salmantinos. 1997

– “La reina del Tormes. Guía histórico-descriptiva de la ciudad de Salamanca”. ARAUJO. F. Caja     de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca. Salamanca, 1984

– “Desde la repoblación a la fundación de la universidad. Capítulo Primero. Historia de Salamanca. Libro II”. VILLAR Y MACÍAS, M.  Salamanca, 1887

– “Salamanca en la Baja Edad Media”. GONZÁLEZ GARCÍA, M. Ediciones Universidad de Salamanca, 1982

 

 

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