CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (42)

EL PODER EN LAS ZONAS URBANAS DURANTE LOS SIGLOS XIV Y XV

(SEGUNDA PARTE)

En la primera parte del capítulo referido al “Poder en las zonas urbanas durante los siglos XIV y XV” nos habíamos referido a la coexistencia de las diversas jurisdicciones en las zonas urbanas de la provincia de Salamanca: reales, de los señores feudales, de la Iglesia y de los Concejos.

Así desde la repoblación de los territorios salmantinos (desde finales del siglo XI al siglo XIII) las principales ciudades o villas eran: Salamanca, Ciudad Rodrigo, Ledesma, Alba de Tormes, Béjar, Salvatierra, Miranda y Montemayor; en los siglos XIV y XV seguían siendo los principales concejos. Sin embargo, se dieron también casos en los que pequeños concejos de aldea se “independizaron” de la disciplina de las grandes ciudades y constituyeron administraciones soberanas de concejos autónomos.

Existieron algunos núcleos que dependían de la Iglesia (bien del cabildo o del dominio catedralicio); concretamente  los respectivos territorios del “Abadengo” de Salamanca (Abadengo de la Armuña, Cantalapiedra, Topas, Vitigudino o San Martín del Castañar) y el de Ciudad Rodrigo.

Dejando al margen estos últimos poblamientos, podríamos agrupar a los concejos en tres tipos: ciudades realengas (Salamanca y Ciudad Rodrigo); concejos de “Villa y Tierra” (Béjar, Ledesma, Alba, Salvatierra, Miranda y Montemayor); y pequeños concejos aldeanos, sin tierra dependiente y que se fueron señorializando.

Bien, pues en esta segunda parte analizaremos los pequeños concejos que había en la provincia de Salamanca y de quién dependían

Salvatierra de Tormes era concejo de Villa y Tierra desde tiempos de Alfonso IX. Estuvo bajo los dominios de don Sancho, nieto de Alfonso X, y posteriormente fue recuperada para el realengo por Fernando IV en 1312 hasta mediados del siglo XIV como mínimo; en fechas que se desconocen  acabó pasando a los dominios de los infantes de Aragón (concretamente a don Enrique, maestre de la Orden de Santiago). Como ocurrió con Alba de Tormes, sobre 1330 el destino de Salvatierra pasó a manos de a la Casa de Alba. García Álvarez de Toledo ya llevó el título de Conde de Salvatierra.

Ruinas del Castillo de «La Mora Encantada»

Salvatierra de Tormes

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Montemayor también estuvo bajo los dominios de don Sancho y el rey recuperó la villa en el año 1310. Administrativamente su historia fue muy similar a la de Ledesma y Salvatierra hasta el año 1418; los datos a partir de esa fecha son un tanto confusos, pero parece que en el año 1458 el monarca Enrique IV le dio licencia a don Juan de Silva, Conde de Cifuentes, para crear el mayorazgo de Montemayor, en favor de su hijo Juan de Ribera y Silva. Los Silva, linaje reciente de la nobleza castellana, de origen portugués, se consolidaron en Montemayor con el título de marqueses.

Sotoserrano y La Albarca pertenecían a la villa de Granadilla. Hacia mediados del siglo XIV el infante don Juan (hijo de Alfonso XI) aparece como señor de la villa; en el año 1386 era señora de Granadilla doña Leonor, condesa de Alburquerque y madre de los infantes de Aragón, y se integraba en los dominios de esta familia. Una vez fueron derrotados, Granadilla pasó a manos del rey Juan II; con Enrique IV entró en escena la Casa de Alba y en 1467 ya dependían de conde de Alba.

Miranda del Castañar estuvo bajo la administración de los infantes don Sancho y don Juan; posteriormente pasó a los dominios de los infantes de Aragón hasta la derrota de estos. Estuvo en manos de los Avellaneda; en el año 1443 era señora de la villa doña Aldonza de Avellaneda quien traspasó su posesión a su esposo Diego López de Estúñiga quien recibiría el título de conde de Miranda, de manos de Enrique IV.

