(Anti) franquistas

A fecha de hoy, uno de enero de 2016, paseas por los piornales de los tesos, pegas una patada a una piedra y te sale un antifranquista con credenciales democráticas de toda la vida. Y el muy cabrón tiene menos de cincuenta años. Hay que ver la precocidad de los actuales antifranquistas que todavía mamaban de la teta de su madre cuando ya luchaban denodadamente contra la bestia franquista. Individuos nacidos después de 1960, cuando aquí ya no se pasaba hambre y el socialismo había instaurado la seguridad social, las pensiones de jubilación y viudedad, el SOVI, el salario mínimo interprofesional, las viviendas sociales (eso sí, con el yugo y las flechas en la fachada), las pagas extras de Navidad y del 18 de Julio, enseñanza gratuita y obligatoria, el primer estatuto de los trabajadores… Todo eso es lo que la progresía al uso pregona a los cuatro vientos que han hecho por este país, quienes pretenden ganar una maldita guerra civil que perdieron hace casi 80 años. Guerra que perdieron por ineptitud de los políticos, no de los militares de carrera republicanos, otra cosa son los Campesino, Lister y compañía. ¿Por qué no se obsesionan en ganar también las guerras carlistas, guerras civiles, del siglo XIX? ¿Qué les parece si reivindican también la victoria sobre las tropas imperiales en la rebelión comunera?
La tozuda realidad es que los logros sociales, sí, logros sociales, enumerados anteriormente no los consiguieron comunistas al servicio del Komintern ni socialistas de medio pelo viviendo como reyes (tan republicanos ellos) en el exilio mejicano o francés. Siempre reconoceré la trayectoria de gente como Marcelino Camacho y algunos más (no podría enumerarlos a todos) que se dejaron la vida por lograr mejoras laborales. Lo que no se puede es engrandecer a individuos como Carrillo o la Pasionaria, traidores a los postulados que defendieron con honor y gallardía muchos hombres y mujeres a los que vendieron por un plato de lentejas. ¿O es que Carrillo y Pasionaria no se vendieron por un plato de lentejas?, bueno, vamos a dejarlo por un sueldo bien pagado en el Congreso español y una pensión que para sí la hubieran querido los jubilados de su misma edad. Jubilados que, por cierto, en la mayoría de los casos, habían trabajado más duro y con más precariedad económica que estos dos pájaros de cuento. Gente que se dejó bastante más que el sudor en la tierra, en las obras, en los talleres. Gente sencilla que creyó en un futuro sin fusiles, sin barricadas, que creyó en el trabajo para dar un futuro a sus hijos, a sus nietos. Gente harta de beber vino agrio, gente harta de rojos y azules, en fin, gente que quería vivir.
Volvamos a la zorra realidad: cuatro iluminados tratan de instruirnos como si una gran parte de la población de este País fuéramos analfabetos. Si, por ejemplo, yo necesitara consejo sobre la vida, recurriría a mis abuelos, a mis padres, pero ¿a alguien sin callos en las manos o que no se haya sentado en el poyo de la puerta disfrutando del atardecer?, ni de coña. Hace muchos años aprendí que quien me paga un sueldo ha de ganar más que yo y sí quiero ganar más que él, habré de trabajar más, o ser más listo, o arriesgar más que quien me paga.
Si la gente de mi generación aprendimos a trabajar, a jugar a las cartas o dominó con quien nos sacaba muchos años, ¿cómo es posible que cuatro niñatos nos quieran enseñar ahora cómo ha de ser la tierra que nos dejaron nuestros abuelos, el país por el que lucharon a bayoneta y que en 1977 nos dejaron meridianamente claro que 1931-1939 ya quedó muy atrás? ¿Quiénes somos nosotros, que nunca estuvimos en las trincheras con la bayoneta calada, ni en los cerros disparando, para poner en duda el pacto que hicieron nuestros mayores sobre los muertos de unos y otros que yacen en trincheras y cunetas? Hay muchos más en Francia, Bélgica, las estepas del este de Europa. Pero aquí no se puede olvidar.
A mediados del siglo XIX hubo una guerra civil en EEUU, no fue por la liberación de los esclavos como le gusta decir a la progresía al uso: se jugaban intereses comerciales y el presidente Limcon promulgó la famosa ley antiesclavitud por razones políticas, es historia. Pero en EEUU no se tiraban en cara si uno era sudista o yanqui 60 años después. En los estados del sur siguieron colgando a los negros durante muchos años, ¿qué hicieron los antiesclavistas norteños que habían ganado la guerra al parecer por liberar a los esclavos?. Nada. El espíritu de Limcon era algo así como grito del búho en una cárcava. Nada. Exactamente igual que los antifranquistas de nuevo cuño, nada. Les importaba una mierda que colgaran a un negro en el Misisipi, al igual que ahora, asumido el poder les importa un huevo duro lo que le pase a los parias de la tierra. ¡Salud camaradas!, pero si hay que ir a las trincheras saltáis vosotros los primeros y no os despistéis, las ametralladoras están ahí enfrente. ¡Saltad camaradas, vosotros primero! Luego vamos los demás.
José Antonio Velasco Mendo.

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