CURIOSIDADES DE NUESTRA HISTORIA (25)

Y LLEGARON LOS REPOBLADORES (SEGUNDA PARTE)

Ángel Barrios ha utilizado las relaciones de pueblos elaboradas por los cabildos de Segovia, Ávila y Salamanca a mediados del siglo XIII y las ha contrastado con los topónimos documentados en las comarcas del norte, de donde  proceden muchos de los colonizadores de la Extremadura del Duero. La lista de pueblos del obispado de Ciudad Rodrigo que se ha estudiado es sobre un repartimiento realizado en 1484. De esta manera se ha podido comprobar la existencia de numerosas semejanzas toponímicas, explicables por el trasvase de población.

Estas listas contienen los nombres de todos aquellos pueblos cuyas iglesias se encontraban bajo la jurisdicción de cada prelado, siempre sobre la base de las formas toponímicas de la documentación de la época y no de las actuales, dado que muchas de estas formas documentadas han desaparecido en la actualidad al despoblarse el lugar que designaban o se puede llevar a errores de interpretación debido a la evolución fonética y de grafía.

De esta manera se dispone de un elevado número de nombres de poblaciones (exactamente 1618), cifra desde luego muy superior al total de aldeas que hoy en día hay en el mismo territorio, que casi con absoluta seguridad corresponde al de la práctica totalidad de las aldeas existentes a mediados del siglo XIII en los obispados de Segovia, Ávila, Salamanca y Ciudad Rodrigo —excepto en la actual franja portuguesa, entonces de ésta diócesis— o dentro del valle del Duero.

Iglesia de la Asunción, de estilo románico-mudéjar, en Aldeaseca de la Frontera, repoblada en el siglo XII

Su apellido hace referencia a su ubicación en la frontera entre el Reino de León y el de Castilla

(www.nordestedesalamanca.com)

Tiene su importancia el conocimiento de los nombres medievales, a veces idénticas a los nombres originales de unos lugares determinados. No cabe duda que las palabras que designan un lugar evolucionan, a veces de acuerdo con las mismas reglas de evolución fonética o morfológica de la propia lengua de cuyo léxico forman parte, pero muchas veces ocurre también que se producen cambios por falsos análisis o etimología popular que motivan la aparición de vocablos que existen ahora y que no tienen absolutamente nada que ver, desde el punto de vista lingüístico, con los nombres originales. Al parecer, esto se olvidó, y es sólo un ejemplo, cuando se propuso una base árabe para el pueblo abulense llamado actualmente Gimialcón, cuyo nombre medieval documentado era Xemenfalcón.

El mismo tipo de error se advierte en relación con el empleo de topónimos actuales, cuya aparición hoy se sabe que fue posterior al siglo XIII.  Esto indujo a error, por ejemplo, a Sánchez-Albornoz, quien, basándose en los nombres actuales del pueblo abulense de Villatoro y del salmantino de Florida de Liébana, llegó a pensar en un poblamiento continuado desde época visigoda en la cabecera del río Adaja y en una emigración lebaniega en el segundo caso, cuando resulta que la primera de dichas aldeas se funda a comienzos del siglo XIV y la otra se llamaba Muelas todavía el año 1548. Otro ejemplo nos lo ofrezca la identificación de la aldea de Segoyuela de los Cornejos, próximo a Tamames, con el lugar donde tendría lugar en el año 713 la última y definitiva derrota de don Rodrigo, al ver una estrecha relación de equivalencia entre el deformado topónimo Seguyue de la crónica medieval del Moro Rasis con el nombre actual de dicho pueblo; tal equivalencia se habría evitado, sin duda, si se hubiera sabido que dicho pueblo, con su  correspondiente nombre, es fruto de una repoblación tardía del espacio serrano llevada a cabo por segovianos.

Se ha logrado establecer una serie de coincidencias onomásticas entre, por ejemplo, el  Bernuy/Bernoy que en los años centrales del XIII había en Salamanca y el Berenui (hoy Bernuy), documentado en la zona pirenaica de Ρaliars desde el año 839, o el Beranúy, al norte de Benabarre, que aparece citado en un texto de 1103; entre los tres Xuharros segovianos y el Sufarros del término de Alba de Tormes con el Sufarrus del alfoz de Lara, documentado en 1097. Ante tantos ejemplos de repeticiones no parece demasiado descabellado suponer que son hombres de los valles pirenaicos, burgaleses, riojanos y leoneses, según los ejemplos presentados, quienes fundaron algunas aldeas al sur del Duero, a las cuales denominarían por los nombres de sus lugares de procedencia; no es fácil encontrar otra explicación a la introducción de nombres que, además, habían perdido su valor de significación o cuyos significados eran dudosos.

Ábside románico-mudéjar de la iglesia de Santiago de Aldealengua.

Data de la época de la repoblación medieval

(www.es.wikipedia.org)

En consecuencia,  lo que se ha intentado establecer ha sido sobre todo el área y tiempo de utilización de unos determinados nombres personales o de santos, cuya presencia está documentada al sur de la cuenca del Duero en la forma de antropónimos.

