Entrevista con Antonio, propietario del bar «La Plaza»

Hoy tenemos la suerte de contar con una de las personas más conocidas de Villamayor que, durante muchos años, ha llevado negocios de hostelería en nuestro municipio. Nos referimos al señor Antonio, propietario del bar La Plaza.

Lo primero, tu nombre completo:

Antonio Merchán Hurtado de Mendoza.

¿Cómo nació la idea de abrir un negocio de hostelería?

Empecé con Vicente, un hijo de Medes, en este mismo local del Sanatorio de los Toreros, que entonces era la mitad de grande. Se llamaba Aires Armuñeses. Corría el año de 1978. De aquí me fui a la cafetería que había en el colegio de Los Maristas, en Salamanca. Vicente se marchó a Fuengirola porque su mujer era de allí. Se quedó con el bar un hermano, Eugenio, y entonces yo me vine con él. Después, éste se casó y llevé el comedor de ASPACE, durante 20 años. Al mismo tiempo, cogí en alquiler el que entonces era el bar La Plaza, que estaba enfrente del actual, también en la misma plaza del pueblo.

Después, con la ayuda de mis amigos, pude comprar el local donde está ahora ubicado el bar. Hicimos la reforma y lo abrimos con el mismo nombre. Aunque daba comidas, el bar se me quedaba pequeño y decidí ampliar la cocina, por lo que cogí el local de al lado donde, además, servía catering.

¿Qué servicios o productos ofrecías en La Plaza?

Menú diario y pinchos variados. Además de buena compañía.

Sí, es verdad, las charlas contigo eran muy divertidas y agradables ¿Y algún producto estrella que fuera el más solicitado por los clientes?

Las jetas y las tortillas.

¿Alguna anécdota que pudieras contarnos?

Otro producto que vendía era el pincho de rabo. Me hacía mucha gracia Raúl, un amigo mío, que cuando entraba decía “Antonio ¿Cómo tienes el rabo?”

¿En qué crees que tu negocio se diferenciaba de otros similares?

Yo no buscaba ninguna diferencia con otros negocios. Pilar, mi mujer, y yo íbamos a lo nuestro. Además de un camarero, la cocina la llevaba Pilar con dos hermanas y dos hijas.

¿Quiénes eran tus principales clientes?

Había de todo, de todas las edades. Sobre todo del pueblo, al estar el bar en la propia plaza.

En la plaza del pueblo el Ayuntamiento realizaba actividades culturales y festejos ¿Algún momento bueno que recuerdes?

Antes era otra cosa, había más movimiento. Tenía dos chicas trabajando conmigo. Después, lo quitaron de ahí y se acabó.

¿Algún cliente que recuerdes de manera especial?

Había ratos muy buenos. Por ejemplo, con el Barreiros, Ángel se llamaba. Y con Rodrigo, “el pulsa”. Tocaba el acordeón por el pueblo, pero no tenía ni idea. Llegaba al bar, dejaba la maleta del acordeón abierta en la puerta, y la gente cuando pasaba echaba monedas.

Sobre tu trabajo, la pasión o las ganas y el tiempo que le echabas. ¿Qué es lo que más te gustaba del trabajo y del establecimiento?

Todo, porque siempre me he dedicado a esto. Tenía muchos amigos que venían al bar, conocía a todo el mundo. Yo vivía en la zona del colegio Piedra de Arte. Ahora vivo aquí cerca, en la misma calle Horno.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos que te has encontrado en el camino?

Con la pandemia. Yo daba muchas comidas. Había que preparar para diabéticos, celíacos, alérgicos, etc. La cocina parecía un laboratorio.

¿Cuáles son las satisfacciones más grandes que te encontraste?

Haber salido adelante con todo en lo que me metí. Esa es mi mayor satisfacción. Últimamente ya se hacía más pesado. En la época del COVID, la gente venía de trabajar y tenías que estar pendiente. Tenía muy buenos clientes que me pedían por la ventana que da a la plaza, lloviendo o haciendo frío. Les estoy muy agradecido. Algunos ya eran clientes desde el 93.

¿Participabas en alguna de las actividades o en algún evento que se realizaba en el municipio?

Participar, no. Me gustaba colaborar con detalles en todo lo que podía, con el Ayuntamiento, con las peñas, etc.; con unas perrillas o con productos.

