CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (44)

EL SABER NO OCUPA LUGAR, PERO TIENE PODER

(Los inicios de la Universidad de Salamanca)

La reconquista de Toledo por Alfonso VI (año 1085) supuso una importante seguridad para las tierras del Duero y, por consiguiente, para su repoblación. Concretamente el rey encargó esta tarea para Salamanca a su propio yerno, el conde D. Raimundo de Borgoña (casado con Doña Urraca).

El año 1102 el conde y su esposa concedieron al obispo D. Jerónimo jurisdicción sobre iglesias y clérigos de Salamanca; posteriormente comenzarían las obras de construcción de la catedral (iglesia donde tener su cátedra y su sede).

Catedral vieja de  Salamanca

Vista de las tres naves y el retablo de la cCtedral vieja de Salamanca

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En el año 1179 se celebra el III Concilio de Letrán que ordena se dé beneficio al maestro que enseñe gratis a los clérigos y escolares de la catedral. Más tarde, a partir del IV Concilio de Letrán, el papa Inocencio III ordenaría que la catedral nombrara un maestro que esté al frente de las escuelas y de esta manera se pone al frente al magister scholae (maestrescuela).

En la escuela catedralicia de Salamanca destacaron en un primer momento nombres como don Fruela (maestrescuela), don Pedro Pérez (arcediano) o los maestros Venegas y Martín. Todos influyeron en la formación y desarrollo de la escuela catedralicia.

A lo largo del siglo XII, junto al maestrescuela, encontramos a los preceptores (ayudantes) y a los maestros. Se puede constatar que a principios del siglo XIII existe una escuela catedralicia dependiente del cabildo.

Aunque Santiago, la metrópoli de la que dependía la diócesis salmantina, era más rica y con mejores comunicaciones con Europa, Salamanca disponía de una situación más céntrica en el reino de León. Por ello, a principios de ese siglo XIII ya surge la idea de fundar un estudio salmantino y la escuela catedralicia suministraría parte del personal docente.

Siempre se ha considerado el origen de la Universidad, en el decreto de 8 de mayo de 1254, de Alfonso X; aunque, en realidad, deberíamos remontarnos hasta Alfonso IX de León (1188-1230), que crea el Estudio Salmantino, como contraposición al Estudio Palentino, favorecido por el rey Alfonso VIII de Castilla.

Retrato de Alfonso X de Castilla.

Miniatura medieval del Libro de los juegos.

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A principios del siglo XIII las relaciones entre Castilla y León no pasaban por su mejor momento, no solo por cuestiones dinásticas, políticas, territoriales, sino que también alcanzaban al ámbito religioso.

Ya en 1120 se trasladó la archidiócesis de Mérida a Santiago hasta que aquella fuese reconquistada a los musulmanes. El papa Calixto II (1119-1124), con lazos familiares en el reino de León (hermano de Raimundo de Borgoña y tío de Alfonso VII de León), confirmó este traslado para siempre y obligó a “los obispos de Mérida, Salamanca, Ávila y Coimbra a prestar obediencia como a su metropolitano al arzobispo de Compostela”.

Esta maniobra fue vista con preocupación por los arzobispos de Toledo y Braga; pero mientras Castilla y León permanecieran unidas y Portugal fuera un condado del reino, el problema no significó nada más que ciertas tensiones entre arzobispados. Sin embargo, cuando Portugal se independizó en 1140 y en 1157 se separaron León y Castilla, estas tensiones se trasladaron al ámbito político.

Conquistar y dominar la ciudad de Mérida era prioritario para unos y para otros. Los arzobispos de Santiago obtuvieron del rey Fernando II de León y, posteriormente, de Alfonso IX, la concesión de la ciudad de Mérida. En 1170 la autoridad eclesiástica compostelana puso los medios para hacer efectiva la conquista y el control de la ciudad al firmar un pacto con la recién creada orden militar de Cáceres que pasó a denominarse Orden de Santiago. En el citado pacto el arzobispo comprometía ayuda militar y económica de todas las diócesis bajo su jurisdicción.

Y es en este tiempo cuando llegamos a ver nacer a los estudios de Salamanca y de Palencia, como reflejo de las tensiones castellano-leonesas, pues la iglesia salmantina dependía de la de Santiago y la palentina de la de Toledo.