En este sentido, algunos ejemplos significativos pueden servir de aclaración sobre el método empleado y los resultados obtenidos: Moronta y Guadramiro, pueblos ambos del territorio de Ledesma y próximos entre sí, son formas derivadas de nombres personales cuya vigencia sólo consta en el área leonesa durante el siglo X, por lo tanto hay que pensar que fueron creados por grupos procedentes de León durante una antigua fase de repoblación y desde luego anterior a la etapa de repoblación oficial y sistemática que comienza a finales del XI.

Se puede confirmar, por otro lado, que las formas bouza ( terreno comunal) y villar (núcleo de población, centro de explotaciones agrarias) se llamaban así 14 pueblos del término de Ledesma, 6 del de Ciudad Rodrigo, 2 en el norte del de Salamanca y sólo existían como nombres corrientes en el léxico del gallego-portugués y del asturleonés lo que pone al descubierto que tales poblaciones debieron ser fundadas por gentes procedentes del antiguo reino leonés.

Se ha comprobado que en el obispado de Ciudad Rodrigo los topónimos relacionados con colonizadores de origen gallego o asturleonés suponen el 63% y en el arcedianato de Ledesma el 83%; los topónimos de origen castellano-burgalés y palentino no llegan al 10%. En el término de Salamanca, por el contrario, el porcentaje de leoneses supone un 48% y el de castellanos un 17%; mientras que en el término de Alba el equilibrio es patente: un 32% para los de origen leonés y un 31% para los de origen castellano.

Parte de la muralla de San Felices de los Gallegos,

localidad repoblada en el siglo XIII.

(www.castillosdeespana.es)

La colonización se va a completar con personas procedentes de ámbitos territoriales exteriores al reino castellano-leonés. La mayor aportación es de riojanos y vasco-navarros (en los términos de Salamanca y Alba llegan a porcentajes del 20% y 25% respectivamente).

Además se va a detectar una corriente migratoria transversal desde los territorios orientales de la Extremadura del Duero. En este sentido es conveniente señalar que ya el fuero de Salamanca hace mención a los serranos (que dieron su denominación a una de las calles del caso primitivo); estos debieron proceder de la zona de Ávila.

Es más que probable que topónimos como Pedraza o Babilafuente (documentados en el siglo XII) correspondan a aldeas colonizadas por gentes procedentes de la Sierra de Segovia o Ávila; de forma similar los topónimos Aldeávila o Avilafontes (documentados en el término de Ledesma) señalen el origen abulense de sus repobladores; o términos como Arévalo, Cuéllar o Sepúlveda (documentados en el término de Ciudad Rodrigo) se deban a pobladores de Segovia o Ávila.

A finales del siglo XI se repueblan Salamanca y Alba y a raíz de esta repoblación y durante la primera mitad del siglo XII se produce el asentamiento de pobladores en la comarca de La Armuña procedentes de Galicia, Asturias, León, Zamora y (en un porcentaje menor) castellanos.

La división de los reinos de Castilla y León en 1157 va a influir en las repoblaciones de Ledesma y Ciudad Rodrigo, donde acudirán de nuevo, y con carácter casi exclusivo, campesinos procedentes de las regiones septentrionales más occidentales (gallegos, asturianos y leoneses). Estos nuevos contingentes contribuirán a fijar el poblamiento antiguo detectado por los topónimos prerromanos que en algunos casos pasan a integrarse en uno nuevo, como Martiago, Villares Deltes (Villares de Yeltes) o Pozo de Almuzahet (Pozo de Hinojo).

Iglesia de Santa Elena de Ledesma,

templo románico de la segunda mitad del siglo XII.

(www.carmeninestal.blogspot.com)

Algunos asentamientos han cambiado su nombre, principalmente por motivos de estética: así, el antiguo Pocilgas se ha transformado en Buenavista, o Puercas ahora es Puertas.

Muy pocos pueblos han cambiado de emplazamiento desde entonces. Sólo la evolución de las condiciones económicas ha podido provoca el despoblamiento posterior de un cierto número de aldeas o su transformación en dehesas. De este modo han seguido una evolución muy diferente lugares como Centerrubio o Santa Marta, El Hoyo o Cabrerizos, Izcala o Topas que tuvieron en sus orígenes parecida configuración.

Además, un buen número de aldeas llamadas Mozáraves o conocidas en el siglo XII por apelativos usados a menudo por grupos mozárabes o que desde el punto de vista fonético o morfológico sólo pueden entenderse aceptando su presencia, tales como Mozodiel, Valmuza, Valnuziel, Fizcala o Zafrón. Y al sur se hallaban topónimos relacionados con la presencia de musulmanes, como Azava (azâbal, ‘espiga’) y Almar ( al-mal, ‘el secano’, o al-marr, ‘la vereda’).

La otra nota característica está en relación con la masiva presencia de mozárabes en los espacios fronterizos. Quizás fueron colectivos mozárabes quienes ocuparon mayoritariamente las áreas bajo dominio cristiano; en unos casos se trataría de grupos que habían permanecido en los mismos lugares habitados desde tiempos anteriores por sus antepasados, en otros de familias que se han aventurado a la emigración desde el norte, pero existían también aldeas cuyos nombres del tipo Cordovilla, Granadilla o Handaluz denotan la procedencia meridional de sus fundadores.

