CONOCE EL COMERCIO DE TU MUNICIPIO: Cerrajería Ferma

Esta semana, Portalvillamayor ha visitado una empresa distinta, una empresa de uno de los oficios más necesarios y antiguos del mundo como es el de herrero, nos referimos a:

CERRAJERÍA FERMA

Son las cinco de la tarde, una hora de calma y de siesta después de una gran tormenta, y nos recibe Alejandro Martín Crespo, el dueño de la única cerrajería que queda en Villamayor. Una empresa situada en la C/Caseta núm. 12 que hace de todo un poco, “me dedico al aluminio y al hierro. En aluminio trabajo ventanas, cierre de balcones, contraventanas y puertas. En hierro trabajo en puertas de seguridad de entrada a los portales, estilo forja, barandillas, pasamanos para la subida de escaleras, etc.”.

Alejandro es un hombre casado, de 61 años, padre de dos hijos, y los dos con profesiones muy diferentes a las de su padre: mientras Laura ejerce de maestra en Madrid, Alejandro está terminado los estudios de música en el Conservatorio Superior con la idea de acudir a Europa el próximo año a través de un Erasmus.  Nos confiesa “estoy orgulloso de ellos sin duda ninguna”.

FERMA es una empresa de hierro y aluminio que puede ofrecerle a los vecinos de Villamayor lo que las grandes empresas no le pueden dar: “solucionar y resolver pequeños trabajos que empresas más grandes no quieren hacer, cosas pequeñas como el cierre de una ventana, una bisagra  de una puerta de garaje, arreglo de una silla. Contraventanas se hacían muchas pero ahora está todo muy parado”.

FERMA es una empresa familiar que nace en el año 1990, es decir, lleva 28 años y su principal objetivo no es trabajar para empresas constructoras  y menos desde la crisis,  sino  resolver trabajos particulares. A su empresa  la crisis no le afectó tanto, pues como él dice “trabajo sólo y no tengo obreros, aunque con la crisis tienes menos donde elegir; cuando empecé aquí no había nada, sólo había campo”. Hace 28 años empezó a trabajar en una nave aislada con las calles llenas de barro, entraban los clientes con los coches llenos de barro y hoy día su local está rodeado de bloques y las calles asfaltadas.

FERMA es la primera empresa que funda Alejandro. Como todos, antes estuvo de obrero aprendiendo el oficio en otros talleres y en otras empresas del mismo  gremio en el polígono los Villares, en Tejares, en varios sitios. Antes no era tan difícil dejar de ser obrero  y formar tu propia empresa, ahora es más difícil nos dice: “de autónomo todo es más complicado, todo son problemas, ya no puedes ir a ningún sitio sin un abogado detrás de ti todo el tiempo porque son muchos problemas, no vale con decir las cosas, hay que demostrarlo con papeles”.

Le preguntamos que distingue a FERMA de otras empresas del metal, se queda pensando y nos dice, “que te voy a decir yo, el día a día con la gente, vienen aquí y me conocen como si fuera uno de ellos, un trato más cercano”.

Alejandro ve poco futuro a las pequeñas empresas de Villamayor “es difícil tener un local para trabajar, hay que insonorizarlo y no es fácil trabajar en ellos; te tienes que ir a un polígono y las naves son muy caras. Tienes que trabajar con socios en plan mediana empresa, pues en pequeña empresa es inviable. Estamos quedando para “chapucillas”, como digo yo, luego mal futuro tienen”.

Para FERMA  no existen las redes sociales, “mis clientes acuden por el boca a boca, unos por otros, muchos años en el mismo sitio, muchas horas, muchos fines de semana inclusive”. Cuando le preguntamos en que puede mejorar, nos encontramos con un hombre seguro y orgulloso de su trabajo y nos dice con una sonrisa, “en lo único que podemos mejorar es quintándole al dueño años y empezar de nuevo, a lo mejor  lo hacíamos o no mejorábamos. En la pequeña empresa no se puede seguir así, hay que aguantar los pocos años que me queda para la jubilación”.

Alejandro es una persona feliz en Villamayor, en sus ratos libres como él dice “salgo poco del pueblo, estoy aquí en el pueblo o paseo por Salamanca o en Villamayor voy hasta el río. Algunas veces vamos a Madrid a ver a la hija en el día, comer con ella y volver a dormir a Villamayor”. Lo que más le gusta es la poca distancia de Villamayor a Salamanca, es como si estuviéramos en el barrio Garrido nos dice. Al finalizar la tarde acude a tomar algo a algún bar del municipio, para quitarse la presión del día a día. Se sincera con nosotros diciendo “yo nunca podría dedicarme a la política en Villamayor, soy demasiado sincero y cabreo mucho y entonces no valgo”.

Alejandro nos dice que a veces su trabajo ha estado relacionado con la seguridad de los vecinos de Villamayor, sobre todo, con los que viven en chalets, haciendo rejas, dobles cerraduras y otro tipo de trabajos. Nos dice “la gente tiene más miedo de lo que parece, cuando le entran algún vecino, el resto empieza a correr, aunque nos reconoce, que en general, Villamayor es seguro”.

Nos despedimos de un hombre dedicado a un trabajo ancestral, un trabajo poco común pero muy importante en la vida diaria, un trabajo que solo valoramos cuando se nos rompe algo de la casa. Dejamos a un hombre alegre, tranquilo y feliz de hacer su trabajo lo mejor posible, que cada día solo le preocupa el nuevo cliente, pues como Alejandro dice “cada día viene un cliente distinto, clientes fijos ya no hay ninguno, pues la necesidad de estos trabajos cada día es menor, cliente fijos se tienen pocos, la gente acude preguntando precios y cosas de esas, los que le han  contado algo de mi trabajo suelen venir”. Alejandro termina su jornada contento cuando ve que ese día ha trabajado bien, ha venido gente, y acaba ese día cansado, pero con ganas y fuerzas para abrir la puerta al día siguiente. Terminamos con una frase célebre de Christian N. Bovee, relacionada con la vida:

 “El dolor y el sufrimiento,

como el herrero,

nos forja a golpes.”

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