Dinos algo más de la pandemia ¿Cómo te afectó? ¿Qué cambios tuviste que hacer?

Tuve que adaptarme como pude, con las indicaciones que nos iban dando. A mí me pilló por lo menos cinco veces. Aunque no me enteraba. Me hacía el test y daba positivo.

¿En quién te inspiraste para abrir el negocio y hacerlo como lo hiciste?

Yo estuve trabajando en Ibiza, en los hoteles. También en Formentera y en Palma de  Mallorca. A Villamayor casi vine a parar por error. Porque cuando empecé a trabajar con Vicente yo vine de vacaciones, pero lo vi tan apurado que hablé con él y me ofreció pagarme lo mismo que lo que ganaba en Ibiza. Y así fue, y me quedé aquí.

¿Cuánto hace que te jubilaste y qué planes tienes?

Llevo dos años jubilado. Estoy estudiando inglés e informática a través del Ayuntamiento.

Vamos a pensar en el futuro de Villamayor. Si ahora mismo Antonio fuera el alcalde ¿Qué haría inmediatamente, de manera urgente?

Darle una imagen al pueblo porque entras en él y parece un desierto. Dejar a la gente trabajar a gusto.

¿Y qué opinas de la piedra de Villamayor y la situación actual de esta piedra?

Habría que aprovechar más el prestigio de la piedra de Villamayor, porque esta piedra tenía que evolucionar a nivel de España, no sólo de Salamanca. En Salamanca tenemos la Catedral, la plaza, el puente, …  y eso no se sabe aprovechar aquí en el pueblo, ni las canteras tampoco. Habría que organizar visitas guiadas a las canteras con la Universidad, un parque temático como estaba pensado hace tiempo y que se diera más a conocer la piedra conjuntamente con Salamanca.

Tú que eres del gremio de la hostelería y la has vivido siempre ¿Por qué falla en Villamayor?

Porque vamos todos a lo mismo. Antes había cuatro o cinco restaurantes donde se hacían las jornadas gastronómicas. Ahora ha empezado La Plaza a dar comidas. A ver qué tal le va. Yo pienso que bien, aunque empezó con mala suerte. Se acabó los pinchos de la feria, ya no han vuelto a hacer nada. El concejal de festejos no se mueve. Ahora mismo, tienes las fiestas de Villamayor en las afueras y montan cinco garitos de Salamanca. Vienes a lo que es el pueblo y parece un pueblo fantasma. ¡Pon ahí un tamborilero aunque sea, hombre! ¡Una orquesta que pueda tocar en la plaza! Eso da vida al pueblo. Porque las peñas se quedan en la peña y no consumen en los bares.

Si alguien mañana quisiera dedicarse a la hostelería ¿Qué consejo le darías?

Formarse en la escuela de Hostelería. De ahí saldrían bien preparados. En Salamanca hay muy buena escuela. Tienen un montón de especialidades, no solo de restaurante: el camarero de salón, el de barra, el repostero, el panadero, etc.

Sabemos que la piedra, como empresa, no la podemos recuperar porque están todas hundidas. Con tus sapiencia y conocimiento de Villamayor, si queremos recuperar la piedra como bandera, hacer algo sobre la piedra ¿Qué podríamos hacer ahora mismo? Porque la Feria de la Piedra se la cargaron, no han hecho nada.

Eso sería hablar con la Universidad de Salamanca y montar campañas informativas con guías turísticas, abrir las canteras, limpiarlas, exponer bien los utensilios que se utilizaban y que están por ahí tirados. Traer grupos de otros países, se les enseña la cantera, se les explica cómo funciona y se les lleva a ver cómo luce en Salamanca, en la Catedral, la plaza Mayor, la Universidad, … Sólo se nos conoce por la piedra, pero no saben cómo se extrae y se trabaja para que luzca tan bien en los edificios y monumentos más famosos de Salamanca.

Ha sido un placer compartir estos momentos con Antonio Merchán, una leyenda viva en Villamayor, con más de cuarenta y cinco años dedicados a la hostelería y desde 1992 por su cuenta, y que siempre te recibe con una sonrisa.

 

Su historia nos hace recordar aquella frase de Eduardo Galeano: “la felicidad se encuentra a lo largo del camino, no en el destino”.