La iglesia de Palencia, durante la ocupación de Toledo por los musulmanes, tuvo importancia al celebrarse allí concilios provinciales e hizo las veces de metropolitana. La evolución de su escuela catedralicia condujo a la creación de la Universidad, la primera que se crea en la Península; la fecha de su creación se desconoce, pero lo que es cierto es que funcionaba ya a finales del siglo XII. Su Estudio adquirió relativa importancia, aún después de ser liberada Toledo; sin embargo, pese a los esfuerzos de los prelados palentinos, fue disminuyendo su florecimiento y llegó a desaparecer en la primera mitad del siglo XIII.

Puestas las bases históricas, ¿cómo empezó todo?

Sin duda, a las rivalidades antes descritas hay que poner en valor la escuela catedralicia que ya existía. La ciencia y la cultura, hasta el siglo XII, habían sido patrimonio exclusivo del clero a través de las escuelas monásticas y las catedralicias. Todos y cada uno de los que ejercían la profesión de maestros oficiales (algunos con mucho prestigio) tuvieron tendencia a integrarse en un organismo común, dando origen entre los siglos XII y XIII a los Estudios o Universidades.

La Universidad abarcaría varias escuelas, varias disciplinas y conjunto de maestros y estudiantes; en la Edad Media se llamó Studium (Estudio) a las universidades, mientras que la propia palabra universidad era entendida como corporación, no solo de maestros y estudiantes, también de otros gremios laborales. El término Universitas, que aparece en la documentación salmantina de los siglos XIII y XIV tiene el sentido de corporación de estudiantes y maestros; será a partir del siglo XV cuando el término se asemeje al concepto actual: estudiantes, profesores, resto de personal universitario, instalaciones.

El rey Alfonso IX de León funda la Universidad a finales de 1218, Alfonso X el Sabio le confiere el estatuto en 1254 y el papa Alejandro IV confirma la fundación universitaria el año siguiente.

Relieve de la fachada de la universidad.

Relieve en el que se represental al Papa al que acompañan los bustos de cuatro emperadores

que han sido imagen de virtud (justicia, fortaleza, prudencia y templanza)

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El carácter pontificio de la Universidad se manifiesta en el predominio de la Filosofía y la Teología en su currículo, al que se le añadirán posteriormente otras disciplinas como el Derecho o la Medicina. La autoridad regia, Fernando III el Santo, confirmó los privilegios de los profesores y de los alumnos y eximió a estos del pago de determinados tributos.

Será, sin duda, Alfonso X el Sabio el que más favoreció a la universidad salmantina; con el decreto ya citado confirmó la existencia de la misma a petición “de los escolares de la Universitat del Estudios de Salamanca” y redactó una serie de disposiciones económicas, eclesiásticas, académicas y estudiantiles. Le concedió un amplio estatuto jurídico, equiparable a las del resto de Europa; reguló del alojamiento de los estudiantes para impedir abusos en el alquiles de casas a estudiantes; reafirmó el carácter clerical de estos y su obediencia al obispo y reguló el fuero universitario, el avituallamiento, las facultades, las cátedras y del salario de profesores y otro personal.

Carta Magna de Alfono X

Carta en la que se fijan las cátedras, los salarios o la presencia de libreros

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Un lugar importante en la vida universitaria lo ocupaba el rector. Quizás, como en la italiana Bolonia, habría pluralidad, previsiblemente dos (uno representaba al reino de León y otro al de Castilla). En el siglo XV ya solo aparece un solo rector.

Este cargo recaía en algún estudiante, aunque la legislación universitaria salmantina reforzaría la figura del maestrescuela del cabildo de la catedral.

El profesorado era pagado por el rey, con cargo a uno de los impuestos reales (las tercias reales de los diezmos de la diócesis de Salamanca). Pero no todos recibían el mismo salario; por poner algunos ejemplos: el profesor de Leyes recibía 500 maravedíes, el profesor de Decretos 300, el de Lógica 200, el bibliotecario 100 y el maestro de órgano 50. Los estudiantes que no tenían medios propios (la mayoría) podían disfrutar de beneficios eclesiásticos.

Según el decreto antes mencionado se dotaría a la Universidad de Salamanca de las facultades de derecho civil, derecho canónico, artes (lógica y gramática) y medicina (física).

Por lo que respecta a las cátedras se confirmarían dos de derecho civil, tres de derecho canónico, dos de lógica, dos de gramática y dos de física o medicina.

Los profesores ordinarios de cátedras con salario debían ser doctores, mientras que los ayudantes eran bachilleres, por regla general. La elección de los mismos corría a cargo del rector y de los consejeros o consiliarios (hay que recordar que tanto el primero como estos eran estudiantes).