Desde un punto de vista civil los concejos de Salamanca, Alba, Béjar, Ciudad Rodrigo y Ledesma se dividían la mayor parte de la superficie de la provincia salmantina, y en cada uno de ellos se distinguieron sexmos y cuartos.

Parte de la muralla de Béjar, ciudad repoblada a finales del siglo XII

por gentes del alfoz de Ávila.

(www.ccasconm.blogspot.com)

En el arcedianato de Ledesma parece que fueron creados por repobladores occidentales pueblos como: Almendra, Barteo, Breganciano, Cabeza de Foramontano,  Carrascal de Melenvela, San Felices, San Pelayo, Travanca , Villar de Peroalfonso, Villargordo, Villarmayor o Villarino; sin duda procedían del distrito castellano de Lara quienes fundaron Bilvestre; tal vez fueran riojanos quienes alzaron Cipedrez  y Sanchón; por último, es casi segura una emigración de abulenses y segovianos en los casos de Aldeadávila, Arevalillo, Avilafontes y Corporario.

Dentro del arcedianato de Salamanca, y en los cuartos de Armuña y Villoría, la presencia de pobladores occidentales está acreditada por nombres tales como Aldearruvia, Armentero,  Carvallosa, Palaciosruvios, Parada de Ruviales, Paradinas, Vilar de la Reyna, Villanova de Cañedo, Villar de Gallimazo, Villeruela o Zarapicos; probablemente deban sus nombres a castellanos los lugares de Castellanos, Castellanos de Morisco, Palencia, y las dos Zurita; riojanos y vasconavarros parecen los pobladores de Monterruvio, Mozudel de Sanchenego, Naharros y Velacos; acaso sea fundación de aragoneses Tarazona; son de origen franco Arcediano y Pedrosillo de Francos; y a una repoblación tardía de segovianos quizás se refieran Baguilafuente, Pedraza y Pedrazuela.

En los cuartos de Peña del Rey, Baños y Corvacera y en el arciprestazgo de la Valdobla hay que poner en relación con un originario poblamiento gallego y occidental los núcleos de Aldea de don Andrés, Carvalosa de la Torre, Carvalosilla Sagrada,  Miranda de Pelaycalvo,  Pelaybravo, Pelaygarcía, Rodillo, Santa Marta, Tamames y Zarapicos; tal vez fueran creados por castellanos Aguseio, Barvadillo, La Rade, Sanchotello y Sanchotorto; quizás fueran riojanos y navarros quienes dieron nombre a Calvarrasa de Anaya, , Garcigalindo, Garcigrande, Machacón, Monterruvio, Nafarros; un origen altoaragonés hay que suponer para quienes crearon Bernoy; probablemente fueran francos los fundadores de Coxos de Rollan, Francos y Rollan; y cabe la posibilidad de una procedencia abulense o segoviana en los casos de Coquela, San Muñoz y Santa María de Salzedón.

En el arcedianato de Alba de Tormes quizás remontan sus orígenes a repobladores occidentales  Carpio, Galegos, Martinamor, Pelarodrigo, Pelayos, Santiago de la Pobla;  tal vez deban su fundación a castellanos Anaya, Arconada, las dos Peñaranda, Santa María del Campo y Valdecarros; parecen sobre todo vasconavarros los repobladores de Crespes, Galindiuste, Galindsancholo, Garcigrande,  Nafarrillos; cabe imaginar un ascendiente aragonés para Blascoguendúlez; y hay bastantes posibilidades de una repoblación segoviana para Araguetes, Coca, Coquilla y Pedraza.

Monumento a Fernando II de León en Ciudad Rodrigo.

Junto al monarca, representación de los repobladores de la ciudad: nobles, monjes y campesinos

(www.historiasdebenavente.blogspot.com)

En cuanto al obispado de Ciudad Rodrigo un probable origen noroccidental hay que suponer a los repobladores de Bermellar, Bouza, Carpió, Fregeneda, Gallegos, Gallimazo, Iuanrey,  Payo, San Felices de los Gallegos, San Giraldo ,  Sesmiro, Sobradillo, Villar de la Vieja, Villar de la Yegua, Villar del Ciervo, Villarejo y Villasruvias; acaso fueran castellanos quienes fundaron Agusejo; parecen creados por riojanos Bocacara y Fuentes Doñoro; tal vez fuera franco el grupo que se asentó en Fuenteguinaldo; y sin duda son fruto de una repoblación tardía llevada a cabo por extremaduranos Aldea de Alba, Arévalo, Cuéllar, Olmedo, Pedraza, Sepúlveda, Serranillo y Serranos.

Para la elaboración del presente artículo se ha tenido en cuenta el siguiente documento:

ÁNGEL BARRIOS GARCÍA: “Repoblación de la zona meriodional del Duero. Fases de ocupación, procedencias y distribución espacial de los repobladores”. Studia Histórica. Historia Medieval. Usal Revistas. Vol 3 (1985)

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