Castillo

Miranda del Castañar

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Existieron además otras jurisdicciones de pequeños concejos, como por ejemplo los integrados en los dominios de los cabildos catedralicios de Salamanca y Ciudad Rodrigo. El Abadengo de Ciudad Rodrigo tenía como principales núcleos urbanos a Lumbrales e Hinojosa. El Abadengo de La Armuña lo integraban: Arcediano, La Mata, La Vellés, Palencia de Negrilla o Negrilla de Palencia.

Además, existían en la diócesis salmantina lugares pertenecientes al obispo: Cantalapiedra, Topas, Vitigudino o San Martín del Castañar. El arzobispo de Santiago tenía jurisdicción en Aldeanueva o en Herguijuela de la Sierra.

Había otros pequeños núcleos, pequeños concejos, de dimensiones muy reducidas, aldeas, pero jurisdiccionalmente independientes de los grandes concejos.

¿Qué características tenían, además de la reducida dimensión? Fueron creados muy tarde, lejos de los años de la repoblación (entre finales del siglo XI y mediados del siglo XIII); la mayoría se encontraban en los márgenes de los alfoces de los grandes concejos; casi siempre surgieron de la desmembración de la Tierra de algunos de estos concejos; no lograron o no pudieron crear una tierra con sus aldeas dependientes y se quedaron reducidos a su término aldeano; la jurisdicción de estos lugares recayó, en su mayoría, en manos de miembros de la pequeña y mediana nobleza, de caballeros villanos de las ciudades, miembros de las oligarquías ciudadanas.

La mayor parte de estos concejos pequeños estaban en el obispado de Salamanca, pero también en otras diócesis que existían en la actual provincia salamantina.

A la diócesis abulense pertenecían Cespedosa y Puente Congosto, que pasaron a notables manos a finales de la Edad Media. Enrique III concedió en noviembre de 1393 ambos concejos a Gil González Dávila, de la familia de los Dávila.

Al este de la provincia destaca el caso de Peñaranda de Bracamonte, pequeño concejo medieval, cuya señorialización se remonta a 1375, cuando el monarca Enrique II concedió parte del lugar a su vasallo Nuño Núñez Villasán (la otra parte pertenecía a Pedro González de Contreras y a su esposa doña Urraca González). Sin embargo, el verdadero impulsor fue Álvaro de Ávila, mariscal de Castilla, quien compró en 1409 la mitad de Peñaranda y la otra mitad a Doña Urraca González (año 1418). El lugar no era gran cosa, tenía muy pocos habitantes; sin embargo, había que unirlo a la localidad de Fuente el Sol (en Valladolid), lugar que le había sido concedido a Álvaro de Ávila en el año 1413 en premio a los esfuerzos en favor de Fernando de Antequera. Además, se había casado con Juana de Bracamonte (hija del almirante francés Rubín de Bracamonte) que poseía propiedades en Medina de Rioseco. Los sucesores de Álvaro de Ávila adoptaron el apellido materno, Bracamonte: el primero fue su primogénito Álvaro de Bracamonte; tras su muerte ocupó el señorío su hermano, el abad de la colegiata de Medina, y posteriormente el hijo ilegítimo de don Álvaro, don Juan, quien fue señor de Peñaranda hasta 1527.

Escudo de Peñaranda de Bracamonte

Representa la unión de los linajes de la familia Bracamonte y la Corona de Castilla y León

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Existieron otros pequeños concejos en los márgenes del obispado de Salamanca: Paradinas (que pertenecía a la Orden de San Juan), Santiago de la Puebla (que disponía de varias aldehuelas), Arauzo (posesión, en 1428, del caballero salmantino Fernando Rodríguez de Sevilla), Alaraz (se desgajó de Alba en la primera mitad del siglo XV), Valverde (independiente a principios del siglo XV, cayó en manos de Gonzalo Yáñez), Gallegos de Crespes y Galinduste (que fueron regidos por Juan Carrillo de Toledo y posteriormente, a finales del siglo XV, por Rodrigo de Vivero).

En Tierras de Ledesma y de Ciudad Rodrigo también aparecieron estos tipos de pequeños concejos: Vilvestre y Yecla de Yeltes (en manos de Nuño Martínez de Villasán); Saucelle, Barruecopardo y Peralejos (en manos de la Orden de Santiago); Zamayón y Valdelosa (en manos de la Orden de San Juan).

