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Publicado el 06/11/2008

La piedra de Villamayor

La escultura que hoy conocemos difiere notablemente de la

escultura de épocas pasadas. Con toda certeza el trabajo del

escultor, en nuestros días, es el resultado de una sociedad

llena de frivolidades, donde la actividad artística ha asumido

una separación brusca respecto a sus inicios. La función social

de la escultura no es una prioridad para el escultor y mucho

menos ha dejado de ser un arte al servicio del hombre. Si la

escultura, especialmente la escultura en piedra, era el resultado

del dominio de un oficio y de una actitud estética en un

momento concreto, hoy es difícil reconocer en una pieza lo

que la escultora de piedra Bárbara Herpworth llama “ experiencia

humana fundamental”.

En el oficio de escultor no hay secretos, la unión de expresiones

personales, junto con técnicas heredadas para ejecutar

constituyen la fórmula. En la talla en piedra el material

desempeña una función activa en la formación de la idea y

del resultado final. Las características de la piedra, la forma

del bloque, la dureza, el color... definirán la obra. Es difícil

precisar quien da el primer paso, si la piedra y lo que transmita

al escultor o viceversa, es el escultor el que parte de una

idea y busca una piedra concreta para transmitirla.

El proceso de realización de un relieve , bulto redondo o escultura

es ante todo personal. El escultor, como he manifestado,

se sirve de la misma piedra como fuente de la inspiración, de

catálogos, libros, música, soledades, experiencias personales,...

etc. De ahí parte la idea, que posteriormente ha de

materializarla en un boceto. Un dibujo o una maqueta en

plastilina, barro, escayola u otro material con el que el artífice

se sienta cómodo. Siempre resultará más fácil utilizar colores

similares a la piedra a utilizar, con el fin de poder estudiar

luces, contrastes y volúmenes. Este trabajo de bocetos previos

nos ayudará a enfrentarnos a la piedra con más seguridad,

menos miedos y con las ideas más claras. Aunque también hay

que tener claro que en el proceso de creación nada está cerrado,

podemos realizar modificaciones sobre la idea original, si

el contacto con la piedra nos sugiere formas más agradables.

Para la realización de la talla en piedra podemos elegir varios

procedimientos. Más vanguardistas como los métodos mecánicos

realizados a través de estudios por ordenador, o recurrir a

destrezas del oficio más artesanales. Tal es el caso del sacado

de puntos, realizado a través de la máquina de puntos o con

tres compases. Ambas técnicas son utilizadas para realizar

copias en el mismo tamaño que el original, ampliar o reducir

una pieza previa. Es un trabajo lento, donde el operario ha de

sacar los puntos principales de la pieza original y trasladarlos

con las mismas medidas sobre el bloque de piedra. Una práctica

hoy casi en desuso pero muy utilizadas desde finales del

Renacimiento, el artista realizaba el original y los ayudantes

realizaban las copias necesarias. La talla directa, es el método

más arriesgado, el artista se enfrenta a la piedra sin más armas

que las herramienta, sus habilidades y su idea. Considerado

como procedimiento artístico especialmente noble de trabajar

la escultura en piedra, recuperado como destreza noble de trabajar

la escultura en piedra por los artistas de finales del XIX y

del XX, como Moore, Brancusi, Mateo Hernández, Herpwrth,

Rodin ... etc que dieron un nuevo carisma a la técnica. Decía

Brancusi que “tallando es como descubres el espíritu de tu

material y las propiedades que le son peculiares”.

Para realizar una obra de talla directa en piedra tenemos dos

sistemas, el tallar todas las caras del bloque simultáneamente,

una formula arriesgada y sin posibilidades de rectificación

en caso de error. Otro método es la talla a partir de la cara

principal del bloque, dibujando y desbastando como si fuese

un relieve, es más fácil rectificar al quedar piedra detrás del

bloque. Y, por último, la talla directa con la cara principal y

una lateral, de este modo nos quedan la cara de atrás y una

de las laterales para las posibles correcciones.

Ana del Arco

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