Sobre la metodología de enseñanza no había indicaciones, aunque se aplicaba la del triple sistema: lectura, repetición y disputa o discusión. La lectura era una exposición de los textos legales y presentaba varias fases: fijación del texto, cuestiones, razones en pro y en contra, asuntos importantes y conclusiones; las repeticiones eran actos extraordinarios en los que el profesor analizaba de modo más exhaustivo textos que ya habían sido leídos; las discusiones eran disputas públicas de una causa tomada de la vida real o inventada.

La lengua académica oficial (como en toda Europa) era el latín, lo que permitía un amplio intercambio de profesores y alumnos entre las universidades.

No había exámenes (como en el resto de las universidades medievales) de cada materia al final de cada curso académico; la licenciatura constaba de dos exámenes, uno privado y otro público. Superado el examen de licenciatura, el doctorado le seguía en breve.

Existía una norma, a principios del siglo XV, según la cual nadie podía acceder al grado de bachiller en Artes (Letras o Humanidades) si primero no había demostrado estar instruido competentemente en Gramática que permitiría al estudiante entender el latín. Los estudios se extenderían a lo largo de tres años: en el primero el alumno asistiría a las lecciones de Lógica; en el segundo, a las de Lógica y Filosofía Natural; en el tercero, a las de Filosofía Natural y Moral.

Escudo de la Universidad de Salamanca.

Están representados: el poder pontificio, el poder real y personal universitario.

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El paso de bachiller a maestro llevaba otros tres años de estudios también de Lógica, Filosofía Natural y Moral. Le seguirá una repetición y la defensa de una serie de lecciones y la defensa ante quienes quisieran entrar en discusión.

El bachillerato en Medicina exigía cuatro años de estudios y otros tantos para ser maestro en los que se deberían realizar prácticas durante cuatro meses en cada período de cuatro años.

El bachillerato en Leyes exige seis años de estudios y la exposición de diez lecciones. Seis años dura también el de Teología.

Según las constituciones de Martín V el curso se iniciaría el día de San Lucas (18 de octubre) y finalizaría el día de la Virgen de Septiembre (8 de septiembre). Entre estas fechas la ausencia solo podría justificarse por enfermedad, razones familiares (funerales o bodas), asuntos académicos en el mismo Estudio salmantino, prisión, peregrinación a Santiago o llamamiento de Roma.

Retrato de Martín V

Obra de Pisanello (siglo XV)

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La pertenencia a la Universidad exigía (por parte de maestros, doctores y estudiantes) un reconocimiento explícito de la autoridad del Rector, manifestándose en el juramento impuesto por el papa Martín V, similar al prestado por el vasallo al señor.

La formación universitaria, particularmente la jurídica, sirvió en Salamanca a mucha gente para promocionarse en la escala social y para encontrar un puesto de trabajo de alto rango social (bien en la enseñanza del derecho bien en el ejercicio práctico del mismo).

La población escolar era reducida y la casi totalidad provenía de los reinos de Castilla y Portugal. Por ejemplo, en 1381 habría 326 alumnos; en 1393, 110 y en 1403, 311.

En la extracción social predominaban los clérigos y, entre estos, los canónigos.

Bula de Alejandro IV.

Bula que confirma el Estudio General fundado por el rey Alfonso X en Salamanca

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Para facilitar el trabajo de profesores, maestros y estudiantes y evitar molestias que podían causarles las autoridades eclesiásticas, el papa Alejandro IV dispuso a través de la bula de 1255, que nadie podía dictar sentencia de excomunión contra la universidad y su personal “sin licencia especial de Roma”, autorizando al maestrescuela a resolver los conflictos y levantar la excomunión en la que puedan incurrir profesores y estudiantes.

Para la realización del presente artículo se han tenido en cuenta los siguientes documentos:

– GARCÍA GARCÍA, A.: La Universidad de Salamanca I. Historia y proyecciones. “Los difíciles inicios (siglos XIII.XIV)”. Dirección M. Fernández Álvarez. Ediciones Universidad de Salamanca, 1989

– MARTÍN, J.L.: “Historia de Salamanca II. Edad Media. Capítulo VII.” El saber es poder. El estudio salmantino”.  Coordinador J.M. Mínguez, Director J.L. Martín.  Centro de Estudios Salmantinos. 1997

– SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ, D.: “La Universidad de Salamanca I. Historia y proyecciones. “Catedral y universidad en sus orígenes”. Dirección M. Fernández Álvarez. Ediciones Universidad de Salamanca, 1989