Enrique Enríquez, caballero salmantino, agrandó su señorío en Villalba de los Llanos a mediados del siglo XV. Por esa misma época otro caballero, Gómez de Benavides, se hizo con San Muñoz, Vecinos y Matilla de los Caños, añadiendo a sus posesiones del Zarzoso y Zarzosillo.

Tamames pertenecía, desde 1450, a Rodrigo Godínez quien, posteriormente, se lo pasó a su hijo Alfonso.

En el obispado de Ciudad Rodrigo fueron también segregados pequeños concejos del alfoz de la ciudad. Villasrubias fue incorporado a San Martín de Trevejo, que perteneció a la Orden de San Juan. La Orden de Alcántara poseía Las Eljas y Navasfrías. El Bodón, en 1443, era de Blanca Enríquez, viuda de Pedro Núñez de Herrera (del linaje de los Herrera, noble castellano).

Fuenteguinaldo perteneció, durante buena parte del siglo XV, al linaje de los Manrique y a finales del siglo pasó a manos del II Duque de Alba; Sobradillo era de los Ocampo a mediados del siglo XV; Cerralbo lo era de los Pacheco quienes obtuvieron el título de Marqueses de Cerralbo a principios del siglo XVI.

San Felices de los Gallegos fue enajenado a finales del siglo XIII por el rey Sancho IV en favor de Martín Pérez de Portocarrero y, posteriormente, pasó a manos del infante don Felipe. A mediados del siglo XIV el lugar dependía de Juan Alfonso de Alburquerque; a finales del mismo siglo dependía de Fernando de Antequera (hermano de Enrique III). Cuando los infantes fueron derrotados, Juan II recuperó la villa. Posteriormente fue entregada a Pedro Girón, hermano de Juan Velasco (marqués de Villena).

Torre del Homenaje del castillo de San Felices de los gallegos

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La villa protagonizó un episodio de resistencia antiseñorial al oponerse a recibir a Gracián de Sese, su nuevo señor (había recibido la villa, como pago a los servicios prestados al marques de Villena). Muerto Gracián de Sese en la revuelta, los Reyes Católicos entregaron la villa al Duque de Alba.

El Villar fue otorgado por Juan II a Diego García de Chaves (linaje mirobrigense) a mediados del siglo XIV) y lo tuvo que defender durante bastante tiempo de la oposición de varios regidores. Los Chaves ya poseían Pedraza de Yeltes y en 1468 Enrique IV lo convirtió en señorío. No fue aceptado pacíficamente y el conflicto siguió existiendo durante el reinado de los Reyes Católicos, quienes entregaron la villa al Duque de Alba.

Alberguería fue convertida en señorío por Enrique IV en 1464 y paso a manos de Alvar Pérez Osorio. Sepulcro Hilario y Aldehuela de Yeltes pasó a manos de Juan de la Cuadra, no sin oposición. Villavieja de Yeltes y Bañobárez pasaron a manos de Fernán Nieto de Ledesma, en 1440 hasta 1443, año en que Ciudad Rodrigo, que había pleiteado contra la decisión real, recuperó los lugares.

El Payo fue dado a Diego del Águila en 1446, también con una fuerte oposición; los Reyes Católicos confirmaron a Antonio del Águila el lugar como señorío.

Para la realización del presenta artículo se han tenido en cuenta los siguientes documentos:

– HERNÁNDEZ VEGAS, M.: “Ciudad Rodrigo. La Catedral y la ciudad. Tomo I. Capítulos XXVIII al XXXIV”. Excmo. Cabildo de la Catedral. Ciudad Rodrigo. 1982

– MONSALVO ANTÓN, J.M..: “Historia de Salamanca II. Edad Media. Capítulo V. “Panorama y evolución jurisdiccional en la Baja Edad Media”.  Coordinador J.M. Mínguez, Director  J.L. Martín.  Centro de Estudios Salmantinos. 1997

– VALDEÓN, Julio: “La Baja Edad Media. Crisis y renovación en los siglos XIV y XV”. Historia de España 5”. Información y Revistas. Madrid, 1981

– VILLAR Y MACÍAS, M.: “Historia de Salamanca. Libro Cuarto y Libro Quinto. Capítulo I y II”. Diputación Provincial de Salamanca. Salamanca. 1887